Mientras la administración de Donald Trump continúa su guerra contra Irán —provocando el cierre del estrecho de Ormuz, una de las vías marítimas comerciales más importantes del mundo—, el Pentágono está intensificando los preparativos para una devastadora guerra de cambio de régimen contra Cuba.
Un informe de CNN, basado en datos públicos de aviación, revela un aumento drástico en los vuelos militares de inteligencia estadounidenses alrededor de la isla. 'Desde el 4 de febrero', informó CNN, 'la Armada y la Fuerza Aérea de Estados Unidos han realizado al menos 25 vuelos de este tipo utilizando aeronaves tripuladas y drones, la mayoría cerca de las dos ciudades más grandes del país, La Habana y Santiago de Cuba, y algunos a menos de 64 kilómetros de la costa, según FlightRadar24'.
Los vuelos han incluido aviones de patrulla marítima P-8A Poseidon diseñados para vigilancia y reconocimiento, aviones RC-135V Rivet Joint especializados en la recopilación de inteligencia de señales y drones de reconocimiento de gran altitud MQ-4C Triton.
CNN reconoció que, antes de febrero, 'este tipo de vuelos visibles al público eran extremadamente raros en esta zona', y añadió que hubo un patrón similar de vigilancia intensificada antes de las operaciones militares en Venezuela, Irán y Rusia.
Esta postura agresiva quedó patente el 6 de mayo, cuando el secretario de Estado, Marco Rubio, fue fotografiado en la sede del Comando Sur de Estados Unidos en Doral, Florida, de pie frente a un mapa de Cuba.
Estos vuelos no son patrullas rutinarias, sino misiones de recopilación de inteligencia diseñadas para identificar objetivos estratégicos que van de la mano con las crecientes medidas para paralizar la economía cubana y cualquier capacidad para repeler un ataque.
El impacto en la sociedad cubana ha sido devastador. Más del 55 por ciennto del país sufre apagones que duran hasta 24 horas diarias. Según la Economist Intelligence Unit, se prevé que la economía cubana se contraiga un 7,2 por ciento en 2026, incluso antes de que las últimas sanciones entren en pleno vigor.
El 1 de mayo, tras amenazar con “tomar Cuba de inmediato”, Trump emitió las sanciones más severas impuestas hasta la fecha a la isla. La orden ejecutiva amenaza con excluir del sistema financiero dominado por Estados Unidos a cualquier empresa que realice negocios con Cuba.
En virtud de esta orden, Rubio anunció la semana pasada sanciones contra el conglomerado militar-comercial GAESA, su ejecutiva Ania Guillermina Lastres Morera y la minera Moa Nickel. Se estima que GAESA, estrechamente vinculada a la familia Castro, participa en aproximadamente el 40 por ciento de las empresas cubanas.
Estas últimas sanciones continúan el abandono táctico de los acuerdos anteriores que permitían la entrada de capital estadounidense a Cuba a través del sector privado y mediante contactos con figuras vinculadas a la familia Castro y GAESA. Washington libra ahora una guerra económica sin cuartel, al tiempo que prepara una intervención más amplia.
Washington ha fijado el 5 de junio como fecha límite para que las empresas extranjeras pongan fin a cualquier operación relacionada con GAESA, y Rubio advirtió que se avecinan sanciones adicionales.
Las consecuencias ya se están haciendo sentir. El gigante minero canadiense Sherritt International anunció el jueves que cerrará sus operaciones en Cuba tras haber mantenido una presencia continua en la isla desde la década de 1990.
La empresa reconoció que se enfrentaba a la posibilidad de sanciones 'en cualquier momento', lo que podría interrumpir su acceso a las redes bancarias internacionales.
El cierre supone un duro golpe para una de las principales fuentes de ingresos por exportaciones de Cuba. El níquel ha sido uno de los productos de exportación más importantes del país durante años. Cuba perderá ingresos no solo por la producción de sulfuro en la mina Moa, sino también por las operaciones de refinación en Canadá y las actividades comerciales con sede en las Bahamas.
Las repercusiones podrían ser más graves en el sector energético. Sherritt posee un tercio de Energas, que suministra aproximadamente el 10 por ciento de la generación de electricidad de Cuba.
Según el economista Omar Everleny Pérez, Energas no solo proporciona la producción eléctrica básica, sino que también suministra la capacidad de reserva necesaria para reactivar las antiguas centrales termoeléctricas de Cuba tras apagones.
Hay preocupaciones por la empresa turca Karpowership, cuyas plantas eléctricas flotantes actualmente abastecen aproximadamente una cuarta parte de las necesidades de electricidad de Cuba. Los analistas advierten que estas operaciones también podrían ser objeto de sanciones estadounidenses, dado que mencionan específicamente el sector energético.
Como señaló el profesor Paolo Spadoni, Estados Unidos “ha hecho un trabajo increíblemente bueno atacando sus fuentes de ingresos. Ahora que han afectado a las exportaciones de níquel, queda muy poco por atacar”.
Las afirmaciones de Washington de que Cuba —una pequeña nación insular con menos de 10 millones de habitantes— constituye una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos son manifiestamente absurdas. Además, las acusaciones de que La Habana alberga bases de espionaje rusas o chinas son meras tácticas propagandísticas destinadas a generar apoyo público a la agresión.
