El Partido de los Trabajadores (PT) ha marcado el principio del año electoral 2022 en Brasil con una serie de anuncios con objeto de sugerir que el partido es favorable a revertir la austeridad impuesta a lo largo de los cinco últimos años.
La afirmación más significativa es que, si vuelve al poder, el partido “revocará” la reforma laboral de 2017 promulgada bajo el presidente Michel Temer, el exvicepresidente de Dilma Rousseff del PT, quien la sucediera tras el juicio político amañado de 2016. La reforma extendió ampliamente el trabajo informal y provocó una reducción masiva de los salarios. Al mismo tiempo, recortó drásticamente la financiación de los sindicatos desmoralizados, haciendo que muchos de ellos echaran a muchos funcionarios. El aumento en la financiación de los sindicatos es uno de los objetivos centrales de la supuesta “revocación” del PT.
El partido también ha anunciado que buscará la revocación de la congelación de 20 años del gasto, consagrada en la Constitución brasileña de 2017, que ha causado un deterioro masivo de los servicios públicos, infraestructuras y programas de alivio a la pobreza. El PT afirma que la limitación al gasto de 2017 es el único obstáculo a un programa de inversión masiva para traer de nuevo empleos bien pagados —su propia versión de las promesas fraudulentas del “volver a construir mejor” de Joe Biden en Estados Unidos.
Esta nueva postulación del PT a la presidencia con la candidatura del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva tiene lugar bajo condiciones sociales extraordinarias. A la muerte masiva por COVID-19 se ha unido un agudo crecimiento de la pobreza extrema, el hambre, el desempleo y la inflación. Con la clase gobernante consciente de que está presidiendo sobre un polvorín social que es irreconciliable con las formas democráticas de gobierno, el presidente fascista Jair Bolsonaro y sus aliados ultraderechistas están trabajando día y noche por revertir una previsible derrota en las urnas en octubre.
Sus ataques al sistema electoral han alcanzado tal tono que los propios jefes de las fuerzas armadas advierten de un golpe, o un “escenario como el del Capitolio”, y ordenan a los militares que se realicen ejercicios para tener a todas las fuerzas armadas disponibles para la acción durante las elecciones —sobre todo para reprimir la resistencia de los trabajadores a un golpe.
En estas condiciones, el Partido de los Trabajadores está dedicado por entero a estabilizar el capitalismo brasileño e impedir que la oposición popular a Bolsonaro se vuelva un movimiento de masas contra el propio capitalismo. Los recientes anuncios del PT están diseñados para darle un barniz “izquierdista” a la campaña electoral propatronal de Lula, esencialmente derechista. Esa campaña ha seguido las huellas de la oposición derechista del PT a Bolsonaro desde 2018, basada enteramente en las críticas a su incapacidad de complacer al capital extranjero, salpicada con preocupaciones fingidas por la masiva tasa de mortalidad por COVID y la pobreza récord que engulle a los trabajadores brasileño.
Al lanzar su campaña presidencial en noviembre de 2021, Lula hizo una gira por Europa, y se reunió con el entonces futuro canciller de Alemania Olaf Scholtz, el español Pedro Sánchez y el francés Emmanuel Macron, quien le hizo una recepción de alto nivel con guardias de honor, dado que usó la visita de Lula para impulsar su propia campaña presidencial derechista. Hablando ante el Parlamento Europeo, Lula encomió a la cada vez más derechista y militarizada Unión Europea como faro de paz y democracia, que indica al capitalismo europeo un cambio futuro desde la política exterior centrada en los EEUU de Bolsonaro, que ha atraído críticas tanto internas como externas.
Más tarde en diciembre, Lula hizo públicas sus negociaciones para tener como compañero de fórmula a Geraldo Alckmin, el cuatro veces gobernador de San Pablo que encabezó dos veces la fórmula presidencial del Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB), la principal oposición derechista al gobierno del PT en un sistema de facto bipartidista que prevaleció desde 1994 hasta 2018. Alckmin acabó las elecciones de 2018 con solo un 5 por ciento de los votos, los peores resultados desde que se fundara el PSDB en 1988.
