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Trabajadores de GM en Silao, México: el sindicato patrocinado por EE.UU. “cortó nuestra independencia”

El Solidarity Center, un brazo de la central sindical AFL-CIO financiado casi exclusivamente por el Gobierno de EE.UU., utilizó pagos en efectivo para destruir un grupo de las bases en la planta de General Motors en Silao, México, e impuso un sindicato supuestamente independiente que se ha comportado igual a los sindicatos charros, según seis exmiembros del grupo entrevistados por separado por el World Socialist Web Site.

La elección del Sindicato Independiente Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Industria Automotriz (SINTTIA) en la mayor empresa de autos en México fue celebrada por los Gobiernos, sindicatos y prensa corporativa en México, EE.UU., Canadá, el resto de América y Europa como una prueba de que se está restaurando la democracia laboral en México.

“Fue visto como una importante prueba de fuego sobre si las nuevas reglas comerciales norteamericanas pueden mejorar las condiciones de vida y aplastar la corrupción”, como escribió el New York Times. El secretario de Trabajo de EE.UU., Marty Walsh, quien se dedica actualmente a detener una huelga ferroviaria, declaró: “Esta histórica elección nos demuestra que podemos progresar hacia el derecho de todos los trabajadores a organizarse libremente cuando trabajamos juntos”.

No cabe duda de que la clase gobernante conspiró, pero lo hizo para el objetivo opuesto. El nuevo sindicato y su Casa Obrera, la cual busca formar sindicatos similares en la región, son meramente “títeres” de los que “nos dividieron como grupo independiente”, según una de las antiguas líderes del grupo.

Uno de los recibos firmados por los trabajadores de Silao con un pago de 6.000 pesos realizado por el Solidarity Center por sus servicios, 21 de junio de 2021 (Foto: WSWS) [Photo: WSWS]

Dentro de la planta, “incluso los trabajadores se quieren regresar a la CTM”, como indicaron dos entrevistados, refiriéndose a los sindicatos charros de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) que impusieron contratos dictados por la gerencia desde que abrió la planta en 1995. Esta es la evidencia más condenatoria posible del carácter antidemocrático del SINTTIA.

Los trabajadores ratificaron abrumadoramente el contrato propatronal de SINTTIA a fines de mayo que incluía un aumento salarial de 8,5 por ciento y de 2,5 por ciento en prestaciones, muy por debajo el aumento anual de la canasta básica de 14,6 por ciento. Claramente los trabajadores esperaban que, a diferencia de la CTM, el nuevo sindicato ofrecería un espacio democrático para luchar por mejoras.

No obstante, ha pasado un año desde que SINTTIA fue fundado y no ha celebrado ni una sola asamblea masiva. La organización de asambleas frecuentes para elegir a los líderes, desarrollar demandas y un plan para luchar por ellas, incluyendo destituciones inmediatas por votación, son cimientos democráticos básicos para cualquier organización obrera.

Los salarios permanecen a niveles casi de pobreza, los reclamos siguen siendo ignorados por el sindicato y la pandemia de COVID-19 sigue afectando la planta.

Basta con leer los comentarios en las redes sociales de SINTTIA para confirmar esto. “Confiamos en ustedes y NO se está viendo mejora”, “Qué bonito, pues el cambio lo logramos sin embargo seguimos igual”, “Creo que se hablaba más de ustedes cuando andaban en campaña, ahora están totalmente desaparecidos” son algunos de los comentarios. Tales afirmaciones no distan de aquellas hechas sobre los famosos “sindicatos fantasmas” de la CTM.

Un trabajador activo, Eduardo, respondió al nuevo contrato en Facebook: '¿Cual aumentó? Ah creo que sí me aumentaron 100 pesos a la semana y el sindicato me quita 60 pesos a la semana por lo tanto el aumento es de 40 pesos a la semana. Sí, sí creo que me llegó el aumento de 40 pesos a la semana, pero con la inflación que hay en 2 kilos de tortillas se va ese dizque aumento”.

Recientemente, los trabajadores ni siquiera han estado recibiendo su salario completo debido a paros técnicos. Un entrevistado dijo que los trabajadores están especialmente molestos porque “los paros técnicos que se los pagan al 55 por ciento, cuando en campaña prometió que serían al 75 por ciento”.

