En 2021, Penguin Random House publicó Woke Racism: How a New Religion Betrayed Black America (El racismo concientizado: Cómo una nueva religión traicionó a los estadounidenses negros) de John McWhorter. El libro, cuyo autor es un conocido profesor de lingüística en la Universidad de Columbia y columnista del New York Times, se convirtió en un éxito de ventas y recibió una importante atención de los medios cuando fue publicado.
Woke Racism trata sobre la política de identidad contemporánea, incluyendo a la parte ideológica como es la Teoría Crítica de la Raza (CRT). Denuncia a los racistas por las locuras y la mala fe de su ideología, así como por la atmósfera de mafia que fomentan. McWhorter es observador. Su comentario es a menudo perspicaz, a veces divertido y frecuentemente mordaz. Se arriesga y toma posiciones que generalmente son impopulares dentro de su propio entorno social: la academia y las páginas de opinión del principal periódico liberal de Estados Unidos.
Sin embargo, la objeción primordial de McWhorter no es que el racialismo sea profundamente antiigualitario y esté dirigido a dividir a la clase trabajadora, sino que obstaculiza, en oposición a sus avances, las aspiraciones meritocráticas de las minorías que intentan escalar a los peldaños más altos del capitalismo estadounidense.
El autor aborda el estatus privilegiado de los obsesionados con la raza, pero no analiza ni los orígenes históricos de la ideología racial ni los intereses de clase a los que sirve. Por lo tanto, cuando se trata de proponer formas de combatir el racialismo, llega a un callejón sin salida. McWhorter concluye su libro con una serie de propuestas “pragmáticas” cuyo contenido, sean cuales sean sus intenciones, es de carácter derechista y se inclina en dirección al libertarismo.
Woke Racism argumenta que la 'Tercera Ola de Antirracismo' y su concomitante Teoría Crítica de la Raza no son ni antirracistas, ni académicas ni una teoría, sino más bien una religión puritana que es propagada por un 'Elegido' y que comparte todas las peores características del fanatismo. Esta ideología, escribe McWhorter, 'enseña que debido a que el racismo está integrado en la estructura de la sociedad, la 'complicidad' de los blancos al vivir dentro de ella constituye el racismo mismo'. Él escribe:
Bajo este paradigma, todos los que se consideran insuficientemente conscientes de este sentido de la existencia siendo blanco como un culpable eterno requiere una amarga condena y ostracismo, en un grado obsesivo y abstracto que... deja a millones de personas inocentes aterrorizadas de terminar en el punto de mira de un estilo entusiasta de inquisición que parece flotar sobre casi cualquier declaración, ambición o logro en la sociedad moderna.
McWhorter emite una serie de acusaciones contra esta nueva religión: “Personas inocentes están perdiendo sus empleos. Está coloreando la investigación académica, desviándola y, a veces, estrangulándola como la kudzu” (p. 5); 'Es un tipo de reprogramación cultural obsesiva, egoísta, totalitaria y totalmente innecesaria” (p. 15); “Es espantosamente cercana a las nociones raciales de Hitler en su concepción de una blancura malévola, extraña, profunda y sangrienta’”. (p. 15).
McWhorter rechaza la etiqueta de 'supremacismo blanco' como una descripción de la realidad moderna, señalando que minimiza la brutalidad de las relaciones raciales en el pasado e ignora décadas de cambio social. Argumenta que en lugar de que Estados Unidos esté en un constante rechazo de la raza y el racismo, el país sufre de una obsesión con eso. Millones de dólares, por ejemplo, se han vertido en la industria de Black Lives Matter.
Woke Racism aborda los absurdos de la 'educación' antirracista y pone en su sitio a los principales racialistas. McWhorter caracteriza acertadamente la 'formación en la diversidad' como 'la pronunciación de mantras vacíos' (p. 17). Denuncia a los 'Elegidos' racialistas como 'inquisidores' apocalípticos que están 'persiguiendo a las personas por no adherirse a su religión' (p. 20), 'prohíben a los herejes' y creen que la blancura es 'el pecado original', que sólo puede ser superado por 'la adoración, por personas que abrazan la auto mortificación del pecador empedernido' y aceptan 'las enseñanzas de Ta-Nehisi Coates, Ibram Kendi y Robin DiAngelo' (p. 33). Argumenta que 'en la jerarquía de los elegidos en la que los blancos son Satanás en la cima, la santidad aumenta con todas las demás personas a medida que se avanza hacia abajo en la jerarquía de la oposición interseccional'. (p. 53). Él describe White Fragility de DiAngelo como una lectura 'en tiempo presente similar a un extraño ejercicio de control mental creado por alguien empeñado en manipular y cobrar' (p. 65).
McWhorter señala la profunda subjetividad y la auto obsesión sobre la cual los racistas basan sus afirmaciones. Richard Delgado, uno de los progenitores de la CRT, 'comenzó a enseñar a los no blancos a basar sus quejas sobre la injusticia no en algo tan 'rígido' como la verdad objetiva'. (p. 62). En esta 'ideología frágil y performativa' que rechaza el racionalismo de la Ilustración, la ''historia' de una raza oprimida constituye la verdad'. (p. 63). Además, 'lo que la persona 'siente' es lo que se le ha enseñado a 'sentir' por un paradigma que le enseña a exagerar e incluso a fabricar el 'sentimiento''. (p. 163).
