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Perspectiva

Medio millón de muertos en EE.UU. por pandemia de coronavirus: catástrofe, crimen y encrucijada histórica

La cifra oficial de muertes por la pandemia de coronavirus en EE.UU., según las fuentes principales utilizadas por la prensa, superó 500.000 el lunes, una pérdida pasmosa de vidas que es casi imposible de comprender.

El número de personas asesinadas por un solo año del coronavirus es más que el número de soldados estadounidenses asesinados en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y la guerra en Vietnam combinados. Es mayor que la población entera de Miami, Florida (454.000); Raleigh, Carolina del Norte (464.000); o Kansas City, Missouri (486.000).

El presidente Joe Biden da un discurso después de un tour en una planta manufacturera de Pfizer en Portage, Michigan (AP Photo/Evan Vucci)

Una de cada 670 personas en EE.UU. ha fallecido de COVID-19 en el último año. Entre los mayores de 65, quienes han sido desproporcionalmente las víctimas, uno de cada 100 ha fallecido. Más allá de los que han muerto, más de 28 millones se han contagiado cuando aún se desconocen los efectos de largo plazo en la salud. Millones se han visto directamente impactados por la pérdida de un ser querido —padres y parejas, compañeros de trabajo e hijos—.

La pandemia ha afectado profundamente todas las partes del país, desde los mayores centros urbanos hasta los pueblos y áreas rurales. Una de cada 295 personas en la ciudad de Nueva York y una de cada 500 en el condado de Los Ángeles han muerto, ambos por encima del promedio nacional. Y, como lo reportó el New York Times, “En el condado Lamb, Texas, donde viven 13.000 personas dispersas en un terreno vasto de 2.500 kilómetros cuadrados, una de cada 163 personas ha muerto del virus”.

La esperanza de vida ha colapsado en EE.UU. a un ritmo no visto desde la Segunda Guerra Mundial. La esperanza de vida para los hombres es ahora de 75.1 años, una caída de 1,2 años desde 2019. Para las mujeres es de 80.5 años, una disminución de casi un año. Y esto solo toma en consideración la primera mitad del año 2020, es decir, antes del enorme repunte en casos y muertes en noviembre, diciembre y enero.

La pandemia ha tenido un impacto pasmoso en todos los aspectos de la sociedad. Las artes y la cultura fueron devastadas. Decenas de millones han perdido sus empleos y millones cayeron en ls filas de los desempleados de largo plazo y permanentes. Los trabajadores han acumulado niveles enormes de deuda, lo que ha superado la miseria de asistencia entregada por el Gobierno. Una generación de jóvenes ha visto su futuro diezmado. El trauma psicológico de la dislocación económica y social es incalculable.

El horrendo impacto de la pandemia es más que una tragedia. Es un crimen social monumental que ha expuesto el generalizado fracaso social, político, económico e intelectual de la sociedad capitalista.

El lunes por la noche, el presidente Joe Biden pronunció un discurso superficial de 10 minutos marcando el hito del medio millón de muertos. En comentarios caracterizados por verborrea y santurronería vacías, Biden reconoció un hecho impactante: la cifra de muertes en EE.UU. “es mayor a la de cualquier otra nación en la Tierra”.

No obstante, Biden ni siquiera intentó explicar las políticas y la acciones que produjeron esta realidad. La habilidad de China para contener la enfermedad a través de un programa estricto de pruebas, rastreo de contactos y cierres demuestra que la propagación descontrolada del virus no era inevitable. Fue el resultado de decisiones conscientes de la clase gobernante y sus representantes políticos para anteponer sus ganancias a las vidas.

Hubo varios puntos de inflexión en la propagación de la pandemia cuando se pudieron haber tomado acciones decisivas. La primera muerte conocida en EE.UU. ocurrió en febrero. La Administración de Trump, con la colaboración del Partido Demócrata y la prensa, minimizó deliberadamente la magnitud de la amenaza y se rehusó a tomar medidas de emergencia para prevenir que se propagara por todo el país.

En marzo, cuando las muertes aún eran menos de mil, pero aumentan rápido en los principales centros urbanos, particularmente en la ciudad de Nueva York, la clase gobernante utilizó la crisis para organizar una transferencia masiva de la riqueza hacia los ricos, aprobada de forma casi unánime por el Congreso de EE.UU. a través de la llamada Ley CARES.

Esto fue seguido por una campaña coordinada de toda la élite política para obligar a los trabajadores a regresar al trabajo. Fue Thomas Friedman del New York Times quien acuñó la frase “La cura no puede ser peor que la enfermedad”, una consigna adoptada por Trump. En la práctica, esto significaba que las medidas necesarias para salvar vidas debían ser subordinadas a los intereses de lucro de la clase gobernante y el aumento incansable de las bolsas de valores.

El Gobierno de Trump encabezó la política de “inmunidad colectiva”, incitando organizaciones fascistizantes para que exigieran poner fin a todas las restricciones sobre las actividades empresariales. Pero los estados de todo el país, gobernados tanto por demócratas como por republicanos, implementaron las medidas que expandieron más el contagio. Como resultado, las muertes se dispararon, alcanzando 100.000 en la tercera semana de mayo, 200.000 a mediados de septiembre y 300.000 para inicios de diciembre.

