Español
Perspectiva

Biden marca 1 millón de muertes por COVID en EE.UU. preparando el siguiente millón

El jueves, el presidente estadounidense Joe Biden finalmente reconoció que más de un millón de estadounidenses han fallecido por COVID-19. Lo hizo a través de una declaración escrita superficial y un video pregrabado caracterizados ante todo por su cinismo e indiferencia a las vidas de los difuntos y sus seres queridos que siguen en duelo.

Las distintas fuentes de datos de COVID-19 utilizan distintos conjuntos de datos y el Gobierno de Biden retrasó artificialmente el reconocimiento oficial de este horrendo hito eligiendo el rastreador de Reuters. La marca del millón de muertos fue alcanzada inicialmente por Worldometer hace casi dos meses, el 22 de marzo. Solo el World Socialist Web Sitecomentó al respecto. Esto fue seguido por los recuentos de NBC y News Nodes la semana pasada, lo que inspiró un puñado de comentarios adicionales en la prensa corporativa pero el silencio continuo de la Casa Blanca.

Las estimaciones del exceso de mortalidad, que casi nunca son mencionadas ni por los políticos ni la prensa, superaron a mediados de diciembre el millón de muertes directa o indirectamente causadas por la pandemia en EE.UU. En la actualidad, el exceso de mortalidad en el país supera 1,2 millones, mientras que más de 20 millones han muerto a nivel global debido a la pandemia.

La declaración escrita de Biden fue de apenas 213 palabras y parece haber sido escrita por algún asistente de bajo rango. Después de repetir la trillada frase militar de su discurso del Estado de la Unión, “Un millón de sillas vacías en los comedores”, añade, “También sé que los seres queridos nunca se van de verdad. Siempre estarán contigo”.

No, de hecho, todos aquellos que murieron por COVID-19 se fueron para siempre. Sus vidas fueron reducidas innecesariamente por las políticas implementadas por toda la élite política estadounidense. La mayoría del millón de muertes en EE.UU. han ocurrido durante el Gobierno de Biden, cuyo enfoque se ha limitado a las vacunas y se ha rehusado neciamente a cerrar las escuelas y los lugares de trabajo no esenciales como parte de una estrategia más amplia para eliminar el virus.

La porción más absurda de la declaración de Biden afirma, “Como nación, no debemos volvernos insensibles a tal pesar. Para curarnos, debemos recordar. Debemos guardar la vigilancia ante esta pandemia y hacer todo lo posible para salvar tantas vidas como sea posible, como lo hemos hecho a través de más pruebas, vacunas y tratamientos que nunca. Es crucial que el Congreso mantenga estos recursos en los próximos meses”.

¡Qué hipocresía tan increíble!

Como ocurrió con la subvariante BA.1 de ómicron que comenzó a asolar EE.UU. a fines de diciembre, el Gobierno de Biden encabezó una campaña bipartidista y apoyada por la prensa precisamente para insensibilizar a la población a los contagios y muertes masivos. Hizo todo lo posible para dar la impresión de que la pandemia ya se había acabado.

Este impulso se intensificó el 30 de abril en la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, cuyos fines eran propagandísticos. Ahí, Biden declaró: “Estamos aquí para mostrarle al país que estamos superando esta pandemia”. Durante las últimas dos semanas, los políticos y reporteros presentes en la cena han ocultado deliberadamente docenas y posiblemente cientos de infecciones que ocurrieron durante el evento superpropagador.

La afirmación de Biden de que EE.UU. ha ofrecido “más pruebas, vacunas y tratamientos que nunca” es una mentira descarada. El financiamiento federal para la pandemia se agotó en marzo y los más de 30 millones de estadounidenses sin seguro médico ya no pueden acceder a pruebas ni tratamiento gratis.

