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Los orígenes y consecuencias políticas de la escisión de 1982-86 en el Comité Internacional de la Cuarta Internacional

Esta conferencia fue pronunciada por David North en la escuela de verano del Partido Socialista por la Igualdad (EUA) el 21 de julio de 2019. North es el presidente nacional del PSI y el presidente del Consejo Editorial Internacional del World Socialist Web Site.

Las conferencias de esta semana se concentrarán en la historia del Comité Internacional de la Cuarta Internacional entre 1982 y 1995, es decir, desde la formulación inicial de una crítica detallada de las revisiones hechas por parte del Workers Revolutionary Party británico (WRP, Partido Revolucionario de los Trabajadores) de los cimientos teóricos y el programa político del movimiento trotskista, hasta la decisión de transformar las ligas del Comité Internacional en partidos. En el pasado, particularmente en la escuela de verano de 2015, hemos repasado los eventos que llevaron a la escisión con el WRP. En meses recientes, los miembros del partido han estado estudiando los documentos producidos por la Workers League estadounidense (WL, Liga Obrera) entre 1982 y 1985.

El principal foco de esta escuela será el desarrollo del Comité Internacional después de la ruptura final con el WRP en febrero de 1986. Las conferencias se basarán en una amplia gama de documentos, que hacen posible el estudio de las discusiones dentro del Comité Internacional y de sus secciones sobre cuestiones críticas de estrategia, programa, perspectivas y organización.

La compilación de documentos intitulada Cronología política del Comité Internacional de la Cuarta Internacional 1982-1991 incluye nuevos materiales, como transcripciones de las discusiones dentro de los comités dirigentes e intercambios de cartas entre líderes del partido. Esto se ha puesto por primera vez a disposición de los miembros del partido. Dichos documentos revelan la profundidad e intensidad de las discusiones dentro del Comité Internacional y la vitalidad de su vida político-intelectual. Constituyen una fuente invalorable de material para un estudio detallado de la historia del Comité Internacional. Permitirán que los miembros del partido examinen el proceso político por medio del cual el Comité Internacional y sus secciones desarrollaron su respuesta a los eventos trascendentales posteriores y anticipados por la escisión de 1985-86 en el Comité Internacional. Estos documentos permiten echar un vistazo a cómo se conducen las discusiones políticas de principios en un partido revolucionario marxista-trotskista.

¿Cuáles consideraciones se tomaron en cuenta al elegir el tema de la escuela y su foco en estos documentos del CICI? Hay muchas señales de que el Comité Internacional ha entrado en un periodo de crecimiento significativo. Ya estamos reclutando a muchos nuevos miembros en nuestro movimiento. Este proceso no solo involucrará el reclutamiento en secciones existentes del CICI, sino también el establecimiento de nuevas secciones por todo el mundo. La velocidad y magnitud exactas de este crecimiento se verán influidas por los acontecimientos objetivos. Sin embargo, no cabe duda de que nuestro trabajo político, a nivel internacional, está entrecruzándose con el curso de la lucha de clases impulsada por el recrudecimiento de la crisis del capitalismo mundial.

Acogemos este crecimiento de nuestro movimiento, el cual hemos luchado por construir durante muchas décadas. Pero todos los procesos son inherentemente contradictorios. Siempre está el peligro —como explicó Trotsky en su crítica de 1923 de El nuevo curso — de que el ingreso de nuevos miembros sin experiencia conlleve una caída en el nivel teórico y político del partido. Este es un problema político natural que siempre acompaña al crecimiento. No se puede esperar que los miembros jóvenes entiendan automáticamente los desafíos y las exigencias del trabajo revolucionario. Podría aparecer una tendencia, derivada de la inexperiencia, hacia responder de forma impresionista y pragmática a los eventos. Es la responsabilidad de los camaradas mayores asistir, con la necesaria paciencia, a los nuevos miembros.

Sin embargo, sería un error asumir que, por sus muchos años de experiencia, los camaradas mayores están bendecidos con la infalibilidad política. La experiencia que viene con la edad es considerablemente valiosa, pero no carece de sus propios aspectos problemáticos y negativos. La edad, nos dicen, trae la sabiduría. Esta proposición debe ser vista con ciertas reservas. Con la edad, además de visitas más frecuentes al doctor, viene una tendencia hacia el conservadurismo y el dogmatismo, la creencia equivocada de que los nuevos problemas no ameritan más que la aplicación directa de las así llamadas, frecuentemente sin la suficiente deliberación, “lecciones del pasado”. Aquello que es dado en llamar “lecciones” debe ser definido con gran precisión, o uno corre el riesgo de disolver la especificidad de la situación existente en una generalización suprahistórica.

El desarrollo político del partido en su conjunto —tanto de de los miembros de edad como de los jóvenes—, la elevación de su nivel teórico para enfrentar la intensificación de los desafíos políticos, requiere la interacción entre una participación intensa en los acontecimientos contemporáneos y la identificación y análisis crítico de los procesos históricos que constituyen el contenido esencial del “presente”. Este es el significado de la declaración de Hegel, la cual cité hace tantos años en mis ensayos de 1982 conmemorando el quinto aniversario de la muerte de Tom Henehan: “De esta manera la cognición avanza dando vueltas de contenido a contenido… eleva toda la masa de su contenido anterior a cada nueva etapa de determinación y, en su progreso dialéctico no solo pierde nada ni deja nada atrás, sino que se lleva consigo todo lo que ha adquirido, enriqueciéndose y concentrándose sobre sí misma”.[1]

Desarrollar y sostener un programa de educación teórica y política es una tarea esencial y desafiante. Hay una gran necesidad de preparar conferencias sobre los “fundamentos” del marxismo, es decir, el materialismo filosófico, la política económica y los orígenes históricos del movimiento socialista. No obstante, sin intención de infravalorar la importancia de las clases sobre estos temas de principios, se debe advertir que este trabajo será de un carácter meramente académico a menos que sea parte de un programa educativo que incluya un estudio intensivo de la Cuarta Internacional. Este tema vasto abarca las experiencias revolucionarias de la clase obrera durante un periodo de casi un siglo.

Es más, este estudio debe estar conformado por un método teórico correcto. Hegel en su Filosofía de la historia ridiculizó las variedades de enfoques pragmáticos de la historia. “El peor tipo de historiador pragmático”, escribió, “es el psicólogo mezquino que busca motivos subjetivos...”. No mejor “es el pragmatista moralizante … que esporádicamente se despierta de sus cansadas divagaciones para pronunciar reflexiones cristianas edificadoras, atacar los eventos e individuos desde el flanco de sus arremetidas morales, y lanzar en un pensamiento edificador, una palabra de exhortación, una doctrina o algo así”. [2] Hegel se estaba refiriendo, por supuesto, a Robert Service.

Hegel fue un idealista objetivo cuya dialéctica presentaba el proceso histórico como la evolución y reconstrucción lógicas en la mente filosófica de la Idea Absoluta. Marx y Engels extrajeron de la presentación mística e idealista de Hegel el proceso materialista real que funciona en la historia. En 1888, Engels reelaboró, sobre una base materialista, la crítica de Hegel de la historia pragmática. La debilidad básica del enfoque pragmático de la historia, explicó Engels, era que “juzga a todos según sus motivos al actuar; divide a los actores históricos entre nobles e innobles, y luego descubre que la norma es que los nobles resultan estafados y los innobles, victoriosos”. [3]

Engels continúa:

Cuando se trata de investigar las fuerzas que —sea consciente o inconscientemente, en verdad muchas veces inconscientemente— impulsan los motivos de los actores históricos y que constituyen, en última instancia, las verdaderas fuerzas de la historia, entonces no es tanto una cuestión de los motivos de uno u otro individuo, por más eminente que sea, como de los motivos que ponen en marcha a grandes masas, pueblos enteros, y asimismo a clases enteras de personas en cada pueblo, e incluso, no momentáneamente, produciendo pasajeramente un incendio expansivo que se apaga pronto, pero que a largo plazo resulta en una gran transformación histórica. [4]

Este es el enfoque que guía necesariamente nuestro estudio de la historia del movimiento trotskista. No nos concentramos en los “motivos” que se asume que tenían los protagonistas en distintos momentos de esa historia, sino en los proceso históricos y sociales objetivos que se expresaron conscientemente en las luchas políticas de la Cuarta Internacional.

