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Discurso del mitin del IYSSE contra la guerra

Los fundamentos socialistas e internacionalistas para oponerse al Gobierno de Putin y luchar contra el imperialismo de EE.UU. y la OTAN

Este es el discurso de Andrei Ritsky, representante de la Guardia Jóven de Bolcheviques-Leninistas en Rusia, en el mitin 10 de diciembre, “¡Por un movimiento de estudiantes y jóvenes para detener la guerra en Ucrania!” organizado por los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (IYSSE, por sus siglas en inglés). Para más información sobre unirte al IYSSE, visita la siguiente página.

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Andrei Ritsky | Discurso em el evento del IYSSE contra la guerra el 10 de diciembre

Este acto contra la guerra se produce en el contexto de una grave crisis socioeconómica del sistema capitalista mundial, resaltando el carácter transitorio de la sociedad capitalista.

La crisis es una manifestación de viejas contradicciones, dos de ellas fundamentales: 1) aquella entre el carácter social de la producción y la propiedad privada capitalista; 2) aquella entre la economía globalizada y la división del mundo en Estados nación.

El desarrollo armonioso de la humanidad y sus fuerzas productivas es imposible dentro de la producción capitalista. Por su carácter irracional, este sistema demuestra la necesidad de derrocarlo.

La crisis actual no solo hereda las crisis del siglo veinte, que causaron dos guerras mundiales y otros desastres, sino que también entraña el peligro de otra guerra mundial.

El principal causante de una futura guerra mundial es el imperialismo estadounidense. Sus políticas provocaron que el régimen burgués de Putin invadiera reaccionariamente Ucrania.

La guerra iniciada con la invasión de Ucrania por Putin el 24 de febrero solo es una etapa intermedia en la escalada de una guerra mundial que afectará todos los países sin importar su ubicación.

La crisis que enfrenta el capital financiero mundial, especialmente el estadounidense y el europeo, lo está empujando hacia una nueva guerra para redividir el mundo, restablecer el equilibrio capitalista y salvar así el capitalismo.

El régimen capitalista de Putin intenta engañar al pueblo ruso citando la Gran Guerra Patriótica (la Segunda Guerra Mundial), pero no puede ocultar por siempre las obvias contradicciones entre la naturaleza de clase de la URSS y la Federación Rusa. La URSS fue el producto de uno de los acontecimientos históricos más importantes, la Revolución de Octubre de 1917, que creó el primer Estado obrero.

Las circunstancias históricas fueron tales que el proletariado pudo tomar el poder por primera vez en un país atrasado como Rusia, habitado principalmente por campesinos analfabetos.

Pero las mismas razones que lo obligaron a tomar el poder antes que el proletariado de los países avanzados también contribuyeron a la reacción nacionalista de la burocracia estalinista contra el programa internacional de Octubre por el que lucharon Lenin, Trotsky y los bolcheviques.

Esto condujo a la degeneración de la Unión Soviética y a la aparición de una burocracia privilegiada y hostil a los intereses internacionales de la Revolución de Octubre.

El carácter contradictorio y transitorio de la URSS fue resumido por la fórmula de León Trotsky: o bien el burócrata devorará el Estado obrero, o bien el obrero derrocará al burócrata.

La evolución posterior de la URSS confirmó de modo negativo la fórmula de Trotsky. A mediados de los 80, la burocracia decidió implementar la perestroika y allanó el camino para la restauración del capitalismo en la Unión Soviética. Rusia y Ucrania se convirtieron en dos de sus quince productos.

La nueva burguesía rusa creyó que sería capaz de integrarse en el sistema financiero mundial y mantener una relación benevolente con los depredadores imperialistas.

Esta ingenuidad fue atropellada por la política del imperialismo occidental, que persiguió una escalada bélica como respuesta a una crisis interna que, a su vez, refleja la crisis internacional fundamental del capitalismo.

El régimen de Putin no tiene cómo detener esta escalada, solo le importa preservar la posición privilegiada de la burguesía rusa en un país rico en materias primas.

Todos sus sueños de un “mundo multipolar” son sueños utópicos de una clase que se incorporó demasiado tarde en la fase moribunda del capitalismo.

En cuanto a la oligarquía ucraniana, su retórica demagógica sobre la lucha por la “democracia” y “una vía europea de desarrollo” es un vil engaño a las masas trabajadoras.

La política del capital ucraniano, que está bajo la bota del imperialismo occidental, es incapaz de resolver los problemas más importantes de la sociedad ucraniana.

Las masas ucranianas llevan una carga histórica muy pesada. Están atrapadas en fuego cruzado entre el imperialismo occidental y el patrioterismo de Putin.

Mientras simpatizamos sinceramente con la situación actual de las masas trabajadoras ucranianas y rusas, les instamos a que reevalúen los acontecimientos en sus territorios.