Ken Salazar con SINTTIA en la Embajada de EE.UU., 28 de junio (Foto: @USAmbMex)

Después de reunirse con el embajador estadounidense Ken Salazar para obtener su visto bueno, SINTTIA lo proclamó un “logro histórico” tras indicar que buscaba “un buen contrato que favorezca a ambas partes”. Como la CTM, esto solo podía referirse a la burocracia y a la empresa.

Pocas semanas tras la ratificación del convenio, GM reanudó sus dividendos trimestrales y recompras de acciones por primera vez desde que inició la pandemia. Solo esta primera recompra de $5 mil millones como una “recompensa” para sus inversores equivale a casi 16 millones de pesos (US$790.000) para cada trabajador de GM Silao, quienes actualmente ganan en promedio 70.188 pesos o US$3.490 por año.

De Generando Movimiento al SINTTIA

Generando Movimiento fue formado a inicios de 2019 a través de reuniones regulares de trabajadores activos donde discutían cómo expulsar a la CTM de la planta de Silao.

Los valientes esfuerzos de organización del grupo llegaron a un punto crítico previo a la expiración del contrato de los trabajadores de GM en EE.UU. el 15 de septiembre, cuando inició una huelga nacional de 40 días. Tras realizar reuniones frecuentes en línea organizadas por el WSWS con trabajadores automotores estadounidenses, Generando Movimiento se reunió democráticamente en una asamblea y decidió oponerse a las horas extra obligatorias y la producción acelerada en apoyo a la huelga de EE.UU., según los reportes dados por los miembros del grupo al WSWS en ese momento.

Durante estas semanas y meses, “alrededor de veinte fueron poco a poco siendo despedidos, pero todos en base a que se dieron cuenta que estaban cooperando con el movimiento”, dijo una participante líder que no fue despedida pero sí se vio obligada a huir del país con su familia por amenazas violentas.

Los trabajadores, que pasarían meses sin ingresos, avisaron al WSWS en torno a la huelga en EE.UU. que la jefa del Solidarity Center en México, Gladys Cisneros, y su predecesora Benjamin Davis, así como sus socios mexicanos, les estaban ofreciendo ayuda económica y legal.

Eventualmente, los trabajadores fueron contactados por el abogado Héctor de la Cueva, coordinador general del Centro de Investigación y Asesoría Sindical (CILAS) y miembro fundador de la Nueva Central de Trabajadores, la cual es controlada por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y es socia cercana de la AFL-CIO.

Un trabajador explicó: “CILAS está vinculado con el Solidarity Center que a su vez está con la AFL-CIO, son los que llevan la batuta de estos movimientos y el Solidarity Center es el encargado de soltar el dinero”. CILAS también tiene lazos con el sindicato IndustriAll patrocinado por el Gobierno alemán y con el sindicato canadiense Unifor. Vincula a las burocracias sindicales y los Gobiernos de los países imperialistas más poderosos con sus contrapartes en México.

Según una líder de Generando Movimiento en ese entonces, el 10 de octubre de 2019, Héctor de la Cueva sostuvo su primera reunión con el grupo de Silao en la casa de una trabajadora. Esto fue una semana después de que GM se viera obligado a cerrar su fábrica de Silao completamente ante los esfuerzos de Generando Movimiento para movilizar el apoyo a la huelga continua en EE.UU.

Luego, el dinero del Solidarity Center empezó a repartirse para corromper la organización y socavar su democracia interna. Un trabajador explicó que su compañero Israel Cervantes, el primero en ser despedido por GM, “era el encargado de recibir la lana y a nosotros nos daba una cantidad de 6.000 pesos semanales [US$300]. Mi día en GM era aproximadamente 350 pesos diarios. Nos hacía firmar un papel del Solidarity Center para que él les mostrara a ellos. Eso fue hasta que se ganó el NO al CCT [Contrato Colectivo de Trabajo de la CTM]”.

Con el tiempo, se formó una “cierta jerarquía” en la que CILAS pasaba las órdenes, explicó el entrevistado. “Aquí no había nada de democracia. Todo era, ‘espérese a lo que diga Héctor’”. Los trabajadores indicaron que CILAS les prometió que “nos iban a dar trabajo de asesores” en el sindicato y a uno le ofrecieron todo un sindicato para él si este fracasaba.