Si tomamos como punto de partida la fundación de la Oposición de Izquierda en 1923, la historia del movimiento trotskista ocupa casi todo un siglo. El tema de esa historia es la lucha consciente de la vanguardia marxista de la clase obrera internacional por defender y desarrollar el programa y la estrategia de la revolución socialista mundial tras la Revolución de octubre de 1917. El “contenido que agita” en la historia son los eventos monumentales del siglo veinte —las guerras, revoluciones y contrarrevoluciones— que han involucrado a miles de millones de personas en luchas y que se han cobrado cientos de millones de vidas. Tales eventos trascendentales no se pueden explicar adecuadamente solo en términos de los motivos de individuos, por más importante que haya sido su papel en distintos momentos de la historia del movimiento trotskista. Siempre se debe buscar descubrir las condiciones objetivas, las fuerzas sociales y los intereses de clases —que en muchos casos no son reconocidos adecuadamente por los actores mismos en el proceso político— que se manifestaron en las acciones de los partidos e individuos. Aquellos que se imaginan que están doblegando el curso de la historia a su voluntad subjetiva son sin excepciones los instrumentos de las fuerzas sociales y los procesos políticos más reaccionarios. El revolucionario marxista entiende que la historia se puede “dominar” solo en la medida en que hayan sido comprendidas sus leyes dialécticas y en la mayor medida en que se pueda actuar sobre ellas. Con su genialidad habitual, Trotsky describió la relación entre el análisis marxista y la determinación revolucionaria subjetiva:

Los revolucionarios de nuestra época, que pueden vincularse solo con la clase obrera, poseen sus propias características psicológicas especiales, cualidades de intelecto y voluntad. De ser necesario y posible, los revolucionarios destruyen forzosamente las obstrucciones históricas. De no ser posible, toman un desvío. Si es imposible tomar un desvío, los revolucionarios escarban y repican con paciencia y persistencia. Son revolucionarios porque no tienen miedo a destruir obstáculos o a utilizar una fuerza intransigente. Reconocen el valor histórico de estas cosas. Es su labor constante emplear toda su capacidad de trabajo destructivo y creativo; es decir, extraer el potencial máximo de cada situación histórica para hacer avanzar a la clase revolucionaria.

En sus actividades, los revolucionarios solo se ven limitados por obstáculos externos, no internos. Es decir, se deben entrenar para evaluar su situación, en sus aspectos positivos y negativos, y extraer el balance político correcto. [5]

La relación entre el revolucionario marxista y la historia es dinámica. El movimiento trotskista busca localizar su análisis y actividad actual en el contexto de toda una época revolucionaria. Este enfoque científico disciplinado es incompatible con la política individualista, impresionista y pragmática, es decir, oportunista. La perspectiva del movimiento trotskista no está determinada por las necesidades del día, sino por las demandas de la época histórica.

El partido revolucionario debe ser consciente de los cimientos históricos y las implicaciones futuras de sus decisiones y acciones. Pero este grado de consciencia política exige un conocimiento detallado de la historia de la Cuarta Internacional.

Este es un tema vasto, que abarca más de un siglo entero. Pero es posible identificar cuatro etapas distintas en la historia del movimiento trotskista. El valor de dicha periodización es que nos permite, en primer lugar, localizar más precisamente la posición del Comité Internacional en la trayectoria del desarrollo histórico de la Cuarta Internacional y, en segundo lugar, esclarecer la relación del desarrollo histórico de la Cuarta Internacional con la crisis global del capitalismo y el proceso de la revolución socialista mundial.

La primera etapa en la historia de la Cuarta Internacional está compuesta por 15 años, desde la formación de la Oposición de Izquierda en octubre de 1923 hasta el congreso fundacional de la Cuarta Internacional en septiembre de 1938. Durante estos años trágicos, dominados por la lucha contra la burocracia estalinista y la perspectiva nacionalista del socialismo en un solo país, Trotsky desarrolló las bases teóricas y políticas de lo que sería la Cuarta Internacional en el periodo que siguió a la llegada de los nazis al poder en Alemania. El principio estratégico central que guio la lucha contra el estalinismo y la formación de la Cuarta Internacional fue formulado por Trotsky en su Crítica al Programa de la Internacional Comunista de 1928.

Trotsky escribió:

En nuestra época, la época del imperialismo, es decir, de la economía mundial y la política mundial bajo la hegemonía del capital financiero, ningún partido comunista puede establecer su programa procediendo solo o principalmente desde las condiciones y tendencias de los acontecimientos de su propio país. Esto también rige plenamente para para el partido que controla el poder estatal dentro de las fronteras de la URSS. El 4 de agosto de 1914 supuso la muerte de todos los programas nacionales para el resto de la eternidad. El partido revolucionario del proletariado solo puede basarse sobre un programa internacional que corresponda al carácter de la época actual, la época del máximo desarrollo y del colapso del capitalismo. Un programa internacional comunista no es de ninguna manera la suma de programas nacionales o una amalgama de sus características comunes. El programa internacional debe proceder directamente de un análisis de las condiciones y tendencias de la economía mundial y del sistema político mundial tomado en su conjunto, con todas sus conexiones y contradicciones, eso es, con la interdependencia mutuamente antagonista de sus partes separadas. En esta época, en mayor medida que en el pasado, la orientación nacional del proletariado solo debe y puede derivar de una orientación mundial y no viceversa. Aquí reside la diferencia básica y principal entre el internacionalismo comunista y todas las variedades de socialismo nacional. [6]

La primera etapa fue testigo de una serie de desastres políticos causados ante todo por las traiciones de las burocracias estalinista y socialdemócrata. Este fue el periodo del frentepopulismo —es decir, la subordinación de la clase obrera ante los representantes liberales burgueses del imperialismo y el capital financiero por parte de los partidos estalinistas— así como de los Juicios de Moscú y el terror estalinista que aniquilaron a los cuadros bolcheviques que habían llevado a la clase obrera rusa a la victoria.

Insistiendo en la necesidad histórica de la Cuarta Internacional, Trotsky se opuso a las muchas organizaciones centristas que afirmaban que era prematuro proclamar una nueva internacional. Faltaban “grandes acontecimientos” para fundar una nueva internacional, alegaban. Trotsky respondió que ya habían ocurrido esos “grandes acontecimientos”: las mayores derrotas de la clase obrera en la historia. Solo era posible revertir el patrón de derrotas y garantizar la victoria del socialismo por medio de la construcción de la Cuarta Internacional y la resolución de la crisis de dirección revolucionaria.

La segunda etapa de la historia de la Cuarta Internacional comienza con el congreso fundacional en septiembre de 1938 y acaba en noviembre de 1953 con una gran escisión en la Cuarta Internacional. Este periodo histórico abarca el asesinato de Trotsky, toda la Segunda Guerra Mundial, el establecimiento de los regímenes estalinistas en Europa del este, la reestabilización del capitalismo en Europa occidental y Japón, el comienzo de la Guerra Fría, la victoria de la Revolución china, el inicio de la Guerra de Corea y la muerte de Stalin.

Todos estos acontecimientos tumultuosos se vieron reflejados en el desarrollo político de la Cuarta Internacional. El estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939 inmediatamente abrió divisiones en el Socialist Workers Party estadounidense (SWP, Partido de los Trabajadores Socialistas), ya que una facción minoritaria encabezada por James Burnham, Max Shachtman y Martin Abern —en respuesta a la firma del Pacto de no agresión entre Stalin y Hitler, en agosto de 1939— rechazaron la designación de la Unión Soviética como un Estado obrero degenerado. La lucha dentro del SWP —a la que Trotsky, en los últimos meses de su vida, contribuyó algunos de sus documentos más brillantes y de mayor perspicacia sobre el futuro— culminó en una escisión en abril de 1940.

Esta lucha crítica involucró mucho más que una mera disputa sobre cuáles palabras usar para definir la naturaleza de clase del Estado soviético. En el mismo meollo de la disputa había cuestiones fundamentales de perspectiva histórica y política: ¿Era esta la época de la revolución socialista? ¿Había agotado la clase obrera su papel históricamente progresista y había demostrado ser incapaz de crear una sociedad socialista? ¿Era la burocracia soviética una casta parasitaria que surgió a raíz de una serie de circunstancias excepcionales —el atraso y el aislamiento de la Unión Soviética, las derrotas internacionales de la clase obrera— o era una nueva clase que gobernaba una forma de explotación postcapitalista no prevista por el marxismo?

A pocas semanas de la escisión de 1940, Burnham, actuando en base a la lógica de sus concepciones teóricas y políticas, repudió el socialismo y se desplazó rápido hacia la órbita del imperialismo estadounidense. La ruptura de Shachtman con el socialismo siguió una ruta un poco más tortuosa. Después de rechazar la defensa incondicional de la Unión Soviética, incluso cuando se enfrentaba a la invasión de los ejércitos nazis, Shachtman procedió a proclamar el principio de la defensa incondicional de la democracia burguesa, aun cuando esa defensa involucraba colaborar directamente con las agencias políticas, militares y de inteligencia del imperialismo estadounidense.

Durante la guerra, apareció otra tendencia revisionista, el grupo de las “Tres tesis”. Planteando un punto de vista que corría paralelo al de Shachtman, el grupo de las Tres tesis argumentaba que el Tercer Reich marcaba el inicio de un periodo de retroceso histórico universal que había borrado el socialismo como posibilidad política. La humanidad, afirmaba, había sido lanzada un siglo hacia atrás y tenía que repetir sus pasos. El desafío político de la época era el restablecimiento de la democracia burguesa y de la independencia nacional.

