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Perspectiva

Las elecciones intermedias de EE.UU. y la amenaza continua del fascismo

Los comentaristas de ambos partidos están celebrando los resultados de las elecciones intermedias en Estados Unidos, presentándolos como una “victoria de la democracia” y un retorno a la “normalidad”. Aluden a la debacle de los candidatos apoyados por Trump que niegan la legitimidad de las elecciones. Esto ha permitido que los demócratas mantengan el control del Senado y ha dejado la Cámara de Representantes, donde quedan por definirse varias votaciones, con una mayoría minúscula republicana o demócrata. Dicen que es una prueba de que el intento fascista de derrocar el Gobierno el 6 de enero de 2021 fue un evento azaroso que nunca se repetirá.

Simpatizantes del presidente Donald Trump se concentran fuera del Capitolio federal el 6 de enero de 2021, Washington D.C. [AP Photo/Jose Luis Magana]

En los últimos días, dos columnistas del New York Times, David Brooks, un republicano, y Thomas Friedman, un demócrata, han avanzado este mismo argumento en artículos de opinión separados.

En el artículo “La fiebre está bajando”, Brooks escribe: “El resultado más importante de esta elección fue el triunfo de figuras normales. A los líderes prácticos y tradicionales que no pasan gritándote enfadados les fue fenomenal, tanto de derecha como izquierda…”.

Continúa: “En el tema del aborto y muchos otros, sigue vigente la regla del votante promedio. Si puedes acercarte al punto en el que residen los votantes moderados, ganarás elecciones”.

En el artículo “EE.UU. esquivó una flecha”, Friedman escribe: “La elección del martes de verdad fue la prueba más importante desde la guerra civil para determinar si el motor de nuestro sistema constitucional —nuestra capacidad para tener traspasos de poder pacíficos y legítimos— sigue intacto. Y parece haberla sorteado, un poco golpeado, pero en buen estado”.

Agrupando a la derecha fascista republicana con el ala supuestamente “progresista” del Partido Demócrata en una sola amalgama, Friedman asevera que “suficientes estadounidenses aún pertenecen a este campo independiente o centrista y no quieren seguir lamentándose sobre los agravios, las mentiras y las fantasías de Donald Trump… Tampoco quieren verse encadenados por la extrema izquierda que hace cumplir la política concienciada [ woke ]”.

Friedman luego rinde tributo a los neoconservadores republicanos, quienes son unos fanáticos belicistas y se pronunciaron en contra de Trump y se unieron a los demócratas en el Comité sobre el 6 de enero de la Cámara de Representantes. Escribió: “Les debemos una enorme deuda a los diputados republicanos Liz Cheney y Adam Kinzinger y a la diputada demócrata Elaine Luria por mantener vivo el centro”.

Tanto Friedman como Brooks aclamaron específicamente a la exagente de la CIA y militarista Abigail Spanberger, quien derrotó al candidato respaldado por Trump y resguardó su escaño en la Cámara de Representantes para la región central de Virginia.

El hecho de que casi una semana después de las elecciones aún no se haya definido el resultado para la Cámara de Representantes y que ambas cámaras legislativas estén divididas prácticamente a la mitad refleja una situación sumamente inestable y volátil.

La votación demuestra que no existe ninguna base de apoyo popular masiva para las políticas fascistizantes de Trump, pero las recriminaciones internas en el Partido Republicano, cuya gran mayoría de figuras apoyó tanto la intentona golpista como a los candidatos endosados por Trump en los comicios del martes, van de la mano de halagos para el gobernador Ron DeSantis de Florida.

DeSantis, quien ha atacado viciosamente a los inmigrantes, bloqueado cualquier mitigación contra el COVID-19, creado una policía especial para arrestar a exconvictos que intenten votar, protegido grupos ultraderechistas y antisemitas en Florida y aplaudido la prohibición de literatura concienciada o woke, es otro fascista. No obstante, se ha posicionado como alternativa para presidente en las elecciones de 2024 al distanciarse de la mentira de Trump de un “fraude electoral” en 2020.

El presidente Biden indicó la respuesta demócrata a las elecciones el miércoles pasado cuando llamó a la unidad bipartidista con sus “colegas republicanos” para avanzar la guerra por delegación contra Rusia en Ucrania e imponer el peso completo de la crisis económica cada vez más intensa sobre la clase obrera. Cuando le preguntaron qué piensa cambiar en el futuro, dado que las encuestas a boca de urna muestran una masiva oposición a que se postule para una reelección y un enfado por la inflación desenfrenada y la caída de los salarios reales, respondió “nada” y procedió a presumir los “logros” de su Administración.

Hace dos meses, Biden pronunció un discurso televisado a nivel nacional en el que advirtió que el Partido Republicano “está dominado e intimidado por republicanos MAGA [seguidores de Trump] y eso representa una amenaza para este país”. Ahora alega que la elección fue un rechazo popular al “extremismo” tanto de la izquierda como la derecha y ha sugerido que pondrá fin a las investigaciones sobre el golpe del 6 de enero y sus organizadores en nombre de “seguir adelante”.