Como lo resumió otro trabajador: “Yo fui de los iniciadores de Generando Movimiento y éramos un grupo diferente y de verdad buscábamos un cambio verdadero, pero CILAS se encargó de desaparecer a Generando Movimiento”.

CILAS manejó todo le proceso de elegir “por dedazo” a los trabajadores activos que serían incorporados en la planilla para registrar el nuevo sindicato legalmente, seleccionando a “los que fueron viendo que eran más manipulables, los fueron acomodando acorde a esto”, dijo una exmiembro destacada del grupo. “Tampoco fueron democráticamente elegidos”, subrayó otro.

El registro facilitó la división del grupo entre aquellos ya despedidos y los activos que conformarían el nuevo sindicato. Una trabajadora explicó: “Desde ahí se cortó el vínculo de la unión y nuestra independencia porque se estaba haciendo cosas por orden de gente externa… Desde ese momento se notaba que nosotros solamente éramos títeres o portada de la lucha y francamente la lucha la llevamos. Cayeron cabezas y solo las utilizaron de trampolín para llegar al poder”.

Inmediatamente después de que ganara el No a la CTM, CILAS les informó que su grupo Generando Movimiento se acababa y que SINTTIA ya no necesitaría sus servicios. “Ese día nos dieron una patada en el trasero”, uno expresó. “Nos botaron a la basura”, dijo otro.

Varios de estos trabajadores siguen sin recibir su indemnización y siguen “boletinados” o en listas negras de las empresas en la región. Uno explicó: “Hasta la fecha sigo desempleado y sigo boletinado. No puedo agarrar empleo otra vez porque voy a solicitar empleo, me quedo en el último filtro y no paso. Los despedidos nos reunimos a veces y siguen sin empleo también”. Varios dieron a entender que el nuevo sindicato los “utilizó” y luego les dio la espalda.

El Solidarity Center también patrocinó la creación de la Casa Obrera encabezada por CILAS y Cervantes como “un gancho para orquestar lo mismo que lograron en GM” en otras plantas de la región, como explicó una entrevistada.

En efecto, esta operación está siendo promovida como un modelo ante la fecha límite del 1 de mayo de 2023 para la renovación del medio millón de contratos en México bajo la nueva reforma laboral, la cual fue prescrita por el nuevo acuerdo comercial norteamericano.

Además, SINTTIA demuestra la dinámica de clases detrás del manojo de dinero sacudido por la vicepresidenta estadounidense Kamala Harris durante su visita a México el año pasado. Prometió $130 millones para apoyar la formación de supuestos “sindicatos democráticos”, un fuerte aumento comparado a los $858.000 desembolsados por el Fondo Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) al Solidarity Center en México en 2020 para ese propósito.

La AFL-CIO en México

Los sindicatos patrocinados por Estados Unidos como SINTTIA están siendo llamados por el imperialismo estadounidense a reprimir la lucha de clases en una fase mucho más avanzada de la crisis del capitalismo que la que jamás enfrentó la CTM, lo que inevitablemente implicará una cooperación aún mayor y más violenta entre los sindicatos y el aparato represivo del Estado.

Afirmar que esos sindicatos son democráticos, independientes o incluso organizaciones de trabajadores es cegar a la clase obrera ante la realidad que enfrenta. Los trabajadores deben ser capaces de distinguir entre sus intereses básicos y los de sus enemigos más letales, y no hay nada más letal que el imperialismo estadounidense.

Históricamente y en la actualidad, el papel de la burocracia sindical estadounidense en México ha consistido en ayudar a aplastar todo esfuerzo importante de los trabajadores por formar organizaciones independientes, apadrinando dirigencias nacionalistas que se integraron plenamente en el Estado capitalista mexicano y se subordinaron al imperialismo estadounidense.

A partir de las superganancias que sus monopolios han obtenido al explotar a los trabajadores de todo el mundo, las potencias imperialistas han utilizado las migajas para “sobornar económicamente a las capas más acomodadas de 'sus' trabajadores”, como escribió Vladimir Lenin en 1916 cuando describió la creación de una “aristocracia laboral”. Añadió: “La forma en que se reparta este pequeño soborno entre los ministros de trabajo... los funcionarios sindicales, los trabajadores pertenecientes a los pequeños sindicatos artesanales, los oficinistas, etc., es una cuestión secundaria”.