McWhorter relata vergüenzas públicas, carreras arruinadas y vidas destruidas. El decano de enfermería de la Universidad de Massachusetts Lowell fue despedido por escribir que 'las vidas negras importan, pero también, la vida de todos importa'. En 2020, un profesor de negocios de la Universidad del Sur de California fue expulsado de la enseñanza de un curso porque estaba explicando a su clase el significado de la expresión 'nay-guh' en chino mandarín, una 'palabra de relleno' o término de cobertura que desempeña un papel similar al de 'um' en inglés [o en español]. Un grupo de estudiantes negros afirmó sentirse ofendido por la similitud del sonido con un epíteto racial del inglés estadounidense y lanzó una campaña denunciando al profesor como racista. Fue expulsado de la clase.
En un momento dado, McWhorter presenta un cuadro que resume los principios evidentemente contradictorios de la 'Tercera Ola de Antirracismo'. Los elegidos deben 'mostrar interés en el multiculturalismo' pero tampoco ser 'culturalmente adecuados. Lo que no es tu cultura no es para ti, y no puedes intentarlo o hacerlo”. El romance es un campo minado: “Si eres blanco y sales solo con personas blancas, eres racista,” Y, sin embargo, 'si eres blanco y sales con una persona negra, estás, aunque solo sea en el fondo, exotizando a un 'otro''. También lo es la amistad: “Apoyar a las personas negras en la creación de sus propios espacios y mantenerse fuera de ellos,” Y, sin embargo, 'tener amigos negros, si no tienes ninguno, eres racista'.
Sin embargo, a pesar de todas sus incisivas observaciones, McWhorter, un autodenominado 'demócrata liberal' que también pasó varios años trabajando en el derechista Instituto Manhattan, no llega muy lejos. O más bien, el sitio dónde termina es bastante desagradable.
McWhorter concluye su libro argumentando que en lugar de unirse a la manía religiosa de los Elegidos racialistas, 'Salvar a la América negra de verdad' requiere tres cosas: 1) legalizar las drogas, 2) usar un método fonético para enseñar en las escuelas y, sonando muy parecido a Booker T. Washington, 3) promover la formación vocacional, en lugar de asistir a una universidad durante cuatro años como la ruta hacia el éxito. Estas recetas delirantes no tienen contenido progresivo.
Según el autor de Woke Racism, “Las drogas más potentes, como la heroína, deberían estar disponibles, aunque reguladas, para quienes las buscan.” Eliminando la venta de drogas ilegales como un medio para sobrevivir en las comunidades negras, argumenta McWhorter, los hombres negros que caen en este inframundo 'obtendrán trabajos legales' y las prisiones no se llenarán con personas encarceladas por 'asesinatos o robos que están relacionados con la venta de drogas'.
Los Centros para el Control de Enfermedades informan que 187 estadounidenses mueren todos los días solo por opioides, que comenzaron como productos de una industria con receta legal y regulada, asegurando enormes ganancias para los productos farmacéuticos. La epidemia de opioides ha devastado comunidades en todo el país: ha dejado a niños huérfanos, personas destrozadas por la adicción, hogares destruidos por la violencia. En cuanto a la creencia de McWhorter de que la transformación de la venta de drogas ilegales en un mercado de venta libre podría disminuir la población carcelaria, esto es extremadamente ingenuo. Como es el caso en la epidemia de opioides, un comercio ilegal de drogas florecería junto con el legal, y, en cualquier caso, las fuerzas policiales fuertemente militarizadas de Estados Unidos encontrarían nuevas justificaciones para sus depredaciones en los barrios de clase trabajadora. La legalización de los narcóticos no haría nada para resolver la desesperación que conduce al abuso de drogas, y mucho menos resolvería la crisis social en las ciudades.
Sobre la cuestión de la lectura, McWhorter se opone al uso de un método de 'palabra completa' en las escuelas. Insiste en que un enfoque exclusivamente fonético en el que los estudiantes pronuncian las palabras sería más efectivo y se ha demostrado que 'eleva enormemente los puntajes de las pruebas de los niños negros”. El otro estilo de enseñanza es más adecuado para 'niños de clase media de hogares llenos de libros'. Cualquiera que sea el valor de la fonética, y es legítimo plantear el problema, McWhorter pasa por alto para empezar las razones sociales y económicas por las que tantos niños crecen en hogares sin libros.
Su última 'solución' a la 'desigualdad social' es 'superar la idea de que todos deben ir a la universidad'. En cambio, las personas 'pueden ganarse la vida sólidamente como electricistas, plomeros, técnicos de hospitales, instaladores de televisión por cable, mecánicos de talleres de carrocería y muchos otros trabajos'.