La campaña contrarrevolucionaria global de Washington
Al igual que en los casos de Venezuela e Irán, la administración Trump libra una campaña contrarrevolucionaria global contra cualquier gobierno que desafíe, aunque sea parcial o inconsistentemente, el dominio de Washington sobre los recursos, los mercados y los territorios estratégicos del mundo. El objetivo no es solo el gobierno cubano, sino también el legado histórico de las luchas anticoloniales y sociales del siglo XX.
Las revoluciones china, cubana, iraní y nicaragüense —todas ellas moldeadas, aunque de diversas maneras, por la inmensa influencia de la Revolución rusa— representaron golpes contra la dominación imperialista. Hoy, el imperialismo estadounidense busca borrar toda consecuencia social y política que aún persista de esas convulsiones.
El propio Rubio ha presentado repetidamente la política exterior estadounidense como una cruzada contra lo que él denomina 'revoluciones comunistas ateas' y levantamientos anticoloniales que se remontan a 1945. Detrás del lenguaje de 'democracia' y 'seguridad' se esconde un intento de reimponer la dominación imperialista directa sobre el mundo entero.
Ante la creciente presión, el gobierno cubano ha respondido con concesiones cada vez más desesperadas. Entre las medidas más significativas adoptadas desde que arribó una delegación del Departamento de Estado del 11 de abril a La Habana para presentar un ultimátum exigiendo cambios económicos y políticos radicales en cuestión de semanas, el Consejo de Estado cubano aprobó un nuevo 'Estatuto Migratorio de Inversionistas y Empresas de Ciudadanos Cubanos Residentes en el Extranjero'.
Esta medida crea una categoría migratoria especial que permite a los miembros de la diáspora cubana invertir, poseer y vender propiedades y negocios dentro de Cuba. Representa una importante apertura al capital privado y un atractivo directo para los cubanos expatriados adinerados, incluyendo sectores históricamente vinculados a conspiraciones golpistas y ataques terroristas contra la isla.
Rubio rechazó las concesiones de plano, declarando: “Es imposible llevar a cabo reformas económicas serias con esta gente al mando. Es imposible”. Esta declaración dejó claro que Washington no busca reformas, sino un cambio de régimen y la instauración de un gobierno títere totalmente subordinado.
Los gobiernos nacionalistas de izquierda de Claudia Sheinbaum en México y Lula da Silva en Brasil se han convertido en cómplices clave de la operación de aislamiento y cambio de régimen contra Cuba. Su respuesta a la agresión contra Cuba demuestra que ninguna élite gobernante se opone a la opresión imperialista en ningún lugar. El recurso a la dictadura y la sumisión manifiesta al imperialismo son signos de debilidad política, no de fortaleza.
Al mismo tiempo, Washington está intensificando su ofensiva contra los migrantes cubanos. Si bien la Ley de Ajuste Cubano, que ofrecía vías para obtener la residencia y la ciudadanía en Estados Unidos, se mantiene formalmente vigente, el camino hacia la legalización se ha cerrado de facto.
El abogado especializado en inmigración Willy Allen declaró: “Este ha sido el período más difícil para los cubanos. El mito de que los cubanos eran especiales ha muerto”. Señaló que se ha eliminado el programa anual de libertad condicional para 20.000 ciudadanos cubanos, junto con las 25.000 visas que se emitían anualmente a través de La Habana.
Mientras Cuba se enfrenta al colapso de sus sistemas de salud y energía, y cuando el Pentágono traza un mapa de objetivos para posibles campañas de bombardeo, los migrantes cubanos se enfrentan cada vez más al encarcelamiento y la muerte en instalaciones del ICE como 'Alligator Alcatraz' y otros centros de detención similares a campos de concentración en todo Estados Unidos.
Expresando lo que cada vez más personas sienten tanto dentro de Cuba como en la diáspora, la migrante cubana May Díaz declaró a El País desde Houston: “Creo que algo pasará en Cuba, pero no es lo que esperamos. Para mí, lo que viene es una dictadura con Coca-Cola. Los cubanos en este limbo migratorio estamos como si nos hubieran soltado en un coliseo con 100 leones detrás y las piernas y las manos atadas. Hoy, en este minuto, yo no soy ni de aquí ni de allá. No tengo país. No hay ahora mismo un lugar en el mundo que me abra los brazos y me permita respirar”.
Las palabras de May Díaz captan con una precisión desgarradora lo que el revolucionario ruso León Trotsky previó cuando describió el capitalismo en su agonía, convirtiendo al mundo entero en una prisión para millones de personas cada vez mayores.
El bloqueo impuesto por la administración Trump y sus amenazas de acción militar contra La Habana, el bombardeo de pescadores en el Caribe y el Pacífico, y la ofensiva general contra la región forman parte de la misma estrategia que recluye a migrantes en campos de concentración y ordena a las fuerzas federales que maten a manifestantes en las calles de Estados Unidos.
El imperialismo estadounidense está respondiendo a su crisis sin precedentes intentando transformar todo el continente y el mundo en un vasto campo de exterminio, un mercado cautivo de mano de obra barata, recursos saqueados y poblaciones vigiladas, administradas por regímenes títeres que no rinden cuentas a su propio pueblo, sino a Wall Street.
La clase trabajadora de todo el hemisferio, y sobre todo dentro de los propios Estados Unidos, debe intervenir como fuerza política independiente para detener cualquier agresión militar contra Cuba, liberar a todos los migrantes detenidos en centros estadounidenses y romper el dominio del imperialismo sobre el continente.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 12 de mayo de 2026)
