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Perspectiva

¡La lucha por liberar a Assange es una lucha contra la guerra!

Julian Assange [Photo by David G. Silvers, Cancillería del Ecuador / CC BY-SA 2.0]

El martes y el miércoles, el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, pedirá autorización para presentar su última apelación ante el Tribunal Superior británico para poder alegar contra su extradición a Estados Unidos por cargos tipificados en la Ley de Espionaje, que conllevan una cadena perpetua. Un rechazo agotaría todas sus opciones en el sistema judicial británico y podría ponerlo en un avión rumbo a Estados Unidos el mismo día.

Los trabajadores y los jóvenes de Reino Unido, Estados Unidos, su Australia natal y de todo el mundo deben exigir la libertad de Assange.

Ha sido perseguido por las agencias de inteligencia de las potencias imperialistas durante 14 años por denunciar crímenes de guerra, abusos de los derechos humanos a escala industrial e intrigas antidemocráticas. Durante casi cinco de esos años, ha permanecido recluido en la prisión de máxima seguridad británica de Belmarsh, en condiciones que ponen en peligro su vida y lo privan de sus derechos básicos, incluida la libertad bajo fianza.

El caso de Assange encarna la lucha contra la guerra imperialista, las medidas autoritarias utilizadas para reprimir la oposición a la guerra y las mentiras propagandísticas utilizadas para justificarlo todo.

Estaba en el punto de mira de Washington y Londres por publicar documentos filtrados que detallaban los crímenes del Gobierno estadounidense y sus aliados en Afganistán e Irak, y sus conspiraciones con dictaduras de todo el mundo. Assange buscaba advertir a la población de la brutalidad de la que era capaz la clase dirigente. Describió a WikiLeaks como “la agencia de inteligencia del pueblo”.

Esas advertencias están siendo confirmadas a diario y horrorosamente por la guerra de la OTAN con Rusia en Ucrania, donde probablemente cientos de miles de personas han perdido la vida, y el genocidio israelí en Gaza, que ya es responsable de al menos 30.000 muertes, principalmente de mujeres y niños. Ambos están impulsados por el afán de las potencias imperialistas de llevar a cabo un nuevo reparto del globo, sus pueblos y sus recursos, que marca el descenso cada vez más profundo hacia una tercera guerra mundial.

La persecución de Assange, que incluyó un complot de la CIA para asesinarlo y que ha devastado su salud y le ha robado ya más de una década de su vida, ha sido la punta de lanza de la represión de la oposición a la guerra, en preparación para el estallido de violencia militar que ahora en curso. Su objetivo era sentar el escalofriante precedente de que cualquiera que se interponga en los planes de guerra de las potencias imperialistas será silenciado y destruido.

El intento de silenciar brutalmente a los periodistas, que comenzó con Assange, ha desembocado en una política de asesinatos en masa. Casi 100 trabajadores de medios de comunicación y muchos de sus familiares han sido asesinados por las Fuerzas de Defensa de Israel en el transcurso de solo cuatro meses, como parte de una clara campaña de asesinatos selectivos para impedir que se informe sobre la verdad del genocidio. En Israel, Reino Unido, Estados Unidos, Europa y en todo el mundo se utilizan leyes draconianas para criminalizar las protestas contra el genocidio, y se detiene a miles de personas.

“Si las guerras pueden empezar con mentiras... la paz puede empezar con la verdad”, dijo Assange en una concentración contra la ocupación de Afganistán en la plaza Trafalgar de Londres en 2011. Desde entonces no han faltado guerras y mentiras.

En Ucrania, las potencias de la OTAN afirman defender la “soberanía” y la “democracia” colaborando con fuerzas fascistas para arrastrar a la población a una lucha hasta el último hombre, destinada a debilitar y desestabilizar Rusia.

En Gaza, apoyan la cínica afirmación del primer ministro Netanyahu de que Israel tiene el “derecho a la autodefensa”, como justificación de la limpieza étnica de los palestinos.

La suerte de Assange, la lucha por su libertad, depende del desarrollo de un movimiento de masas contra los pirómanos imperialistas responsables de estas catástrofes.

Ese movimiento ha comenzado, con protestas masivas de millones de personas en todo el mundo exigiendo el fin del genocidio de Israel en Gaza, que es solo la primera etapa de una guerra en todo Oriente Próximo, emprendida por EE.UU. y sus satélites contra Irán y sus aliados en Yemen, Siria y Líbano, para asegurar la hegemonía estadounidense sobre esta región rica en petróleo.

Este movimiento de masas debe colocar la demanda de libertad de Assange en el centro de la lucha contra el genocidio y la guerra.

En estas condiciones, el caso de Assange adquirirá dimensiones políticas explosivas en su próxima etapa, ya sea en forma de un recurso ante el Tribunal Supremo de Reino Unido, o de una defensa emprendida en Estados Unidos. Sus verdugos en Washington pueden pensar que pueden actuar con impunidad. Pero no han contado con el enorme apoyo popular a Assange y WikiLeaks.

La clase trabajadora y los jóvenes se encuentran al comienzo de un año electoral en el que los dos principales partidos que se les presentan –los republicanos y demócratas en Estados Unidos; los conservadores y laboristas en Reino Unido— son despreciados. La clase dirigente de ninguno de los dos países está en condiciones de organizar una extradición y un procesamiento sin precedentes y obscenos desde el punto de vista legal.

A nadie se le escapa que mientras persiguen a Assange, Estados Unidos y sus aliados han montado un estribillo proclamando la muerte bajo custodia de Alexéi Navalni como la prueba definitiva del carácter criminal del régimen de Putin, derramando un océano de lágrimas por este delincuente racista. Y millones de personas no aceptarán el derecho de la élite gobernante a castigar a alguien que ha revelado crímenes de guerra anteriores cuando se están movilizando semana tras semana para protestar los crímenes más recientes que fueron autorizados en Gaza por el “genocida Joe” Biden y Rishi Sunak.

Después de más de una década de la implacable persecución de Julian Assange a manos de las potencias imperialistas, es hora de que los trabajadores y los jóvenes saquen las lecciones de la lucha por su libertad. En esta coyuntura crítica, es urgentemente necesario unir la lucha contra la guerra con la lucha por la liberación de Julian Assange.

Como todas las grandes campañas de defensa del pasado, la lucha por liberar a Julian Assange solo puede tener éxito en la medida en que movilice a la clase trabajadora, vinculando la lucha por liberar a Assange con la lucha contra la guerra y la lucha de millones de trabajadores en todo el mundo contra los brutales ataques a sus puestos de trabajo, salarios, los servicios esenciales y los derechos democráticos básicos.

Esto implica un rechazo consciente de todas las fuerzas políticas, desde el Partido Laborista en Reino Unido hasta el Partido Demócrata en los EE.UU., que han dirigido tanto el genocidio de Gaza como la persecución de Assange.

El World Socialist Web Site, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y sus Partidos Socialistas por la Igualdad afiliados seguirán librando una lucha inquebrantable y decidida para unir a la clase obrera en esta lucha.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 19 de febrero de 2024)

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