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Perspectiva

Liberen a Gershkovich y detengan la persecución viciosa de Julian Assange

El World Socialist Web Site llama a la liberación inmediata del reportero Evan Gershkovich del Wall Street Journal arrestado el 29 de marzo en Rusia y acusado de espionaje. Gershkovich fue arrestado la semana pasada en la ciudad de Ekaterinburgo (antes Sverdlovsk) en los Urales, donde se encuentra el centro de la industria armamentística rusa. Previamente había reportado sobre el impacto de la guerra en Ucrania en las familias de los soldados rusos y en la dislocación económica causada por la campaña de sanciones liderada por EE.UU.

El reportero de 31 años nació en Estados Unidos en una familia soviética-judía que emigró en los años setenta y se estableció en Nueva Jersey. Ha trabajado en Moscú como reportero durante los últimos seis años, primero para Moscow Times, luego Agence France-Presse y, desde enero de 2022, para el Wall StreetJournal .

El Gobierno de Biden y la OTAN han respondido con premura al arresto del reportero. Cuando se dirigía a Mississippi para ver los daños de los tornados, el mandatario se tomó el tiempo de decirles a los reporteros fuera de la Casa Blanca que su mensaje a Moscú era “Déjenlo ir”. El secretario de Estado, Antony Blinken, llamó al canciller ruso Serguei Lavrov el domingo sobre la detención. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg dijo que el arresto sería incorporado a la agenda de la reunión de cancilleres de la OTAN el martes.

El domingo, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia dijo que Gershkovich fue “atrapado con las manos en la masa cuando intentaba obtener información secreta, recolectando datos que constituyen un secreto de Estado, bajo el disfraz de periodista”.

El WSWS no puede juzgar las acusaciones contra Gershkovich. Dada la naturaleza de la prensa estadounidense, existe una línea borrosa entre el periodismo y el Estado. Al mismo tiempo, el Gobierno de Putin, que representa una facción de la oligarquía, podría estar intentando prevenir que cierta información se haga pública.

En cualquier caso, como cuestión de principio, es necesario oponerse al arresto de Gershovich. El arresto de periodistas en cualquier rincón legitima el arresto de periodistas en todo el mundo.

Siendo así, es necesario señalar a la asombrosa hipocresía del Gobierno de Biden y las potencias de la OTAN. Ante las protestas de la Casa Blanca, huelga decir, “El burro hablando de orejas”.

Comenzando con el Gobierno de Obama-Biden, más denunciantes han enfrentado cargos bajo la Ley de Espionaje en la última década que en toda la historia anterior de EE.UU.

El caso más conocido, que ha despertado condenas nivel mundial, es el procesamiento de Julian Assange, editor y fundador de WikiLeaks.

Assange ha estado recluido en la prisión británica de alta seguridad de Belmarsh durante los últimos cuatro años, desde que la policía británica asaltó la Embajada ecuatoriana en Londres el 11 de abril de 2019. Se encontraba asilado ahí y efectivamente encarcelado por un cordón policial británico desde 2012. Desde su detención, Assange ha estado luchando contra la extradición a Estados Unidos, donde se enfrenta a cargos de espionaje que podrían resultar en una pena de 175 años en una prisión de máxima seguridad para terroristas y asesinos en serie.

El presidente Biden, cuyo Gobierno condena ahora el encarcelamiento de Evan Gershkovich, denunció a Julian Assange como un “terrorista de alta tecnología” porque WikiLeaks hizo públicos los archivos militares que documentaban las atrocidades cometidas por Estados Unidos en Afganistán e Irak. Estos archivos fueron filtrados por la valiente denunciante Chelsea Manning, quien pasó siete años en prisión, gran parte de ellos en régimen de aislamiento.

De hecho, una de las revelaciones más importantes de Manning y Assange fue el vídeo “Asesinato colateral”, que documentó la masacre estadounidense de una docena de civiles en Irak, entre ellos dos periodistas de Reuters.

Manning también proporcionó a WikiLeaks archivos del Departamento de Estado que documentaban conspiraciones diplomáticas estadounidenses para subvertir y derrocar Gobiernos, así como registros que exponían la tortura de prisioneros en Guantánamo.

Otra publicación de WikiLeaks fue la denominada Bóveda 7, un enorme arsenal de herramientas para infiltraciones informáticas y espionaje de la CIA. Esta publicación llevó a Mike Pompeo, el entonces director de la CIA de Trump, a tildar a WikiLeaks de “servicio de inteligencia hostil, no estatal”, declarando efectivamente una cacería contra la publicación en línea. Desde entonces, la CIA ha organizado la vigilancia ilegal de Assange y sus abogados y ha discutido la posibilidad de secuestrarlo o asesinarlo.

Otro contraste digno de mención entre Gershkovich y Assange es la cuestión del acceso consular. El Departamento de Estado de EE.UU. ha exigido enérgicamente a las autoridades rusas que permitan a los funcionarios de la Embajada de EE.UU. en Moscú hablar directamente con el reportero encarcelado, para defender mejor sus derechos. Julian Assange es ciudadano australiano, pero una sucesión de Gobiernos australianos, incluido el actual Gobierno laborista del primer ministro Anthony Albanese, han hecho lo menos posible para obtener acceso a Assange, y nada en absoluto para insistir en su liberación y repatriación a Australia.

En cuanto a los medios de comunicación corporativos, su hostilidad hacia Assange es tan generalizada que imponen un apagón mediático con respecto a la campaña en su defensa. Su padre y su hermano, John Shipton y Gabriel Shipton, se encuentran actualmente de visita en Estados Unidos, organizando proyecciones públicas en ciudades estadounidenses de la película documental Ithaka, realizada con la cooperación de la familia y los partidarios de Assange. La prensa “convencional “ no ha reportado la noticia, por lo que los Shipton han tenido que aparecer en el programa fascista de Tucker Carlson en Fox News, uno de los pocos lugares abiertos a ellos.

El trato a Assange solo es el ejemplo más atroz que puede citarse de la flagrante hipocresía del imperialismo estadounidense con respecto a la libertad de prensa. El Comité para la Protección de los Periodistas señaló que en Estados Unidos “al menos 110 periodistas fueron detenidos o acusados penalmente en relación con su labor informativa, y alrededor de 300 periodistas fueron agredidos en 2020, la mayoría a manos de las fuerzas policiales”, principalmente en relación con la brutal represión de las protestas contra la violencia policial de ese año.

Por otra parte, la clase dirigente y los medios de comunicación estadounidenses están inmersos en una campaña cada vez más intensa contra los académicos chinos, con acusaciones infundadas y generales de espionaje, así como en sus intentos de hundir la red social de origen chino, TikTok.

La hipocresía de la Administración de Biden en relación con la detención de Gershkovich es parte integrante de la hipocresía que ha caracterizado la guerra de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia en su conjunto. La clase dominante estadounidense, cuyas manos chorrean sangre y represión, proclama que defiende la libertad y la democracia en todo el mundo, y piensa que nadie se dará cuenta de sus mentiras.

La lucha contra la persecución de Julian Assange y WikiLeaks, que cumple 13 años, es la campaña más importante en defensa de la libertad de prensa del siglo veintiuno. Esta prolongada experiencia tiene una gran lección: no existe una base de apoyo para la defensa de los derechos democráticos en ningún sector de la clase dominante capitalista ni en los medios de comunicación corporativos que controla. Esta lucha debe llevarse a cabo dentro, mediante y por parte de la clase obrera, sobre la base de un programa socialista en oposición a la guerra y la explotación capitalista.

(Publicado originalmente en inglés el 3 de abril de 2023)

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