La historia ha refutado repetidamente los intentos de descartar complacientemente el peligro del fascismo basándose en los reveses electorales de los partidos y líderes fascistas. En noviembre de 1932, los votos del partido nazi cayeron del 37 al 34 por ciento en las elecciones parlamentarias nacionales, lo que supuso la pérdida de 2 millones de votos. Más de un periódico alemán tachó a Hitler de “hombre de ayer”. Menos de tres meses después, Hitler era canciller, y dos meses después todos los partidos burgueses del Reichstag votaron a favor de la Ley de Habilitación que otorgaba a Hitler poderes dictatoriales.

Los Estados Unidos de hoy no son la Alemania de 1932-33. Sobre todo, no hay un movimiento fascista de masas en Estados Unidos. Pero eso no disminuye en absoluto el peligro que supone el crecimiento del fascismo, que cuenta con un importante apoyo institucional dentro de los aparatos policial, militar y de inteligencia.

El futuro de Trump sigue siendo incierto. Todo indica que intentará contender cualquier intento interno de destronarlo como líder republicano. Pero hay algo seguro: los republicanos y los demócratas darán un bandazo hacia la derecha como resultado de las elecciones

Desde el ascenso del especulador inmobiliario y gánster de Donald Trump a la cabeza del Partido Republicano, el World Socialist Web Site ha explicado por qué la teoría histórica del “hombre malo” no lleva a ninguna parte, ya que intenta “explicar” absurdamente el giro de las clases dominantes hacia formas autoritarias de gobierno sobre la base de las predilecciones e intenciones subjetivas de los individuos. Trata el corrupto y esclerótico sistema bipartidista estadounidense, controlado por las empresas, como un dechado de democracia en el que se infiltró misteriosamente el extraterrestre Trump. Además, aísla el desarrollo nacional de su contexto internacional: la profundización de la crisis económica y social, la intensificación de la lucha de clases y el descenso de las clases dominantes a la guerra global por el control de los recursos, las ganancias económicas y las fuentes de mano de obra barata.

El giro de la clase dominante hacia la dictadura y el fascismo es un proceso internacional. Basta con citar el Gobierno de Meloni en Italia, el ascenso de la AfD en Alemania, Le Pen en Francia, Modi en India, Marcos en Filipinas. No es casualidad que esto coincida con el crecimiento de las luchas de la clase obrera a nivel internacional, que buscan liberarse del dominio de los aparatos sindicales burocráticos y corporativistas.

Fundamentalmente, la clase obrera se dirige hacia la izquierda. Esto lo confirma el poderoso apoyo a la campaña de Will Lehman, un trabajador de Mack Trucks y socialista, para presidente del sindicato United Auto Workers en EE.UU. La campaña de Lehman, que se presenta con un programa de abolir la burocracia sindical y poner el poder en manos de las bases, ha revelado la enorme determinación de lucha de los trabajadores en Estados Unidos y en todo el mundo y su deseo de unidad internacional.

Hablando en diciembre de 2016 ante una audiencia de trabajadores y jóvenes en Londres sobre el significado de la victoria electoral de Trump, el presidente del Consejo Editorial Internacional del WSWS, David North, dijo:

En 1914, las élites gobernantes respondieron a las contradicciones del capitalismo mediante la guerra. En 1917, la clase obrera respondió a estas contradicciones a través de la revolución en Rusia... Estamos entrando en otro período de ese carácter, pero en una escala mucho mayor. Nuestra época no es simplemente una época de revolución social, sino de la revolución socialista mundial. ¿Puede alguien creer que las convulsiones políticas en Estados Unidos no generarán a través del mundo explosiones colosales?...

Al igual que en los Estados Unidos, estamos presenciando el crecimiento de un inmenso descontento popular. La respuesta a estas cuestiones solo puede ser a través de la construcción de una dirección política en la clase obrera basada en las concepciones fundamentales del marxismo revolucionario tal como fueron desarrolladas por Lenin y, sobre todo, por Trotsky. Creemos que el resurgir de luchas de la clase obrera es inevitable. No se va a dejar engañar por los Trump, los promotores del nacionalismo aquí en Reino Unido, las Le Pen en Francia. El fraude y el callejón sin salida de estos programas quedarán al descubierto muy rápidamente.

Toda la agenda reaccionaria del Gobierno de Biden y del Partido Demócrata, tanto en el país como en el extranjero, que esperan poder implementar por medio de una alianza con los republicanos, solo fortalecerá a la extrema derecha. Es la organización y expansión del movimiento emergente de la clase obrera, y el desarrollo de este movimiento en una lucha consciente por el socialismo, lo que derrotará el fascismo y el peligro de una guerra mundial.

(Publicado originalmente en inglés el 14 de noviembre de 2022)

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