Tanto los demócratas como los republicanos han conspirado para prevenir la aprobación de fondos adicionales. El martes, la Cámara de Representantes volvió a desechar fondos para lidiar con el COVID-19 de un paquete de asistencia militar de $40 mil millones cuyo propósito es que el Gobierno ucraniano escale la guerra por delegación de EE.UU. y la OTAN contra Rusia. Este enorme gasto militar, el cual supera el gasto estatal y federal anual en salud pública, fue aclamado por Biden y apoyado de forma unánime pro todos los diputados demócratas, incluyendo la pseudoizquierdista Alexandria Ocasio-Cortez y otros partidarios de Bernie Sanders.

La desaparición de los fondos para la pandemia y el reconocimiento del millón de muertes por parte de Biden se producen en medio de otra ola de infecciones y hospitalizaciones impulsada por las subvariantes BA.2 y BA.2.12.1 de ómicron, que son sumamente transmisibles y inmunoevasivas. El jueves, EE.UU. registró 106.964 casos nuevos, aumentando el promedio de siete días a 89.406, la cifra más alta desde el 19 de febrero.

En una “Proclamación para recordar al millón de estadounidenses perdidos por el COVID-19”, la única acción ordenada por Biden para marcar el hito es totalmente decorativa: bajar a media asta todas las banderas estadounidenses en los edificios gubernamentales durante cinco días. No emitió ninguna orden ejecutiva para ordenar la distribución y el uso de mascarillas de alta calidad, proporcionar pruebas universales de COVID-19 y el rastreo de contactos, renovar todos los sistemas de ventilación, o cualquier otra cosa para detener la ola de infecciones y muertes.

El vídeo pregrabado de Biden, reproducido en la II Cumbre Mundial sobre la COVID-19, repitió muchos de los mismos puntos de discusión y frases hechas de su declaración escrita. Al igual que la cumbre en su conjunto, se centró únicamente en la profundización de la estrategia en bancarrota de solo vacunas. Afirmó: “Tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para... poner vacunas en los brazos de la gente, país por país, comunidad por comunidad”.

Una declaración separada de la Casa Blanca sobre la cumbre señala que los participantes, entre los que se encontraban las belicistas Samantha Power (EE.UU.) y Annalena Baerbock (Alemania), “volvieron a insistir en el valor de las vacunas seguras y eficaces para poner fin a la fase aguda de la COVID-19”.

En la página de “Compromisos” en la que se enumera lo que cada país se compromete a hacer en los próximos meses, las palabras “vacuna”, “vacunar” y “vacunación” aparecen un total de 201 veces, mientras que las palabras “confinamiento”, “ventilación” y “mascarillas” se omiten por completo. Se han suprimido todas las intervenciones no farmacéuticas, a pesar de su eficacia demostrada en China y en otros muchos países que eliminaron el SARS-CoV-2 incluso antes de que se produjeran las vacunas.

Desde hace más de un año, la estrategia de solo vacunas ha demostrado ser inviable. Debido a la evolución causada por la propagación irrestricta del COVID-19, las vacunas proporcionan ahora muy poca protección contra la infección. Ayudan a prevenir las hospitalizaciones y las muertes, pero en febrero un 40 por ciento de todas las muertes por COVID-19 en los Estados Unidos se produjeron entre personas con al menos dos vacunas, y un 15 por ciento de todas las muertes se produjeron entre personas que habían recibido una dosis de refuerzo.

En total, la cumbre mundial consiguió apenas 3.000 millones de dólares en nuevos fondos para sus esfuerzos de vacunación mundial. Estados Unidos se comprometió a aportar solo 200 millones de dólares al fondo mundial, lo que supone aproximadamente el 0,5 por ciento del paquete militar de casi 40.000 millones de dólares para Ucrania.

Ya sea por vergüenza o por indiferencia hacia aquellos cuyas vidas han sido destruidas por la pandemia, Biden se negó a dar una conferencia de prensa o a participar en algún evento en vivo para conmemorar el fallecimiento de un millón de estadounidenses por el COVID-19. En su lugar, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, celebró una rueda de prensa que comenzó con un comentario de un minuto sobre el hito. Más tarde, los miembros del Congreso guardaron un breve momento de silencio en la escalinata del Capitolio.