Burnham, Shachtman y los retrocesistas reflejaron un cambio en los humores políticos de secciones de la intelectualidad de izquierda de la clase media, que estaban en el proceso de separarse de la clase obrera y de la perspectiva de la revolución socialista. Otra manifestación de este proceso surgió en la forma de una tendencia revisionista dentro de la Cuarta Internacional. Sus líderes, Michel Pablo y Ernest Mandel, respondieron a las victorias militares soviéticas y al establecimiento de los regímenes estalinistas en Europa del este atribuyéndoles a las burocracias estalinistas un papel revolucionario. Los “Estados obreros deformados” en Europa del este, argumentaban, anticiparon la forma política por medio de la cual se lograría el socialismo en un proceso de varios siglos. La Cuarta Internacional no tenía un papel independiente, ni hablar de un papel históricamente significativo, que desempeñar en este proceso.

Para principios de los años cincuenta, la tendencia pablista estaba intentando obligar a las secciones de la Cuarta Internacional a liquidar sus organizaciones, no solo disolviéndolas en los partidos estalinistas, sino también en las organizaciones de los socialdemócratas y los burgueses nacionalistas. Para 1953, la Cuarta Internacional ya no era una organización políticamente homogénea. A fin de impedir la liquidación de la Cuarta Internacional, la facción de trotskistas ortodoxos encabezada por James P. Cannon publicó la “Carta abierta” de noviembre de 1953, proclamando una escisión dentro de la Cuarta Internacional y la formación del Comité Internacional. Esta división puso fin a la segunda etapa en la historia de la Cuarta Internacional.

La tercera etapa comenzó con la publicación de la “Carta abierta” y concluyó con la suspensión del Workers Revolutionary Party británico (WRP, Partido Revolucionario de los Trabajadores) del Comité Internacional en diciembre de 1985 y la ruptura final con los nacional-oportunistas británicos en febrero de 1986. Este periodo abarca casi todo el boom posterior a la Segunda Guerra Mundial. Incluye acontecimientos como el discurso secreto de Khrushchev, la Revolución húngara, el estallido de una ola masiva de luchas anticoloniales (como Vietnam, Egipto, Argelia, el Congo), el establecimiento del régimen de Castro en Cuba, la intervención estadounidense en Vietnam y el ulterior movimiento masivo y mundial de protestas estudiantiles, la masacre contrarrevolucionaria en Indonesia de 1965-66, la Revolución cultural en China, la Huelga General francesa de mayo-junio de 1968, el colapso del sistema de Bretton Woods en agosto de 1971, la victoria de los mineros británicos contra el Gobierno conservador en marzo de 1974, la Revolución portuguesa en abril de 1974, el colapso de la Junta Griega en 1974, la renuncia de Nixon en agosto de 1974, la derrota de Estados Unidos en Vietnam en mayo de 1975, la Revolución iraní de 1978-79, la llegada al poder de Thatcher y Reagan en 1979 y 1980 y el inicio posterior de un proceso de reacción social y política.

A lo largo de este periodo explosivo, durante el cual los poderosos movimientos de masas de la clase obrera plantearon objetivamente la posibilidad de una revolución socialista, el Comité Internacional no solo se enfrentaba a la presión implacable de los partidos estalinistas y socialdemócratas, los sindicatos y las organizaciones relacionadas. Las organizaciones pablistas, aliadas con dichas burocracias, así como el estrato más amplio de radicales pequeñoburgueses e intelectuales antitrotskistas, buscaron perturbar y aislar al Comité Internacional, combinando falsificaciones incesantes de la teoría marxista y los principios de la Cuarta Internacional con una serie interminable de provocaciones políticas y organizativas.

Cada una de las primeras dos etapas se extiende a lo largo de 15 años. La tercera etapa, que concluyó con la escisión de 1986, duró 33 años. La cuarta etapa, que comienza en 1986 y continúa hasta el presente también se extendió a lo largo de 33 años. La ruptura de 1985-86 ocurrió en la mitad exacta de la historia de 66 años del Comité Internacional. Es un ejercicio instructivo contrastar la tercera etapa con la cuarta.

De 1953 a 1986, los oportunistas pablistas ejercieron una presión inmensa sobre la Cuarta Internacional, tanto desde adentro como desde afuera de las secciones del CICI. Fueron una fuente inacabable de desorientación y provocaciones políticas. En términos sociales, las organizaciones pablistas fueron el medio por el cual el imperialismo y sus agencias burocráticas estalinista y socialdemócrata movilizaron políticamente a secciones de la pequeña burguesía radical y antimarxista para que perjudicaran y aislaran al Comité Internacional. Lo que es más, las organizaciones pablistas desempeñaron un papel político significativo en contener y desviar el resurgimiento de la clase obrera entre 1968 y 1975, intensificando así la presión política sobre el Comité Internacional.

Las secciones británica y francesa del CI habían desempeñado un papel crítico en la oposición a Pablo y Mandel en 1953. Entre 1961 y 1963, la Socialist Labour League británica (SLL, Liga Obrera Socialista), apoyada por los franceses, lideró la lucha contra la reunificación cínica del SWP estadounidense con los pablistas. No obstante, para finales de los años sesenta, pese a avances organizativos engañosamente impresionantes en el Reino Unido y en Francia, la SLL y la Organisation Communiste Internationaliste (OCI, Organización Comunista Internacionalista) comenzaron a adaptar sus perspectivas y actividad a su entorno político nacional prevaleciente, el cual estaba dominado por las burocracias estalinista y socialdemócrata. La escisión entre estas organizaciones en 1971 sucedió bajo condiciones en que las diferencias políticas entre la OCI y la SLL no fueron esclarecidas. La transformación de la SLL en el WRP —implementada completamente sobre la base de consideraciones tácticas arraigadas a nivel nacional— aceleró la degeneración oportunista de la sección británica.

El foco cada vez más nacionalista de la organización británica produjo un cada vez más aparente desvío del programa y principios del trotskismo. Esto fue particularmente visible en su abandono de la teoría de la revolución permanente y su orientación hacia la burguesía nacional de los países menos desarrollados.

Este rumbo derechista y esencialmente pablista generó oposición dentro de la Revolutionary Communist League (RCL, Liga Comunista Revolucionaria), la sección del CICI en Sri Lanka, y en la Workers League (Liga Obrera) de los Estados Unidos. Los orígenes de ambas secciones se remontaban a la oposición del CICI a la reunificación pablista de 1963, un factor crítico en el desarrollo posterior de ambas secciones. Ya desde 1971, el camarada Keerthi Balasuriya y el resto de la dirección del RCL expresaron sus diferencias con el apoyo de la SLL británica a la invasión india de Pakistán oriental, ordenada por el gobierno burgués de Indira Gandhi. Pero su crítica de principios fue suprimida por la organización británica sin ser discutida dentro del Comité Internacional. La SLL buscó vengarse por la crítica de la RCL, aislando deliberadamente a la organización srilanquesa y sometiendo a sus líderes a provocaciones perjudiciales.

El desarrollo de la oposición dentro de la Workers League fue un proceso algo más prolongado y complicado. La destitución de Wohlforth como secretario nacional en 1974 (que luego se reincorporó al SWP) hizo posible la educación sistemática de todos los cuadros en base a la historia del movimiento trotskista. El inicio de la investigación sobre las circunstancias en torno al asesinato de León Trotsky —llamada Seguridad y la Cuarta Internacional— fue crítico para el desarrollo político de la Workers League. También representó, en términos muy reales y objetivos, una ofensiva política del movimiento trotskista contra las agencias contrarrevolucionarias tanto del Estado capitalista como de las burocracias estalinistas.

El desarrollo sustancial de la Workers League después de 1974 la preparó para la lucha política que se iniciaría en 1982, cuando presentó por primera vez sus diferencias con el WRP. Durante la primera etapa de esta lucha, la Workers Legue parecía estar completamente aislada. Pero, en poco menos de tres años, la oposición trotskista a la política pablista del WRP obtuvo una mayoría decisiva en el Comité Internacional. La transformación en el Comité Internacional entre agosto de 1985 y febrero de 1986 es comparable con una revolución política.

Cabe notar que, en el disque “Décimo Congreso del Comité Internacional” en enero de 1985, los líderes del Workers Revolutionary Party prohibieron cualquier discusión de las diferencias planteadas por la Workers League en los tres años previos. El documento de perspectivas preparado por el WRP para la discusión en el Congreso consistió en declaraciones inconexas y pomposas que fueron luego apodadas apropiadamente por el Comité Internacional, en el documento Cómo el WRP traicionó al trotskismo, “Las diez estupideces de C. Slaughter”.

Healy, Banda y Slaughter buscaron enmascarar su quiebra política escenificando una provocación política tras otra contra las secciones del Comité Internacional. Pero, para fines de 1985, los trotskistas ortodoxos —que defendían la teoría de la Revolución Permanente— habían recuperado finalmente el control del Comité Internacional y suspendido la membresía del WRP.

Al estudiar la historia del conflicto de 1982-86, es esencial reconocer la compleja interacción de la lucha dentro del partido y el contexto histórico, político, intelectual y social más amplio en el que se desarrolló la escisión, la cual fue una expresión política altamente consciente de dicho contexto.