Alckmin dejó el PSDB en noviembre después de años de un enfrentamiento abosolutamente oportunista con el actual gobernador de San Pablo, João Doria. Apoyando a Bolsonaro contra él en 2018 y llevando al PSDB aún más a la derecha, Doria también bloqueó el intento interno del partido por recuperar la gobernación de San Pablo en 2022. Alckmin tiene una base firme en los cuerpos homicidas de la Policía Militar de San Pablo y el interior conservador del Estado, así como en los sindicatos más derechistas, que históricamente se han opuesto al PT y están dominados por el partido Solidaridad y el Socialdemócrata (PSD).
Alckmin ha sido elegido por Lula como el compañero de fórmula ideal para tranquilizar al capital brasileño y extranjero de que el PT defenderá sus intereses, por más que incluya fraseología de “reforma social” en la propaganda electoral de cara a la izquierda del partido, los pseudoizquierdistas que lo orbitan y los sindicatos.
Ambas promesas económicas de alto nivel hechas por el PT hay que tomarlas como lo que son: mentira.
El uso de la palabra “revocación” para la propuesta del PT de una nueva ley laboral es una mentira en sí misma. Es utilizada deliberadamente por la presidenta del partido, Gleisi Hoffmann, y grupos como Brasil de Fato y Brasil247 en un intento por esconder el verdadero contenido de la propuesta. El propio Lula citó como su “modelo” una ley española patrocinada por el pseudoizquierdista Podemos, el socio menor de la coalición gobernante, que dijo durante su propia campaña electoral que “revertiría” la reforma laboral de 2012 impuesta por la Unión Europea. El proyecto de ley de 2012 hizo crecer el trabajo informal en España del 25 por ciento de la fuerza laboral e impuso recortes masivos de la fuerza laboral e impuso recortes masivos a los pagos de indemnizaciones, lo que permitió que los empleadores despidieran a trabajadores en masa.
A pesar de las falsas afirmaciones del PT, ni siquiera la ministra de trabajo española, Yolanda Diaz, afirma que el nuevo proyecto de ley de Podemos es una “revocación” de la ley de 2012. Apenas toca la informalización del trabajo y los recortes anteriores a los pagos de indemnizaciones. La nueva ley en España es parte de un brutal paquete de austeridad exigido por la Unión Europea a cambio de fondos que serán desviados inmediatamente hacia las bolsas. Estaba ligado a otra “reforma de las jubilaciones” más, que aumenta las contribuciones y la edad de jubilación.
Al mismo tiempo, el gobierno del Partido Socialista y Podemos ha duplicado la financiación estatal de los sindicatos que son necesarios, en palabras del presidente del gobierno Pedro Sánchez, para “mantener la paz social” y permitir “flexibilidad para los empleadores para que se adapten a las circunstancias mediante el uso de ERTEs” tales como los que autorizó en Brasil Rousseff en 2015.
El aumento de la financiación de los sindicatos es también la única preocupación de los sindicatos brasileños. Força Sindical, aliada de Alckmin, reaccionó al anuncio del PT del programa de “revocación” declarando que los sindicatos están buscando “mejoras” en la ley, pero no su revocación.
La necesidad de aumentar la financiación de los sindicatos a cambio de “paz social” —es decir, que supriman la lucha de clases— fue reconocida por uno de los principales patrocinadores de la reforma laboral brasileña, el expresidente de la Cámara, Rodrigo Maia, quien es actualmente coordinador en la campaña presidencial de Doria del PSDB. Maia reaccionó a la propuesta del PT con una propuesta severa a los sindicatos, disfrazada de preocupaciones “democráticas”. “Estoy convencido de que tienen razón”, dijo. “Los sindicatos son una estructura fundamental para la defensa de los trabajadores y la democracia. Lo primero que hizo Hitler en Alemania fue suprimir a los sindicatos alemanes. Realmente fuimos demasiado lejos” en la reforma.