En la medida en que ocurría esta catástrofe, toda la élite política respondió con un nivel impactante de indiferencia. En ningún momento del último año hubo una sola audiencia legislativa para indagar lo ocurrido ni las acciones necesarias. Las muertes sin tregua eran tratadas por la prensa como algo que la población debía aceptar como un hecho inevitable.

Incluso en la segunda mitad del 2020, la magnitud del desastre pudo haberse limitado a través de medidas de emergencia, incluyendo el cierre de los lugares de trabajo no esenciales y las escuelas, y la provisión de emergencia del apoyo financiero necesario para sostener a la población hasta el final de la crisis.

Sin embargo, a élite política rechazó estos pasos necesarios para salvar vidas. A través de las elecciones del 2020 y posteriormente, Biden insistió en que “no habrá un confinamiento nacional” bajo una Administración del Partido Demócrata. Siguiendo al intento de golpe de Estado de Trump el 6 de enero, que involucró las mismas fuerzas movilizadas para hacer valer la campaña de regreso al trabajo, las consignas del Partido Demócrata han sido la “unidad” y el “bipartidismo”.

La noche del lunes, Biden declaró que no solo era necesario recordar a los muertos sino también “Actuar. Permanecer vigilantes. Mantener distanciamiento social”. Sus palabras, no obstante, se contradicen por la política de su Gobierno, que se ha concentrado en la campaña de la reapertura de escuelas y ha mantenido los negocios no esenciales abiertos. La semana pasada, Biden reiteró su demanda de que las escuelas debían abrir “cinco días a la semana” para el 1 de abril.

Incluso tras superar el medio millón de muertes la pandemia está lejos de acabarse. Si bien han disminuido los nuevos casos y muertes reportados en relación con su pico hace cinco semanas, ambos permanecen muy por encima del promedio de la mayor parte del 2020. La propagación de nuevas variantes más transmisibles del virus significa que los casos nuevos repuntarán antes de que se distribuya ampliamente una vacuna.

En el análisis final, hubo dos factores que previnieron una respuesta racional, científica y humana al virus del COVID-19. El primero fue la priorización de la riqueza personal y las ganancias sobre las necesidades sociales. La única consideración de la clase gobernante y sus representantes políticos fue la de proteger los mercados financieros y la riqueza de la oligarquía.

Sin duda, la élite gobernante, operando bajo el principio de “nunca desperdiciar una buena crisis”, utilizó la pandemia para organizar una transferencia de riqueza sin paragón en la historia estadounidense. Incluso en condiciones de muertes masivas y un aumento en la pobreza, los ricos se enriquecieron más. La riqueza de los milmillonarios aumentó $1,1 billones desde marzo de 2020. El proceso de acumulación de la riqueza, encarnado en el aumento de la bolsa de valores, fue posible gracias a las mismas políticas que hicieron inevitables las muertes masivas.

El segundo factor fue la subordinación de la respuesta a una pandemia global ante la geopolítica nacionalista. En un encuentro realizado el 24 de febrero de 2020, hace casi un año, en un punto en que la pandemia apenas comenzaba a propagarse en EE.UU., el presidente editorial internacional del World Socialist Web Site, David North, apuntó a su carácter global:

Cuando los Estados nacionales se preparan para combatir en busca de mercados y territorios, el coronavirus no presta atención a las fronteras y se propaga en todo el globo. El virus, viajando sin pasaporte y sin molestarse en solicitar una visa, es completamente indiferente hacia la nacionalidad, la etnicidad, el origen étnico y la religión de sus potenciales víctimas.

La política nacionalista de todos los Gobiernos capitalistas —y la política perseguida en Estados Unidos ha sido implementada en todo el mundo— bloqueó la coordinación global necesaria de recursos y especialización científica para detener el virus.

La pandemia es una catástrofe y un crimen. También es una encrucijada histórica. El capitalismo estadounidense ha quedado irreparablemente desacreditado. Para aquellos que han vivido esta experiencia, particularmente toda la generación de jóvenes, definirá su experiencia de vida y la forma en que miran el mundo.

La pandemia es, como explicó el World Socialist Web Site, un evento desencadenante. De una manera similar a la Primera Guerra Mundial, ha expuesto la bancarrota de todo el orden social y económico, no solo los partidos políticos, sino también la pseudo intelectualidad y su obsesión con la identidad racial y de género, la corrupta prensa y los voceros mentirosos de la clase gobernante, así como los sindicatos corporativistas que funcionan como instrumentos de las empresas y el Estado.

Está demostrándoles a las masas de obreros y trabajadores, tanto en EE.UU. como en el resto del mundo, que solo es posible encontrar una solución a la crisis producida por el capitalismo a través de un programa de internacionalismo socialista y la lucha de la clase obrera por el poder.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 22 de febrero de 2021)

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