No es posible entender realmente los eventos de 1982-86 si se separan de su contexto. Hasta los elementos más abstractos de las diferencias que afloraron entre la Workers League y el WRP—aquellos relacionados con el método filosófico y dialéctico— estaban vinculados a los acontecimientos que ocurrían fuera del CICI. Por más esotérica y enredada que pareciera la “práctica de la cognición” neohegeliana de Healy, su alejamiento del materialismo filosófico y su adopción de una metodología sumamente subjetiva y voluntarista reflejaba en muchos aspectos críticos los elementos de las teorías antimarxistas que predominaban entre los intelectuales pequeñoburgueses después de 1968.

Para elaborar la crítica de las alteraciones del marxismo hechas por Healy en 1982, fue necesario reconstruir el proceso teórico-intelectual de la ruptura de Marx y Engels entre 1843 y 1847 con el hegelianismo de izquierda y su elaboración de la concepción materialista de la historia. La afirmación de Healy de que la historia de la humanidad debe entenderse como “el crecimiento del elemento creativo, la iniciativa del hombre, tanto de los empleadores como de la clase obrera”, [7] sin mencionar un sinfín de otros ejemplos que revivían y magnificaban de una manera verdaderamente grotesca el idealismo subjetivo de los hegelianos de izquierda, servía fines políticos muy definidos: el abandono del programa político basado en el establecimiento de la independencia política de la clase obrera. Para 1983, Cliff Slaughter estaba atacando a la Workers League por dar un “énfasis demasiado pesado” a esta independencia política. No es difícil dar incontables ejemplos de teóricos pequeñoburgueses y antimarxistas que estaban escribiendo en el mismo periodo ataques contra el materialismo marxista y su insistencia en el papel revolucionario de la clase obrera.

Para dar un ejemplo bien conocido, Hegemonía y estrategia socialista de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, publicado en 1985 por Verso, la editorial pablista, estaba completamente dedicada a complementar la crítica hecha por Cliff Slaughter en 1983 contra el “énfasis demasiado pesado” en la clase obrera” por parte de la Workers League. Señalaban: “Lo que está actualmente en crisis es toda una concepción del socialismo fundada en la centralidad ontológica de la clase obrera…”. Estoy seguro de que Laclau y Mouffe no sabían nada sobre la carta de 1983 de Slaughter, ni tampoco es probable que Slaughter haya estado conversando con ellos sobre mis críticas al WRP. No obstante, Slaughter, Laclau y Mouffe estaban todos articulando concepciones intelectuales y políticas que predominaban en sectores amplios de los teóricos pequeñoburgueses antimarxistas.

La oposición de la Workers League no surgió automáticamente de la crisis en marcha del estalinismo, la socialdemocracia, el nacionalismo burgués, ni de la reconfiguración global del capitalismo mundial. Ciertamente, esto creó una nueva relación de fuerzas sociales y un ambiente más favorable para los trotskistas ortodoxos y contribuyó a la victoria contra los oportunistas y renegados antitrotskistas.

No obstante, la derrota del WRP y la expulsión de los oportunistas de las filas del Comité Internacional no fueron un proceso prediseñado ni automático. Fue una lucha avanzada consciente y deliberadamente. Pero la iniciación del conflicto y la forma que asumió su desarrollo también estuvieron determinadas por factores históricos que influyeron inmensamente en la consciencia política de la dirección y los cuadros de la Workers League.

Claramente, en la crítica de los Estudios sobre el materialismo dialéctico de Healy, nos basamos muy conscientemente en todo el capital teórico del movimiento marxista, remontando hasta sus orígenes.

Es más, éramos conscientes del legado intelectual y político imponente de León Trotsky, cuyo trabajo preservó y desarrolló los principios e ideales de la Revolución de octubre de 1917. Las bases históricas e internacionales del Partido Socialista por la Igualdad, adoptado en el congreso de fundación del PSI en 2018, presentó un resumen preciso del lugar en de Trotsky en la historia:

Trotsky no solo fue uno de los dos dirigentes principales de la Revolución de octubre, el adversario implacable del estalinismo y fundador de la Cuarta Internacional. Fue el último y mayor representante de las tradiciones políticas, intelectuales, culturales y morales del marxismo clásico que había inspirado el movimiento de las masas revolucionarias trabajadoras durante la última década del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Desarrolló una concepción de la teoría revolucionaria, arraigada filosóficamente en el materialismo, con sus miras hacia afuera a fin de comprender la realidad objetiva, orientada a la educación y movilización política de la clase trabajadora, y preocupada estratégicamente con la lucha revolucionaria contra el capitalismo. [8]

Los escritos de Trotsky, los cuales estudiamos diligentemente, expusieron la naturaleza de la traición estalinista de la Revolución de octubre y desarrollaron la orientación estratégica y las bases programáticas para la revolución socialista en el mundo contemporáneo. También obtuvimos inspiración política y un verdadero conocimiento de las obras pioneras del Socialist Workers Party, bajo la dirección del gran revolucionario estadounidense, James P. Cannon.

Ni la formación del Comité Estadounidense de la Cuarta Internacional ni la posterior fundación de la Workers League en 1966 pudieron haber sido posibles sin la lucha librada por la SLL a principios de los años sesenta contra la reunificación carente de principios del SWP, orquestada por Joseph Hansen, con el Secretariado Internacional pablista. Aquellos que se unieron a la Workers League a principios de los años sesenta estudiaron —y lo digo en serio, estudiaron— los principales documentos publicados en los primeros cuatro volúmenes de la serie Trotskismo contra revisionismo. Este es el elemento crítico de la historia de la sección británica de la cual la Workers League nunca se disoció.

Cabe resaltar que, desde su fundación, la Workers League mantuvo una orientación determinada a la clase obrera. A pesar de todas las dificultades que enfrentaba, la Workers League estaba impregnada de confianza en el papel revolucionario de la clase obrera estadounidense. Las mejores tradiciones del “cannonismo” hallaron su expresión allí.

La historia política y el trabajo político-teórico de la sección de la WL habían sensibilizado a su dirección, imbuida con la historia y los principios del movimiento trotskista, respecto a los procesos económicos objetivos y acontecimientos políticos. Esto generó insatisfacción y desacuerdos políticos con el rumbo perseguido por el WRP.

Con el beneficio de la retrospección de los últimos casi 40 años, podemos reconocer que el conflicto iniciado por esta crítica, el cual culminó en la suspensión del WRP por parte del Comité Internacional en diciembre de 1985 y la ruptura completa de relaciones en febrero de 1986, fue un acontecimiento crucial en la historia del movimiento marxista mundial. La supervivencia misma de la Cuarta Internacional estaba en juego. Excepto el Comité Internacional, el movimiento fundado por León Trotsky había sido políticamente liquidado por los pablistas. En todos los países donde los pablistas pudieron establecer su control organizativo, destruyeron las organizaciones trotskistas, convirtiéndolas en apéndices políticos de las organizaciones estalinistas, socialdemócratas o nacionalistas burguesas. Para 1985, el WRP ya había capitulado ante el pablismo y se encontraba cerca de completar la misma demolición. Luego descubriríamos que Healy había prometido en conversaciones secretas poner a disposición de varios regímenes nacionalistas burgueses de Oriente Próximo y burócratas sindicales británicos todos los recursos del WRP.

Por supuesto, se habrían realizado esfuerzos para sostener y reconstruir el movimiento trotskista. Estoy seguro de que en todas las secciones del Comité Internacional hubiera habido camaradas dedicados a defender el trotskismo y reconstruir la Cuarta Internacional. Sin embargo, sus esfuerzos se hubieran visto afectados por la desorientación desatada por el colapso del WRP sin un análisis muy desarrollado de las causas subyacentes de la crisis en 1985. De hecho, fue la existencia de una crítica escrita y detallada, la cual fue elaborada por la dirección de la Workers League entre 1982 y 1984, de la charlatanería teórica de Gerry Healy y de la capitulación del WRP ante el revisionismo pablista, lo que pudo refutar la mentira cínica de Cliff Slaughter de que la crisis política en el WRP solo era uno de los elementos de una “degeneración por igual” en todo el Comité Internacional. Si el CICI no hubiera sobrevivido la crisis de 1985-86, no existiría hoy un partido revolucionario marxista internacional políticamente unido en el mundo.

No obstante, el Comité Internacional no solo sobrevivió a la crisis. Salió de la escisión como una organización enormemente fortalecida. El significado político de la ruptura de 1985-86 se ve claramente si se comparan el desarrollo del Comité Internacional durante los 33 años previos a la escisión y el desarrollo político después de la ruptura con el WRP. La derrota y expulsión decisivas del oportunismo pablista crearon las condiciones para que el Comité Internacional de la Cuarta Internacional realizara un avance teórico, político y organizativo inmenso. La expulsión de los nacional-oportunistas posibilitó emprender un trabajo de esclarecimiento teórico y político que no significó menos que un renacimiento del trotskismo.

Entre 1982 y 1986, los trotskistas ortodoxos defendieron la herencia y el programa políticos de la Cuarta Internacional. El significado histórico esencial de la defensa de los principios trotskistas fue revelado por los eventos mundiales en el periodo posterior a la ruptura. Por supuesto, ahora sabemos que la escisión de 1985-86 anticipó cambios globales e inmensos de carácter político, geopolítico y socioeconómico.