En la rueda de prensa, un periodista le preguntó a Pelosi: “Cuando el presidente Biden tomó posesión, había unas 400.000 muertes por COVID. Ahora, como usted señaló, hay cerca de un millón. Usted dijo que los demócratas se comprometieron a 'aplastar el virus', el presidente Biden se postuló para derrotar al COVID. Mirando hacia atrás, ¿cree que hay algo más que pudieron haber hecho para evitar este número de muertes?”.

Pelosi respondió: “Quiero reconocer al presidente Biden por lo que ha hecho en la lucha contra el COVID. Ha supuesto una diferencia drástica con respecto a la negación en la que se encontraba nuestro país antes y la falta de atención que se le prestaba. El presidente está prestando atención a la ciencia, a la ciencia y a la ciencia, y a la gobernanza necesaria para lidiar con ella”. A continuación, Pelosi dio por terminada la rueda de prensa de forma abrupta, permitiendo solo una pregunta más sobre un asunto distinto.

Al contrario de las afirmaciones de Pelosi, el Gobierno de Biden nunca adoptó un enfoque científico de la pandemia y los verdaderos científicos han sido continuamente apartados e ignorados. En su primer año de mandato, Biden nombró al financiero multimillonario Jeff Zients como coordinador de la respuesta al COVID, para luego sustituirlo por el charlatán mediático Dr. Ashish Jha.

La pieza central de la política interna de Biden ha sido reabrir totalmente las escuelas y mantenerlas abiertas basándose en mentiras sobre los impactos del COVID-19 en los niños. En un evento de CNN el 16 de febrero de 2021, Biden mintió directamente a una estudiante de segundo grado: “Los niños no se contagian de COVID muy a menudo. Es inusual que eso ocurra”. Desde entonces, decenas de millones de niños estadounidenses han contraído COVID-19 y al menos 1.000 han muerto. Más de 200.000 niños estadounidenses han quedado huérfanos durante la pandemia, la mayoría de los cuales han perdido a sus padres o cuidadores principales desde que Biden asumió el cargo.

El Gobierno de Biden es muy consciente de que seguir con un enfoque de solo vacunas conducirá a nuevas olas de infecciones y muertes masivas por un tiempo desconocido, posiblemente durante muchos años. Un funcionario federal no identificado advirtió la semana pasada que más de 100 millones de estadounidenses podrían infectarse con COVID-19 en una gran ola este otoño.

Los modelos de Fractal Therapeutics estiman que más de 400.000 estadounidenses podrían morir por el virus cada año con las actuales políticas de “inmunidad colectiva” aplicadas por ambos partidos patronales. Bajo este escenario, al final de la Administración de Biden el número de muertos en Estados Unidos podría ser muy superior a los 2 millones, con decenas de millones de personas potencialmente sufriendo una miríada de los síntomas asociados con el COVID persistente.

La clase obrera estadounidense e internacional se ha radicalizado profundamente por la pandemia, incluyendo a los enfermeros, los trabajadores petroleros y automotores, los educadores y otros que han entrado en lucha en todo el mundo. Es fundamental que todos los trabajadores saquen las conclusiones políticas necesarias de la muerte de un millón de personas en EE.UU. y de la experiencia global más amplia de la pandemia del COVID-19.

La indiferencia de Biden ante la muerte de un millón de estadounidenses refleja su culpabilidad por la mayoría de estas muertes. El capitalismo mundial queda expuesto como totalmente incompatible con las necesidades sociales de la clase trabajadora, incluido el derecho más básico a la propia vida.

Los científicos más previsores han dejado claro que, desde el punto de vista científico, la eliminación es ahora más factible que nunca. Solo a través de la construcción de un movimiento de masas independiente de la clase obrera, armado con una comprensión científica y política de la pandemia, se pueden evitar más sufrimientos y muertes.

(Publicado originalmente en inglés el 12 de mayo de 2022)

Loading