Hablando en abstracto, nadie insistiría en que 'todo el mundo debe ir a la universidad'. Eso es una pista falsa. La cuestión esencial aquí es la aceptación total por parte de McWhorter del status quo, incluido el sistema educativo actual, arraigado en la opresión de clase, y la miríada de medios por los cuales a la clase trabajadora se le niega el acceso a la cultura.
McWhorter, que tiene un doctorado y enseña en una universidad de élite, ciertamente no espera que él o sus hijos vivirán del salario de un 'técnico de hospital' o 'mecánico de taller de reparaciones'.” Su posición sobre la 'universidad' refleja el grado en que ha asimilado y transmitido la ideología de la clase dominante: los trabajadores no tienen necesidad de literatura, filosofía, historia, arte, escritura y, por supuesto, lectura. Su papel es ser explotado, y nadie necesita poder leer a Platón (o sobre Platón) para cumplir esa función.
La disputa entre McWhorter y los racialistas es un conflicto entre dos capas dentro de la pequeña burguesía negra sobre cómo se deben asegurar y justificar los privilegios. Ninguno de los dos aboga por el más mínimo desafío al capitalismo.
McWhorter señala, por ejemplo, que la demanda de los racistas de que se alteren los estándares de admisión para que los estudiantes pertenecientes a minorías no hacen nada para abordar el problema subyacente, que es que grandes segmentos de estas poblaciones, y los estudiantes en los Estados Unidos en general, 'tienen un rendimiento educativo' inferior. Jugar con las políticas basadas en la raza de admisión a las escuelas de derecho exclusivas se puede hacer sin mover un solo dedo para mejorar el sistema de educación pública del país. Centrarse en el número excesivamente alto de expulsiones y suspensiones en las escuelas de mayoría negra como ejemplos de 'racismo institucional' no aborda, por ejemplo, el problema de los altos niveles de violencia dentro de estas comunidades. Estos son, en la medida de lo posible, puntos claros.
Sin embargo, lo que McWhorter quiere no es un programa que realmente aborde las causas subyacentes de estos problemas sociales, sino más bien dejar de promover ideas de 'victimización'. Considera vergonzosa la demanda de los racialistas de que los negros sean evaluados de acuerdo con estándares diferentes a los blancos, porque cree que refuerza una especie de 'complejo de inferioridad' negro.”McWhorter sugiere que los individuos negros deben adoptar una actitud de 'puedo hacerlo': levantarse por sus propios medios, elevando así la fortuna de la raza. La suya es una concepción de 'elevación racial' al estilo de Booker T. Washington.
La orientación política de McWhorter se hace evidente cuando se habla del Proyecto 1619 del New York Times y su 'creadora' Nikole Hannah-Jones. Dice relativamente poco sobre la sustancia del inmenso esfuerzo del periódico para construir una mentira histórica. McWhorter, que salpica su libro con pequeñas dosis de anticomunismo, no menciona, por ejemplo, al World Socialist Web Site, que dirigió la campaña para destruir esas mentiras.
Aunque McWhorter rechaza la idea de que Estados Unidos se fundó sobre el racismo y a pesar de que observa que Hannah-Jones recibió un Premio Pulitzer por escritos de opinión con afirmaciones que son 'simplemente falsas' y por sustituir 'indignación' por 'exactitud', su principal preocupación es que su promoción es en realidad una forma de 'menoscabo absoluto'. Él escribe: 'Las personas blancas que le dan palmaditas en la cabeza por ser 'valiente' o 'dar a conocer sus puntos de vista'', dice, 'son condescendientes con una mujer negra que merece algo mejor, incluso si el espíritu de la época en el que ha sido acuñada le impide saberlo por sí misma'. (p. 109).
En resumen, la principal preocupación de McWhorter es que la campaña de autopromoción de personas como Hannah-Jones se basa en cosas que son tan atrozmente estúpidas como para ser humillantes. Le gustaría que hubiera menos, como él lo describe, 'tontería' evidente.
Pero las idioteces de los racialistas no son simplemente las reflexiones de individuos equivocados y lamentables. Manifiestan los intereses de una capa de clase media alta que rechaza el igualitarismo y vive con el temor mortal de un movimiento de masas que desde abajo unificará a la población a través de las fronteras raciales. Los individuos en esta capa sienten, por lo tanto, que sus perspectivas de 'mejora' radican en la promoción de la animosidad racial como un medio para apuntalar un sistema capitalista que se está derrumbando a su alrededor.
No quieren ser juzgados sobre la base de ningún estándar universal de éxito, como McWhorter sugiere que debería estar sucediendo. Ellos quieren obtener 'lo suyo'. Después de haber sido testigos en las últimas dos décadas de un crecimiento masivo en la cantidad de riqueza financiera que se vierte sobre el 1 por ciento superior, buscan acceso a su parte aprovechando, sembrando confusión y abusando de la historia de la lucha por la igualdad y contra la opresión racial en los Estados Unidos. La combinación de nacionalismo negro, política de identidad y posmodernismo que caracteriza la perspectiva de los racialistas de hoy, que McWhorter menciona en su libro, es una posición de clase.
(Publicado originalmente en inglés el de 13 junio de 2023)