A medida que rechazaba el trotskismo, el WRP buscó nuevos aliados entre los nacionalistas burgueses, los reformistas socialdemócratas y los partidos estalinistas. Despreciaba a las secciones más pequeñas del Comité Internacional. ¿Para qué se necesitaban los “grupos trotskistas” (una frase utilizada por Healy con cada vez más frecuencia en los años posteriores a la escisión)? Los renegados jamás podrían haberse imaginado que a cinco años de la ruptura de 1986 los regímenes estalinistas de Europa del este y de la Unión Soviética se disolverían, y que las organizaciones estalinistas masivas serían rotas en pedazos, confirmando la profecía elaborada por Trotsky al fundar la Cuarta Internacional en 1938, de que “Los grandes acontecimientos que sobrevendrán a la humanidad no dejarán piedra sobre piedra de estas organizaciones caducas”.

Healy, reducido a despojos patéticos, murió en diciembre de 1989 creyendo todavía que su héroe, Mijaíl Gorbachov, estaba encabezando una revolución política. En medio de los eventos tumultuosos tras la escisión, el Comité Internacional no solo tenía que reparar todo el daño creado por los renegados. Tenía además que llevar a cabo una renovación política y teórica de gran alcance de la Cuarta Internacional. No era posible enfrentar este desafío limitándonos a la repetición de fórmulas y consignas políticas familiares. Era necesario analizar los eventos sin precedentes aplicando de manera creativa y con imaginación el método marxista, refractado a través del prisma de la experiencia histórica, al no haber ninguna respuesta prediseñada.

El alcance del trabajo teórico del Comité Internacional se ve reflejado en un repaso de los plenos del IC durante los seis años posteriores a la ruptura:

El Primer Pleno del CICI (18 de mayo-9 de junio, 1986) se dedicó a un análisis de la traición del WRP. Estableció que el colapso del WRP fue el producto del oportunismo. Durante este pleno, que se extendió durante dos semanas, el camarada Keerthi y yo redactamos juntos Cómo el WRP traicionó el trotskismo: 1973-1985.

El Segundo Pleno del CICI (29 de septiembre-12 de octubre, 1986) examinó el impacto del oportunismo del WRP en todo el Comité Internacional y desarrolló una crítica del “oportunismo táctico” que había distorsionado el desarrollo de las perspectivas en las distintas secciones del CI. También preparamos una resolución sobre el International Communist Party (ICP, Partido Comunista Internacional) del Reino Unido y comenzamos la elaboración de una perspectiva para la RCL en Sri Lanka.

El Tercer Pleno del CICI (10 al 23 de marzo, 1987) produjo un análisis de las relaciones entre el WRP y el Movimiento al Socialismo (MAS) de Argentina, además de la declaración “Qué ocurre en la URSS”, escrita por Bill Van Auken y Nick Beams, que analiza la perestroika y la glásnost. El estudio de la historia del MAS fue importante, no solo por la importancia intrínseca de los acontecimientos de Argentina, sino también porque, después de su ruptura con el Comité Internacional, Slaughter y sus simpatizantes argumentaron que había que crear nuevos cimientos para la Cuarta Internacional por medio de una alianza con la organización del notorio oportunista argentino Nahuel Moreno.

El Cuarto Pleno del CICI (20 al 27 de julio, 1987) dio inicio a una discusión sobre la elaboración de un documento de perspectivas internacionales. Los delegados acordaron que el CICI debía analizar, en oposición al rechazo universal del marxismo e incluso de los principios más elementales de la lucha de clases, las fuerzas motrices objetivas que sentarían las bases económicas y geopolíticas globales de una nueva ola de luchas revolucionarias de la clase obrera internacional.

El Quinto Pleno del CICI (11 al 20 de noviembre, 1987) trascendió en condiciones que verificaban la puntualidad del trabajo sobre perspectivas. El colapso de los mercados internacionales había ocurrido el 19 de octubre de 1987. La base teórica de nuestro análisis de este evento ya había sido elaborada en el trabajo realizado después del Cuarto Pleno sobre la globalización de la producción y el recrudecimiento del conflicto entre el mercado mundial y el sistema de los Estados-nación. El pleno también elaboró un análisis más profundo sobre las tareas de la Revolutionary Communist League, que resultó en una declaración sobre los Estados Unidos Socialistas de Sri Lanka y el Eelam tamil.

El Sexto Pleno del CICI (9 al 13 de febrero, 1988) se realizó a pocas semanas de la muerte repentina y prematura del camarada Keerthi Balasuriya, a la edad de 39, el 18 de diciembre de 1987. El pleno se concentró en la relación entre la estrategia internacional y las tácticas nacionales en el trabajo de las secciones del CICI.

El Sétimo Pleno del CICI (23 al 26 de julio, 1988) estudió y adoptó de forma unánime la resolución de perspectivas internacionales.

El Octavo Pleno del CICI (15 al 24 de junio, 1989) repasó el desarrolló del Comité Internacional desde la escisión de 1985-86, discutió la intensificación de la crisis del régimen de Gorbachov y decidió que yo viajara a la Unión Soviética.

El Noveno Pleno del CICI (11 al 16 de diciembre, 1989) repasó los acontecimientos de Europa del este y especialmente los de la Deutsche Demokratische Republik (DDR, República Democrática Alemana). Informé sobre mi viaje a la Unión Soviética en noviembre, durante el cual había dado una conferencia en el Instituto Histórico Archivístico de Moscú, al que asistieron cerca de 200 personas.

El Décimo Pleno del CICI (6 al 9 de marzo, 1990) se concentró en discutir la importancia política e histórica de la disolución de la DDR.

El Undécimo Pleno del CICI (5 al 9 de marzo, 1991) hizo una discusión extensa sobre la invasión estadounidense de Irak. El CICI decidió celebrar su Conferencia internacional contra el imperialismo y la guerra más tarde ese año. Después del pleno, el CICI publicó un Manifiesto que explicaba el significado de la Guerra del golfo Pérsico y brindaba las bases programáticas para la conferencia internacional, la cual tuvo lugar en noviembre.

El Duodécimo Pleno del CICI (11 al 14 de marzo, 1992) examinó la disolución de la URSS en el contexto de la historia del movimiento socialista internacional. El pleno comenzó con mi informe, “La lucha por el marxismo y las tareas de la Cuarta Internacional”.

Como debería quedar claro de esta revisión de los doce plenos en los seis años tras la escisión, el alcance del trabajo del CICI fue enorme. Cabe notar que el breve resumen de cada pleno no aborda el rango total de los acontecimientos y las experiencias políticas que fueron repasados en estas reuniones políticamente intensas. Por ejemplo, en muchas de las reuniones, hubo discusiones extensas sobre los acontecimientos de Sri Lanka, los cuales eran cruciales para elaborar la estrategia de la revolución permanente y reevaluar la actitud de la Cuarta Internacional a la demanda de la autodeterminación nacional. Se celebraron cinco plenos más antes del lanzamiento del World Socialist Web Site en 1998. El Quinceavo Pleno en agosto de 1995 discutió las razones en implicaciones de la transformación de las ligas en partidos. El Decimoctavo Pleno en enero de 1998 tomó la decisión final de lanzar el WSWS.

En todo este trabajo, el principio político fundamental que guio nuestros esfuerzos fue el internacionalismo marxista. Insistimos en la primacía de la estrategia mundial por encima de las tácticas nacionales, y en que la respuesta apropiada a los problemas en el ámbito nacional solo puede derivar de un análisis de los procesos globales. Sobre esta base, el Comité Internacional fue capaz de desarrollar un nivel de colaboración internacional que no había existido en toda la historia de la Cuarta Internacional. De hecho, la palabra “colaboración” no describe adecuadamente la naturaleza de la interacción entre las secciones del CICI que se desarrollaron tras la escisión con los renegados nacionalistas del WRP. Como lo declaré en mi informe a los miembros de Detroit de la Workers League el 25 de julio de 1989:

El alcance de esta colaboración internacional, su impacto directo en prácticamente todos los aspectos del trabajo práctico de cada sección, ha alterado profunda y positivamente el carácter del CICI y sus secciones. Estas últimas están dejando de existir, en un sentido político y práctico significativo, como entidades independientes. Sobre las bases de un programa político común, se ha fraguado una red compleja de relaciones dentro del CICI que entrelaza a todas las secciones. Es decir, las secciones del CICI son componentes interconectados e interdependientes de un solo organismo político. Cualquier ruptura de esta relación tendría efectos devastadores en la sección en cuestión. La existencia misma de todas las secciones se ha vuelto dependiente de esta cooperación internacional y colaboración, tanto ideológica como práctica. [9]

Los avances en los ámbitos del programa, la perspectiva y la organización entre 1986 y 1992 sentaron las bases para la transformación ulterior en 1995-97 de las ligas del CICI en partidos y, en 1998, el lanzamiento del World Socialist Web Site.

El progreso del Comité Internacional durante el último tercio de siglo ha demostrado lo que la Cuarta Internacional podía lograr con la expulsión de los oportunistas y el desarrollo del movimiento revolucionario en base a principios marxistas.