Tan pronto se formaron los primeros sindicatos gremiales en México al calor de la Revolución mexicana (1910-1917), el máximo “aristócrata laboral” de Estados Unidos y líder de la American Federation of Labor (AFL), Samuel Gompers, intervino y utilizó parte de ese “pequeño soborno” estadounidense para controlar los sindicatos mexicanos. La AFL estableció estrechos vínculos y entrenó a Luis Morones, dirigente de la Casa del Obrero Mundial (COM), que era el semillero de los nacientes sindicatos mexicanos.

La COM y Morones fueron decisivos a la hora de conducir a miles de trabajadores hacia el ejército burgués constitucionalista para ayudar a aplastar a los ejércitos campesinos radicales de Zapata y Villa en 1915 y luego para subordinar una masiva ola de huelgas en 1916-17 detrás de una u otra facción de la burguesía liberal o hacia la pasividad apolítica.

Morones fundó la primera confederación sindical nacional CROM en 1918 bajo los auspicios del Gobierno de Venustiano Carranza. Un año más tarde, Morones fundó el Partido Laborista Mexicano, que sirvió de vehículo de gobierno para los sucesivos regímenes burguesas de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, y se convirtió en secretario del Trabajo en 1922.

Un segundo punto de inflexión tuvo lugar cuando estallaron cientos de huelgas en 1934-36 en medio de la Gran Depresión. Los sindicatos liderados por el disidente de la CROM, Vicente Lombardo Toledano, formaron la Confederación de Trabajadores de México (CTM) para subordinar el levantamiento al presidente Lázaro Cárdenas, quien se vio obligado a llevar a cabo importantes nacionalizaciones. En 1938, la CTM se unió formalmente al partido gobernante de Cárdenas, el predecesor del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

No es de extrañar que Lombardo Toledano, Morones y William Green de la AFL se opusieran ferozmente a León Trotsky, quien se exilió en México y fundó la única organización que luchó por la auténtica movilización política independiente de la clase obrera para la revolución socialista mundial, la Cuarta Internacional.

Dados los vínculos de Lombardo Toledano con Moscú y el Partido Comunista estalinista, que tuvo un papel clave en la subordinación de los trabajadores a Cárdenas, la AFL siguió apoyando a Morones y su CROM. Sin embargo, dado que la CTM había eclipsado a la CROM en tamaño y poder, la AFL trabajó entre bastidores para respaldar a la facción de la CTM dirigida por Fidel Velázquez, quien logró desplazar a Lombardo Toledano en 1941 y dirigió la organización hasta su muerte en 1997.

Un estudio realizado en 1998 por Ralph Armbruster, de la Universidad de California, Riverside, indica que durante las décadas de 1940 y 1950, “el PRI y la CTM también purgaron a los líderes sindicales izquierdistas y comunistas e instalaron nuevos líderes sindicales progubernamentales, o charros, en estos sindicatos. La AFL, el CIO y la predecesora de la AIFLD, la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), apoyaron estas políticas y trabajaron estrechamente con la CTM durante este periodo”.

En la Ciudad de México, la CTM fue la orgullosa anfitriona de las ceremonias de fundación tanto de la ORIT en 1951 como del Instituto Estadounidense para el Desarrollo Laboral Libre (AIFLD, por sus siglas en inglés) en 1962, que funcionaron como frentes para las operaciones de la CIA en toda América Latina. La ORIT también mantuvo su sede en el edificio de la CTM hasta 1989.

Philip Agee, un antiguo agente de la CIA que trabajó estrechamente en toda América Latina con la AFL-CIO, describió el objetivo de esta última de “formar cuadros para organizar sindicatos o apoderarse de los existentes, de manera que los sindicatos fueran controlados... por la CIA”. Estos sindicatos apoyaron activamente los golpes de Estado orquestados por Estados Unidos, como el de Chile en 1973, y entregaron listas para asesinatos de militantes obreros y campesinos a la dictadura militar fascista de El Salvador, entre otros numerosos crímenes contra los trabajadores.

La temprana depuración de izquierdistas de la CTM hizo que la AFL-CIO interviniera menos en la CTM que en otros sindicatos de la región; sin embargo, mantuvo un nivel de control significativo, como dictar los nombramientos de la CTM en organismos internacionales y entrenar a los sindicalistas mexicanos en Washington y en un centro de formación en Cuernavaca.