En cuanto a la promesa de rechazar la limitación del gasto, su punto de partida es un ataque totalmente derechista a una serie de medidas que rodean la limitación patrocinada por el gobierno de Bolsonaro, que el PT afirma que daña la “credibilidad” de Brasil. La presidenta del PT, Hoffmann, ha declarado repetidamente que la limitación del gasto está efectivamente muerta. Le dijo a la CNN la semana pasada que “Esta limitación del gasto ya ha sido abandonada por todos. Por cierto, esto da vergüenza. Nadie lo respetó”, y concluía que “los mercados no pueden defender algo que nadie respeta”. Dicho de otra manera, el programa del PT es patrocinar un techo de gasto que sea “respetado”, es decir, austeridad más confiable.
Nelson Barbosa, quien fuera el ministro de economía de Rousseff, habló recientemente con Folha de S. Paulo como representante del equipo económico del grupo de presión Perseu Abramo del PT y explicó que la propuesta del PT es empezar el gobierno con una reforma del trabajo de los funcionarios que podría recortar los salarios de niveles de entrada y alargar la duracción del progreso en la carrera. Ello permitiría despejar espacio para “inversiones” —es decir, una bendición para las principales empresas y las bolsas tales como los “ERTEs” de 2015, antes de la impugnación de Rousseff.
Las promesas de austeridad del PT están siendo aclamadas por los mercados financieros, con el diario financiero Valor acreditando la caída del dólar estadounidense contra el real brasileño el 19 de enero en gran medida debido a la defensa por parte de Lula de Alckmin en un grupo de sitios web alineados con el PT tal como Brasil247, excluyendo a los principales diarios y canales de televisión.
El verdadero objetivo de los anuncios económicos del PT era darles argumentos a la pseudoizquierda y los sindicatos para convencer a los trabajadores y los jóvenes de que el partido puede ser empujado a la izquierda y que la campaña derechista de Lula tiene que ser “disputada” con los Alckmin, su compañero de fórmula.
Las mentiras sobre la “revocación” de la reforma laboral fueron inmediatamente repetidas por el dirigente de la supuesta izquierda del PT, Rui Falcão, quien actualmente hace como que se opone a la alianza con Alckmin. Falcão declaró que “Las declaraciones de Lula y de Hoffmann sobre cambiar las leyes laborales establecen un buen tono para el programa al poner a la clase trabajadores en la agenda”.
Previsiblemente, el tema fue también amplificado por la voz internacional de los “socialistas” proimperialistas, la revista Jacobin, que sacó un artículo el 20 de enero afirmando que las declaraciones de Lula estaban causando “desesperación” en la clase gobernante. Ello implicaría que un posible tercer gobierno de Lula no sería menos que anticapitalista.
El giro a los sindicatos por parte del PT en alianza con importantes figuras derechistas como Maia y Alckmin, con Força Sindical y el partido Solidaridad desempeñando un principal papel en la rehabilitación del odiado exgobernador de San Pablo, está diseñado para presionar por una agenda empresarial en la que los sindicatos asuman una posición central en anticipación de una gran erupción de la lucha de clases. Tal oposición ya se está desarrollando, con trabajadores reacios a aceptar el desastre económico en el que están decenas de millones de personas, las amenazas de dictadura, y la arremetida de ómicron, para la que el PT no ofrece ninguna solución, excepto una campaña totalmente inadecuada para expandir las vacunaciones. El cometido de los sindicatos es imponer salarios de pobreza en las supuestas “negociaciones” en nombre de la “unidad nacional” y “mantener la economía funcionando” mientras la clase gobernante busca la “competitividad” recortando en costes del trabajo.
El líder del PT en el senado, Paulo Paim, ya ha declarado en julio que el partido se proponía emular las campañas prosindicatos del presidente estadounidense Joe Biden, que son parte integral de los preparativos bélicos de EEUU contra China. Aunque el PT está buscando un acercamiento nominal con China y la Unión Europea, la lógica nacionalista de la competición geopolítica internacional impone la misma necesidad de aumentar la explotación de la clase trabajadora y suprimir la oposición en todos los países.
Los trabajadores tienen que oponerse a esta campaña. La única salida en la lucha contra la austeridad, la pobreza, y la política de la “inmunidad de rebaño” (colectiva) defendida por todas las facciones de la clase gobernante brasileña, incluso la que representa el PT, es basarla en un programa socialista e internacionalista, independiente de los sindicatos existentes y en oposición a estos, el PT y sus defensores.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 31 de enero de 2022)