En un discurso del 18 de octubre de 1938, Trotsky repasó el trabajo que preparó los cimientos de la nueva internacional:

Los bolchevique-leninistas, los pioneros internacionales, nuestros camaradas de todo el mundo, buscaron el camino de la revolución como marxistas auténticos. No lo hicieron en sus sentimientos y deseos, sino en el análisis de la marcha objetiva de los acontecimientos. Ante todo, nos guiamos por la preocupación de no engañar ni a otros ni a nosotros mismos. Nuestra búsqueda fue seria y honesta. Y descubrimos algunas cosas importantes. Los hechos confirmaron nuestro análisis y nuestro pronóstico. Nadie puede negarlo. Ahora, es necesario mantenernos leales tanto a nuestro programa como a nosotros mismos. No es fácil hacerlo. Las tareas son tremendas, los enemigos — innumerables. Tenemos el derecho de dedicar nuestro tiempo y atención a esta celebración aniversaria en la medida en que las lecciones del pasado nos permitan prepararnos para el futuro. [10]

Cuando Trotsky grabó este discurso, estaba analizando los resultados de 15 años de trabajo y luchas políticas, de 1923 a 1938. Ahora estamos repasando nuestro trabajo a lo largo de un periodo de 33 años, más del doble de largo. Las palabras de Trotsky siguen siendo intensamente relevantes. Nuestras tareas son todavía “tremendas” y nuestros enemigos son “innumerables”. Pero también descubrimos “algunas cosas importantes” en estas más de tres décadas, y no cabe duda de que “los hechos confirmaron nuestro análisis al igual que nuestro pronóstico”.

¿Existe otro partido político en el mundo al que le interesaría —o quizás debería decir, que se atrevería a— comparar los pronósticos y análisis políticos que produjeron entre 1986 y 1992 con los documentos producidos por el Comité Internacional? ¿Cuál académico universitario y especialista de los centros de pensamiento evaluó correctamente la naturaleza de la perestroika y la glásnost de Gorbachov, por no mencionar el predecir la disolución de los regímenes estalinistas entre 1989 y 1991?

En lo que concierne a los pablistas, no entendieron ni previeron anda. Desde 1951, Ernest Mandel, junto con Michel Pablo, insistió en que la burocracia estalinista conduciría a la Unión Soviética y los regímenes satélites en Europa del este hacia el socialismo. Aclamó a Gorbachov, presentándolo como la encarnación de esta perspectiva ilusoria. El biógrafo de Mandel recuerda: “En su libro de 1989 Más allá de perestroika: el futuro de la URSS de Gorbachov, un estudio de la glásnost y la perestroika publicado simultáneamente en Londres y Paris, Mandel esbozó cuatro posibles trayectorias para lo que Gorbachov había desencadenado. No dedicó ni una sola palabra a la posibilidad de la restauración del capitalismo”. [11]

Mientras que Mandel venía un arco iris deslumbrante sobre el Kremlin de Gorbachov, el Comité Internacional previó un acercamiento al abismo. En el reporte pronunciado ante los miembros de Detroit de la Workers League el 25 de junio de 1989, señalé:

Todos nuestros opositores renegados y, de verdad, todos los pablistas tienen esto en común, atacan al Comité Internacional por hablar de la restauración capitalista en la Unión Soviética, Europa del este y China. Insisten en que la burocracia no puede llevar a cabo un cambio en las relaciones de propiedad, argumentando que la burocracia está basada y arraigada en las relaciones de propiedad estatales establecidas en 1917 o en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Esto constituye una falsificación completa de la posición de Trotsky. Trotsky advirtió una y otra vez acerca de que la burocracia, de no ser derrocada por la clase obrera, inevitablemente procedería a restaurar la propiedad capitalista. [12]

Este informe fue dado tan solo tres semanas antes de la masacre de la plaza de Tiananmen en China y poco más de tres meses antes del estallido de la crisis política en Alemania Oriental que conllevaría la rápida disolución de la DDR. Incluso entonces, el análisis del Comité Internacional fue desestimado como la jeremiada de una secta. Pero esta “secta” tenía la ventaja incomparable de haber basado su análisis en el trabajo teórico de León Trotsky.

Al no entender nada sobre la naturaleza de los regímenes estalinistas, y consecuentemente, incapaces de prever su disolución, los teóricos burgueses no fueron menos incompetentes en cuanto a formular sus análisis sobre la trayectoria de la política después de los eventos de 1989-91. Es casi innecesario mencionar la teoría del “fin de la historia” de Fukuyama, que dejó de ser tomada en serio por todos hace años, incluso su autor, quien renunció públicamente a su propia creación. En cuanto al “Siglo veinte corto” del finado Eric Hobsbawm, esta reacción impresionista de la disolución de la Unión Soviética fue desmentida por el hecho obvio de que las múltiples crisis del nuevo siglo se parecen de manera punzante a las del siglo pasado.

Las teorías falsas tienen consecuencias. El triunfo global de la democracia basada en el capitalismo que anticiparon los teóricos liberales no se materializó. Los sueños democráticos de 1991 han dado paso a las pesadillas fascistas del 2019. Casi 75 años después del colapso del Tercer Reich de Hitler, el fascismo es una fuerza política cada vez más grande en todo el mundo. En Estados Unidos, Trump utiliza un lenguaje nunca empleado —al menos no en público— por ningún otro presidente estadounidense. Sus discursos, ni que hablar sus tuits diarios, están adquiriendo un carácter abiertamente fascista.

Europa del este se ve hoy dominada por partidos nacionalistas xenófobos. En Italia, el vicepresidente Matteo Salvini, no esconde su admiración por Benito Mussolini. En la propia Alemania, treinta años después de la reunificación, la vida política está dominada por el resurgimiento fascista. A pesar de la abrumadora hostilidad a la derecha neonazi, está siendo sistemáticamente apoyada y fortalecida por una conspiración que implica a fuerzas poderosas dentro del Estado y la élite política. Alternative für Deutschland (AfD, Alternativa por Alemania) es el brazo político oficial de esta conspiración. El Gobierno de coalición del CDU-CSU-SPD es el facilitador político de la conspiración, que maniobra entre bastidores para convertir a la AfD en el partido político más influyente de Alemania, a pesar del hecho de que solo recibió el 13 por ciento de los votos en las últimas elecciones. La red de terroristas nazis protegidos por la policía y las agencias de inteligencia, mientras llevan a cabo asesinatos políticos —más recientemente el del político del CDU, Walter Luebke—, es la fuerza paramilitar de los fascistas.

La Verfassungsschutz, una rama del Ministerio del Interior, es el brazo judicial de la resurgencia neonazi. Es difícil determinar, exactamente, dónde acaba la Verfassungsschutz y dónde comienzan los terroristas armados. Los asesinos llevan a cabo sus operaciones con la plena confianza de que la Verfassungsschutz les brindará la protección legal necesaria. De cualquier modo, están colaborando en una guerra común para eliminar la oposición al capitalismo y al imperialismo en Alemania.

El 23 de mayo de 2019, la Verfassungsschutz publicó una respuesta de 56 páginas a la apelación del Sozialistische Gleichheitspartei (SGP, Partido Socialista por la Igualdad) sobre su inclusión en la lista de organizaciones subversivas del Ministerio del Interior. Esta semana, habrá un análisis más detallado de la respuesta de la Verfassungsschutz y la respuesta legal y política de nuestro movimiento a este ataque contra su derecho democrático a emprender actividades políticas. El documento de la Verfassungsschutz se basa explícitamente en doctrinas legales totalitarias que fueron introducidas por los nazis después de que llegaran al poder en 1933. Revive la doctrina del Willensstrafrecht, que criminaliza todas las ideas que puedan, en algún momento no especificado en el futuro, provocar hostilidad y oposición política al orden estatal y social existente.

La Verfassungsschutz no disputa que el SGP realiza sus actividades dentro del marco de la ley. Según la Verfassungsschutz, lo criminal no son las acciones abiertas del SGP, sino las ideas del partido. Específicamente, el SGP promueve pensar en conceptos y categorías que contraponen la clase a la nación; persigue hacer consciente a la clase obrera de sus intereses sociales; promueve la hostilidad al capitalismo; denuncia el imperialismo y el militarismo; y rechaza todo compromiso con los principales partidos políticos y los sindicatos.