Durante las décadas siguientes, a medida que las nuevas tecnologías permieron que el capital se globalizara y encontrara fuentes de trabajo más baratas, la mano de obra industrial en México creció de 2,2 a casi 8,7 millones de trabajadores entre 1960 y 1995, y a 9,3 millones en la actualidad, con casi un millón en la industria automotriz. Esto fue un gran negocio para la CTM, que sacó tajada de la imposición de contratos favorables a las empresas a espaldas de los trabajadores.

“Atraer a los inversores significa controlar el activismo de los trabajadores, y la forma más directa en que la CTM y otros sindicatos oficiales pueden hacerlo es organizando a los trabajadores bajo sus propias banderas”, escriben los investigadores Harry Browne y Beth Simms.

Mientras tanto, los salarios reales en México cayeron dramáticamente. Hoy, el salario mínimo real es menos de la mitad de lo que era en 1970, a pesar de los recientes aumentos. En 1979, un trabajador mexicano del sector del automóvil ganaba 3,90 dólares por hora, frente a los poco más de 2 dólares actuales. El papel de los sindicatos como ejecutores de los contratos capitalistas ha hecho que sus intereses materiales sean diametralmente opuestos a los de los trabajadores.

Del mismo modo, los trabajadores de Estados Unidos también han visto una caída de los salarios reales junto con la destrucción de cientos de miles de empleos industriales. Pero, mientras perdían cientos de miles de afiliados, los sindicatos estadounidenses y sus ejecutivos se enriquecieron con inversiones en la bolsa, administrando centros corporativos de formación, fondos de pensiones y esquemas de corrupción.

Precisamente cuando su integración en el Estado y la gerencia alcanzó nuevos niveles, la AFL-CIO disolvió la AIFLD y fundó el Solidarity Center en 1997, afirmando que estaba “rompiendo con las políticas de la Guerra Fría” y promoviendo “movimientos sindicales independientes” que “desafiaran el corporativismo”.

En ese momento, la AFL-CIO respondió a la creciente rebelión contra la CTM cambiando su apoyo a los llamados sindicatos “independientes” que habían roto con la CTM. “La AFL-CIO se daría cuenta más tarde de que necesitaba aliados más representativos de los trabajadores mexicanos”, como dijo un funcionario de uno de estos sindicatos al investigador Thomas Collombat.

La afirmación de que el Solidarity Center se opone al “corporativismo” --la alianza de los sindicatos, las empresas y el Estado-- queda totalmente desmentida por el hecho de que sus socios “independientes” en México se han integrado plenamente en el nuevo partido gobernante Morena del presidente Andrés Manuel López Obrador. La abogada del CILAS que se encargó de registrar el nuevo sindicato en Silao, Claudia Patricia Juan Pineda, figura como asesora del Frente Auténtico del Trabajo (FAT), que fue la primera organización sindical “independiente” en establecer vínculos con la AFL-CIO en los años noventa.

El FAT fue cofundado por Arturo Alcalde Justiniani y anteriormente dirigido por Bertha Luján Uranga, que es la presidenta nacional de Morena. Alcalde y Luján son aliados cercanos del presidente Andrés Manuel López Obrador y son los padres de la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde Luján.

Como lo demuestra la experiencia en Silao, el Solidarity Center busca repetir lo que sus antecesores lograron a través de Morones y la CTM. Ante una nueva ola de la lucha de clases alimentada por la pandemia en curso, la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania y la inflación galopante, el imperialismo estadounidense está aumentando su financiación para asegurarse de que la rebelión contra los charros no interrumpa la producción en México, que alberga puntos nodales en las cadenas de suministro de casi todas las grandes industrias de Estados Unidos, incluida la maquinaria de guerra estadounidense.

Los trabajadores deben concluir de esta historia que la verdadera independencia significa la independencia política y física en relación con todas las agencias del imperialismo estadounidense, incluyendo la CTM, los nuevos sindicatos entrenados y financiados por el Solidarity Center, sus apologistas pseudoizquierdistas, el Estado mexicano y todo partido político procapitalista. Todas estas fuerzas y cualquiera que pretenda subordinar a los trabajadores a ellas deben ser purgadas del movimiento político emergente de la clase obrera en México y a nivel internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 14 de septiembre de 2022.)

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