Comprender las causas socioeconómicas e históricas de la situación actual ayudará a la clase obrera rusa y ucraniana a darse cuenta de la importancia de la lucha por el internacionalismo, superando todos los obstáculos nacionales, religiosos y étnicos.

Fue la falsa política de Stalin y sus seguidores, contraria a la política nacional original de Lenin, la que convirtió a la Unión Soviética en un polvorín de conflictos interétnicos que estallaron inmediatamente al restaurarse el capitalismo en la URSS.

La guerra fratricida entre Rusia y Ucrania es una de las consecuencias más graves de esta falsa política, que los trabajadores de Ucrania y Rusia están pagando con sus vidas, no solo con un deterioro de su situación.

A pesar de sus conflictos, las burguesías de todo el mundo unen fuerzas en una cuestión fundamental: evitar a toda costa una revolución socialista mundial.

Preferirían ahogar al mundo en ríos de sangre que permitir la eliminación del capitalismo y la construcción de un nuevo orden social que haga progresar a la humanidad sin víctimas innecesarias.

Los regímenes tanto de Rusia como Ucrania imponen y difunden una retórica chauvinista para estabilizar sus Gobiernos mediante la “unidad nacional”, lo que se refleja en el crecimiento de la extrema derecha: como el Batallón Azov en Ucrania, el Grupo Militar Privado Wagner en Rusia.

Pero tienen un obstáculo. Los obreros internacionales ocupan un lugar especial en la economía mundial. Todo el comercio internacional y la producción de toda la riqueza de la sociedad dependen de ellos.

La posición de la clase obrera le confiere una importancia histórico-mundial en la resolución de las contradicciones del capitalismo, que son de carácter internacional.

El internacionalismo de la clase obrera puede ayudar a la humanidad a superar de forma armoniosa todos los conflictos nacionalistas, incluido el conflicto entre Ucrania y Rusia desatado por el imperialismo.

Sin embargo, los factores objetivos por sí solos no bastan para superar la crisis, también existe el factor subjetivo. La clase obrera necesita su propia organización, un partido capaz de defender y promover sus intereses a escala internacional.

En este sentido, la lucha de Lenin y Trotsky por la Tercera Internacional contra la traición de la socialdemocracia, y luego la lucha de Trotsky por la Cuarta Internacional contra la Tercera Internacional degenerada por la reacción política estalinista, son muy relevantes.

Tanto Trotsky como Lenin lucharon por una organización proletaria independiente y unida a nivel internacional. Analizaron y comprendieron profundamente la cuestión de la dirección revolucionaria.

Los bolcheviques no lograron la Revolución de Octubre en vano. Demostraron la importancia de tener una conducción revolucionaria en los días que pueden definir el futuro de la revolución en el futuro próximo.

Las crisis del siglo veinte no se resolvieron porque la revolución mundial no pudo llevarse a cabo debido a diversos factores. Lo que no pudo hacer la revolución, lo intentó la contrarrevolución, representada por la burguesía y los partidos reformistas y estalinistas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, consiguieron restablecer cierto equilibrio, pero fue temporal y solo intensificó los problemas a un nuevo nivel, sin resolver ninguno de ellos.

La realidad ha superado a los reformistas de todos los colores. Todas las viejas organizaciones obreras han demostrado su carácter contrarrevolucionario. La mayoría de los trabajadores y jóvenes no se limitan a ignorar a estas organizaciones, sino que las odian.

La irrupción de las amplias masas de trabajadores y jóvenes en la política solo es posible a partir de un rechazo de todas las viejas organizaciones reaccionarias. Las masas necesitan una nueva organización revolucionaria comprometida con los principios bolcheviques de 1917.

Por algo nos llamamos los bolcheviques-leninistas. Con ello subrayamos nuestro vínculo histórico y de principios con la lucha de la Oposición de Izquierda contra el estalinismo y por la preservación de las tradiciones del bolchevismo. Los bolcheviques-leninistas fueron la verdadera alternativa socialista al reaccionario rumbo estalinista del “socialismo en un solo país”.

Lucharon contra la falsificación del marxismo por parte de la burocracia estalinista termidoriana, cuyas actividades condujeron más tarde a la restauración del capitalismo en la URSS. A raíz de las filas internacionales de los bolcheviques-leninistas, germinaría la Cuarta Internacional.

La Joven Guardia de los Bolcheviques-Leninistas se plantea la seria tarea histórica de construir una sección del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, como un partido trotskista independiente en la antigua URSS.

La aparición de nuestra organización y su contacto con el Comité Internacional son una prueba muy importante del renacimiento de los principios bolcheviques internacionalistas en el territorio de la antigua URSS.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional no se limita a llamar a un movimiento de masas de los jóvenes contra la guerra, busca dirigirlo a nivel mundial y vincularlo estrechamente a la lucha de la clase obrera, por ser la única manera de superar la crisis del capitalismo.

“¡La lucha contra la guerra significa hoy la lucha por la Cuarta Internacional!” (León Trotsky, “La guerra y la Cuarta Internacional”).

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