La respuesta de la Verfassungsschutz se basa en un estudio detallado del programa y las declaraciones publicadas del SGP, especialmente su Declaración de Principios del 23 de mayo de 2010. De ahí, cita lo siguiente: “El objetivo estratégico del Sozialistische Gleichheitspartei y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional es educar y preparar a la clase obrera para la lucha revolucionaria contra el capitalismo, el establecimiento del poder obrero y la construcción de una sociedad socialista” [Ibid., p. 8] La respuesta hace hincapié en que el SGP “se reconoce como un partido trotskista que, según su orientación ideológica, alude en todos sus escritos fundamentales ante todo al revolucionario ruso León Trotsky y profesa su lealtad a sus enseñanzas. Además, el denunciante [SGP] se ampara particularmente en Karl Marx, Friedrich Engels, Vladimir Ilyich Lenin, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht”. [Ibid., p. 9]

La Verfassungsschutz señala:

En base a su pensamiento marxista en términos de clase —el cual, como se ha demostrado, no es compatible con las ideas de la Constitución— y su propagación de la lucha de clases, el denunciante demanda la superación y el derrocamiento del “capitalismo”, y no solo en un sentido relacionado con el sistema económico, sino como la superación del orden liberal democrático básico. De acuerdo con la interpretación comunista, el “capitalismo” es considerado el problema de raíz de todos los otros déficits políticos. Consecuentemente, se oponen fundamentalmente a éste, no solo como sistema económico, sino como orden social. El denunciante busca manifiestamente establecer un Estado y un sistema social socialistas. [Ibid., p. 22]

La suposición subyacente de esta acusación es que el capitalismo y el “orden liberal democrático” son consustanciales y equivalentes. Por supuesto, desde un punto de vista histórico, este argumento se puede hacer —pero es uno que socava las pretensiones democráticas de este “orden”—. Porque si el orden democrático liberal es inseparable del capitalismo, debe dejar de ser “liberal” en cierto momento, en la medida en que el liberalismo sea identificado, por problemático que sea, con la defensa de los derechos democráticos. En el marco de esta definición, cuanto más capitalista sea el orden social, sus posibilidades son tanto menos liberales. Este fue un punto planteado de forma punzante por el celebrado filósofo liberal estadounidense, John Dewey, en su ensayo de 1935 intitulado “La crisis del liberalismo”. El capitalismo y el liberalismo, argumentó, se han vuelto incompatibles, como consecuencia del desarrollo económico de la sociedad moderna. Escribió:

Detrás de la apropiación de los recursos materiales de la sociedad por unos pocos se encuentra la apropiación por unos pocos y para beneficio propio de los recursos culturales, espirituales, los cuales no son el producto de los individuos que se han adueñado de ellos, sino del trabajo cooperativo de la humanidad. Es inútil hablar sobre el fracaso de la democracia a menos que se haya entendido el origen de este fracaso y se hayan dado pasos para el tipo de organización social que promueva la extensión socializada de la inteligencia. [13]

Plagada de hipocresía y engaño, la respuesta de la Verfassungsschutz no se interesa en la teoría democrática. No está inspirada por Dewey, sino por Carl Schmitt y Josef Goebbels. Argumenta explícitamente que las concepciones marxistas no pueden ser legales porque la oposición al capitalismo conduce inexorablemente a oponerse a las formas existentes de organización política y económica. Insiste en que la democracia, el capitalismo y los intereses económicos privados son inseparables. A pesar de que las concepciones marxistas y trotskistas sean diseminadas por medios legales, suscitan el espectro de un vuelco revolucionario. Por ende, esas ideas deben ser proscritas y suprimidas.

Para el orden existente, la oposición del SGP al capitalismo no es menos peligrosa que su denuncia del imperialismo y el militarismo. La Verfassungsschutz cita comentarios del camarada Cristoph Vandreier en una entrevista por radio de 2017 donde explica la lucha del partido contra la guerra:

Lo que se debe hacer para impedir la guerra es [crear] un movimiento internacional socialista. Las propias masas deben intervenir en los acontecimientos políticos. Deben derrocar el capitalismo internacionalmente en base a una perspectiva socialista y la construcción de una sociedad que supere los Estados nación y ponga fin a la división del mundo en Estados nación y la posesión, la propiedad privada de los medios de producción. [Ibid., p. 34]

Cabe notar que la respuesta de la Verfassungsschutz reconoce plenamente que el SGP “rechaza los actos individuales de violencia, también porque involucra el peligro de que el Estado capitalista le saque partido a esto”. [Ibid., p. 40] Sin embargo, el informe subraya que “este rechazo solo se aplica ‘al recurso a la violencia por parte de individuos separados’, pero no a la ‘lucha colectiva de la clase obrera’”.

Tales luchas de masas, insiste la Verfassungsschutz, no pueden ser consideradas ni legales ni compatibles con el “orden democrático liberal” bajo ninguna circunstancia. La clase obrera es privada incluso de su derecho a defenderse de ataques fascistas contra sus derechos democráticos. El informe denuncia la declaración de Trotsky en el Programa de Transición, de que “es necesario difundir que hay que crear grupos obreros de autodefensa”. Esta demanda fue formulada en un momento en que Hitler gobernaba en Alemania, Mussolini en Italia, y en que los trabajadores en huelga en Estados Unidos se enfrentaban regularmente a escuadrones fascistas bien organizados y fuertemente armados, para no mencionar las fuerzas represivas del Estado capitalista.

La Verfassungsschutz denuncia al World Socialist Web Site, cuyos artículos “buscan explícitamente darles a sus lectores una ‘orientación socialista’ en base al ‘análisis marxista’”. [Ibid ., p. 48] Menciona que la editorial del SGP, Mehring Verlag, “publica, entre otras cosas, las traducciones de las obras de Trotsky al alemán, así como las obras de David North”. [Ibid., p. 48]

El SGP y el CICI son el blanco principal e inmediato del ataque de la Verfassungsschutz contra los derechos democráticos. Sus autores no son políticos brutos. Es obvio que estudiaron los documentos de nuestro partido, para no mencionar las obras de Trotsky y los grandes teóricos del socialismo hasta Marx y Engels. La Verfassungsschutz deja en claro que ve al SGP y al CICI como los abanderados del socialismo marxista contemporáneo. Pero sus implicaciones legales y consecuencias van más allá de las ideas de nuestro partido. La introducción del concepto de Willensstrafrecht busca criminalizar toda forma de oposición al capitalismo, el imperialismo, la desigualdad social y la guerra. El documento del Verfassungsschutz expresa en una forma pseudolegal la feroz hostilidad al socialismo —arraigada en el temor al aumento del descontento y la radicalización política de la clase obrera— que está impulsando los esfuerzos para legitimar ideas fascistas. El profesor Jörg Baberowski, a quien el SGP ha hecho mucho por denunciar, no es un tipo de académico excéntrico aislado. Más bien al contrario, es un representante sumamente activo y visible de un fenómeno social bien conocido en los años veinte y treinta, el intelectual fascista.

Un número sustancial de teóricos expresamente fascistas —algunos del pasado (como Carl Schmitt y Julios Evola), pero muchos vivos y activos (como Alain de Benoist, Paul Gottfried y Alexander Dugin)— están volviéndose cada vez más prominentes, según sus ideas se ven reflejadas en las políticas gubernamentales. La mayoría de estos ideólogos fascistas no son bien conocidos, pero esto no reduce su significado político.

La élite gobernante y sus representantes reconocen que podría ser poco sabio dar atención a la inspiración fascista detrás de sus políticas reaccionarias y su agitación política. Como advirtió el editor de un volumen recientemente publicado titulado Key Thinkers of the Radical Right [Pensadores clave de la derecha radical]:

Casi ninguno de los votantes del Amanecer Dorado [griego] o de Jobbik [húngaro] habrá oído hablar de Evola e incluso menos compartirían sus opiniones sobre los géneros, las guerras o el paganismo, pero el pensamiento de Evola todavía es importante de manera indirecta en la política griega y húngara, así como lo es sin duda en otros países cuyos políticos son más cuidadosos sobre lo que ponen en sus sitios web y sobre a cuáles autores y editores les escriben prefacios. En Estados Unidos, por ejemplo, el antiguo “estratega en jefe” del presidente Trump, Steve Bannon, solo se ha referido a Evola y Dugan de manera indirecta, y solo ha mencionado una vez su gusto por Guénon, el esoterista francés, quien inspiró a Evola y Dugin. Estos pensadores clave de la Derecha radical, entonces, son importantes en todo lugar donde la derecha esté resurgiendo, tanto en Estados Unidos como en Francia, Frecia, Rusia y Hungría. [14]

El resurgimiento ideológico y político del fascismo expone la bancarrota de las narrativas que proclamaban el “triunfo del capitalismo” y la “muerte del marxismo” que se desarrollaron inmediatamente después de la disolución de los regímenes estalinistas y la restauración del capitalismo. Estos discursos fueron construidos en gran medida como propaganda política, incluyendo los necesarios lemas publicitarios. El análisis fue mínimo. Pero, prácticamente todas las respuestas —desde los aplausos a la disolución de los regímenes estalinistas hasta la desmoralización— asumieron que los levantamientos en Europa del este y la ex-URSS no estaban relacionados con una crisis más amplia del orden global, la cual conllevaba consecuencias de gran alcance pero que aún no eran reconocidas para Estados Unidos y todas las otras principales potencias imperialistas.

El análisis desarrollado por el Comité Internacional, incluso mientras los acontecimientos estaban produciéndose, demostró un nivel francamente único de una visión del futuro informada por la historia. En el Décimo Plenario del Comité Internacional, en mayo de 1990, hubo una discusión prolongada sobre el significado de la disolución de los regímenes estalinistas en Europa del este. En el curso de esta larga discusión que comenzó el 6 de mayo de 1990, declaré:

Ciertamente, los acontecimientos de Alemania Oriental y las experiencias que ha tenido el BSA [Bund Sozialistische Arbeiter, Liga Obrera Socialista] en Alemania Oriental son muy importantes y deben ser discutidos y analizados. Pero, en este momento de la discusión, es necesario abordar estos eventos dentro del marco de nuestro análisis internacional y llegar a ciertas conclusiones sobre nuestro entendimiento de la situación mundial.

No creo que podamos desarrollar una perspectiva en Europa del este solo en base a la afirmación de que la marcha hacia reimponer el capitalismo va a toparse con resistencia de la clase obrera. Si bien es indudablemente cierto, hay cuestiones más fundamentales involucradas. En el corazón de nuestro análisis ha estado la insistencia de que lo que estamos presenciando en la actualidad es el colapso de todas las relaciones establecidas por el imperialismo con la ayuda del estalinismo a fines de la Segunda Guerra Mundial.

Es posible dar dos interpretaciones a los acontecimientos de Europa del este. Se puede afirmar que representan un triunfo histórico del capitalismo sobre el socialismo; la clase obrera ha sufrido una derrota histórica masiva; la perspectiva del socialismo ha quedado esencialmente arruinada; y nos encontramos en el umbral de un nuevo periodo de desarrollo capitalista. O —y esta es por supuesto la postura del Comité Internacional que lo diferencia de todas las otras tendencias— que el colapso del orden imperialista da paso a un periodo de desequilibrio profundo que será resuelto en luchas políticas y sociales masivas; que hoy predomina un nivel de inestabilidad sin precedente desde los años treinta. Por supuesto, nuestro análisis no puede basarse en el resultado de la primera etapa de los acontecimientos de Europa del este. De lo contrario, nos dejaría una conclusión muy pesimista.

La discusión continuó el 7 de mayo. Mientras que reconocíamos el derrumbe del antiguo orden posterior a la Segunda Guerra Mundial, ¿previmos el rápido establecimiento de un nuevo equilibrio global que posibilitaría un prolongado y pacífico desarrollo del capitalismo mundial? Intenté responder a esta pregunta de la siguiente manera:

Esta pregunta tiene dos caras que debemos considerar para llegar a una respuesta: en primer lugar, la relación entre las potencias imperialistas y, en segundo lugar, la relación entre las clases, pero no solo a nivel nacional, sino global. La pregunta es: ¿son capaces los imperialistas de fraguar un nuevo y estable equilibrio de forma pacífica?...

Esta es la pregunta decisiva: ¿se espera que los imperialistas puedan alcanzar pacífica y armoniosamente un nuevo balance mundial de poder, un nuevo equilibrio internacional? ¿Estarán dispuestos a sacrificar intereses nacionales en pro de la armonía internacional? Responder que sí asume (1) que la burguesía se comportará fundamentalmente diferente que en el pasado y (2) que las contradicciones que existen entre los imperialistas hoy en día son de menor magnitud que las que existían en 1914 y 1939.

Aunque concediéramos que es teóricamente posible que la burguesía, contrariamente a la experiencia histórica pasada, perseguiría un curso tan “iluminado”, es decir, aunque asumiéramos que están dispuestos a llegar a acuerdos perjudiciales en aspectos sumamente fundamentales para sus intereses como un poder nacional burgués, persiste el hecho de que las concesiones de cualquier burguesía en la palestra internacional deben compensarse dentro de las fronteras. Lo que la burguesía nacional conceda a sus rivales imperialistas será compensado con una mayor presión a la clase obrera respectiva.

Y así llegamos a la segunda cuestión, eso es, el estado de las relaciones internacionales de clases. ¿Se llegará a tal equilibrio nuevo —asumiendo que dicho equilibrio pueda alcanzarse de forma pacífica— sin generar luchas de clases de dimensiones revolucionarias? A pesar de las traiciones a manos de sus dirigentes, la clase obrera representa hoy una fuerza social mucho más masiva que al principio del siglo. No se puede dar vuelta atrás al reloj de la historia. [15]

Este análisis se ha visto verificado. Pero ahora nos encontramos en una etapa muy avanzada de la crisis que el CICI identificó tan claramente hace casi tres décadas. En ese momento, predijimos que esta crisis desataría un nuevo auge de luchas revolucionarias. Estamos viendo el comienzo de ese auge ahora.

Con esto llegamos a la cuestión más crítica. Habiendo trazado la larga trayectoria histórica del movimiento trotskista, remontándonos hasta sus orígenes en 1923, y habiendo identificado las cuatro etapas distintas de su desarrollo, ¿cómo debemos caracterizar la etapa actual de nuestro trabajo?

Somos testigos de la intersección entre un nuevo resurgimiento revolucionario de la clase obrera internacional y la actividad política del Comité Internacional. La crisis mundial que estamos analizando es una dentro de la que el Comité Internacional está cada vez más activo y en la que es un participante directo.

El crítico trabajo preparatorio de expulsar a los pablistas, reconstruir el partido mundial sobre una base internacionalista, elaborar la estrategia internacional del CICI, defender la herencia histórica de la Cuarta Internacional, convertir las ligas del Comité Internacional en partidos y establecer el World Socialist Web Site, constituyó los principales logros de la cuarta etapa. Estos logros hicieron posible una vasta expansión de la influencia política del Comité Internacional y un crecimiento importante en miembros. Esta etapa ya finalizó.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional ha comenzado la quinta etapa de la historia del movimiento trotskista. Esta es la etapa que verá el vasto crecimiento del CICI como Partido Mundial de la Revolución Socialista. Los procesos objetivos de globalización económica, identificados por el Comité Internacional hace más de treinta años, han atravesado un desarrollo colosal aún mayor. Junto con la aparición de nuevas tecnologías que revolucionaron las comunicaciones, estos procesos han internacionalizado la lucha de clases a un grado difícil de imaginar incluso hace solo 25 años. La lucha revolucionaria de la clase obrera avanzará como un movimiento interconectado y unido a nivel mundial. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional será construido como la dirección política consciente de este proceso socioeconómico objetivo. Contrapondrá a la política capitalista de las guerras imperialistas la estrategia clasista de la revolución socialista mundial. Esta es la tarea histórica esencial de la nueva etapa de la historia de la Cuarta Internacional.

El ataque de la Verfassungsschutz contra nuestra sección alemana es una declaración política clara de que la élite gobernante reconoce que el programa y las ideas de nuestro movimiento tienen el potencial de ganar un seguimiento de masas en la clase obrera. El informe indica que el SGP recibió un número de votos pequeño en las elecciones federales de septiembre de 2017. Sin embargo, la Verfassungsschutz añade inmediatamente la siguiente reserva: “Por el otro lado, el denunciante, por medio de su participación en las elecciones federales alemanas, incluyendo los anuncios de campaña asociados y en las empresas públicas de difusión, sin duda ha conseguido un grado definitivo de difusión y atención públicas”.

Este reconocimiento de la estatura política del Sozialistische Gleichheitspartei es, en cierto modo, un cumplido. Pero también es una amenaza que debe ser tomada seriamente. Las contramedidas políticas y prácticas apropiadas están en el orden del día.

Para enfrentar las demandas de este desarrollo global de la lucha de clases es necesario que los cuadros del Comité Internacional hagan uso del capital teórico y político entero de nuestro partido. Estos son los cimientos sobre los cuales se desarrollará el trabajo del partido durante esta quinta y nueva etapa de la historia de la Cuarta Internacional.


[1]

Leon Trotsky and the Development of Marxism, (Nueva York: Labor Publications, 1985), págs. 18-19

[2]

Lectures on the Philosophy of World History, por George Wilhelm Friedrich Hegel, traducción al inglés de H. B. Nisbet (Cambridge University Press, 1973), pág. 20

[3]

“Feuerbach and the End of Classical German Philosophy”, en Marx Engels Collected Works, Volumen 26 (Moscú: Progress Publishers, 1990), pág. 388

[4]

Ibid, pág. 389

[5]

Problems of Everyday Life, por León Trotsky (Nueva York: Pathfinder, 1973), págs. 137–38

[7]

Citado en “A Contribution to a Critique of G. Healy’s ‘Studies in Dialectical Materialism’”, Fourth International, Volumen 13, No. 2, otoño de 1986, pág. 17

[8]

The Historical and International Foundations of the Socialist Equality Party (Detroit: Mehring Books, 2008), pág. 59

[9]

Workers League Internal Bulletin, Volumen 3, Número 4, junio de 1989, pág. 5

[11]

Ernest Mandel: A Dream Deferred, por Jan Willem Stutje (Londres y Nueva York: Verso, 2009) pág. 240

[12]

Workers League Internal Bulletin, Volumen 3, Número 4, junio de 1989, pág. 7

[13]

John Dewey, The Later Works, Volumen 11, editado por Jo Ann Boydston [Carbondale and Edwardsville: Southern Illinois University Press, 1991], pág. 39

[14]

Key Thinkers of the Radical Right: Behind the New Threat to Liberal Democracy, editado por Mark Sedgwick (Oxford University Press, 2019), pág. xxv

[15]

Workers League Internal Bulletin, Volumen 4, Número 7, junio de 1990, págs. 13–17

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