La muerte la semana pasada de un trabajador del Complejo General Motors de Silao, en el estado de Guanajuato, México, tras sufrir un ataque al corazón y, según se informa, no recibir atención de emergencia, es la expresión más reciente de lo prescindibles que son las vidas de los trabajadores automotrices ante el lucro capitalista.
El 4 de mayo, Jesús Martín Olivera falleció de un infarto mientras trabajaba en la planta de transmisiones GRX del complejo GM en Silao. A la temprana edad de 36 años, Martín ya era un veterano de la planta con 18 años de experiencia. Le sobreviven cuatro hijos.
Los trabajadores de la planta han reaccionado con enfado, denunciando lo que describen como un servicio médico de la empresa cuyo único objetivo es enviar de vuelta a los trabajadores lesionados o enfermos a la línea de producción lo antes posible, así como la total falta de personal capacitado y de equipos de reanimación. Algunos han hecho llamados a un paro laboral hasta que se garanticen condiciones más seguras.
Un trabajador, en declaraciones a Diario Irapuato, expresó el sentir general: “En la empresa GM no tenemos los trabajadores buen servicio médico dentro de la empresa ya qué si nos sentimos mal la doctora solo nos da una pastilla para el mareo o dolor de cabeza y no se toma la molestia de hacer una revisión solo se sienta y según trabaja. Un compañero falleció por su nulo conocimiento de medicina y de primeros auxilios, convocamos a mis compañeros a un paro laboral hasta que nos aseguren qué van a contratar a una persona que esté capacitada para ejercer su trabajo”.
Ni la dirección de la empresa, ni la dirigencia del Sindicato Independiente Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Industria Automotriz (SINTTIA), ni las autoridades gubernamentales informaron del fallecimiento al público general hasta el 8 de mayo, cuando una facción minoritaria del sindicato, el Movimiento Azul, emitió un comunicado denunciando la negligencia de la empresa.
La declaración reveló cómo fueron los últimos minutos de Martín. Había informado a su supervisor que se sentía mal y que iba al servicio médico de la empresa. A las 6:20 a. m., un compañero de trabajo le informó a su supervisor que Martín se había desplomado, agarrándose el pecho y pidiendo ayuda, a apenas 50 metros del consultorio médico. Sus compañeros lo ayudaron a subir a una silla de ruedas que trajo la médico, quien dijo que debían esperar una ambulancia que venía de la planta de ensamblaje. Dicha ambulancia no llegó hasta las 6:40 a. m., a pesar de que ya había una ambulancia en las instalaciones; simplemente no tenían las llaves ni el conductor. En ningún momento se le practicó RCP ni ningún otro intento de reanimación.
El comunicado describe una breve reunión posterior en la que los directivos de la planta y la secretaria general de SINTTIA, Alejandra Morales, informaron a los trabajadores sobre el fallecimiento. Allí, un trabajador planteó el tema de inseguridad y preguntó: '¿Qué me pasaría si me accidento al hacer mi chamba? ¿No me van a ayudar? '. La respuesta de la dirección y del sindicato fue simplemente: 'Lo vamos a revisar'.
El comunicado del Movimiento Azul concluye haciendo un llamamiento a la secretaria general y al secretario de bienestar social del SINTTIA para que “cumplan con su responsabilidad de 'vigilar y pugnar por la integridad física de los afiliados del sindicato”. Pero si bien el comunicado hace caso omiso sobre el largo historial del sindicato de silenciar quejas y ayudar a encubrir accidentes y condiciones inseguras, los trabajadores que hablaron con el World Socialist Web Site no lo hicieron: culparon de inmediato y directamente al SINTTIA, junto con la empresa, por la muerte de Martín.
“El sindicato solo vela por sus propios intereses”, dijo un trabajador sin rodeos. Otra añadió:
Qué desgracia. Dense cuenta cómo el sindicato no hace cambios donde de verdad son necesarios y no es solo estar frente sin sindicato. Es colaborar en las mejoras para los operarios y saben muy bien que el estrés, las largas jornadas laborales y la producción que exija la empresa están matando al trabajador.
Un tercer trabajador describió su propia experiencia con el servicio médico:
A mí me habían hecho lo mismo ayer, solo me habían dado pastillas y me dijeron que me fuera, ni me revisaron ni nada. Ya hasta que me quedé sentado en las sillas y me dijo la doctora que, si ocupaba otra cosa, y le dije que me sentía mal que estaba reposando y le dije que, si no podía estar ahí o qué, y solo así me dijo que me pasara para revisarme.
Otro trabajador informó que esperó 30 minutos antes de recibir atención médica cuando tenía dificultades para respirar.
Esta muerte es inseparable de las extenuantes condiciones laborales a las que están sometidos los trabajadores en el complejo, donde los turnos de 12 horas son la norma. Los trabajadores de la planta deben levantarse a las 3:30 o 4 de la mañana para llegar a las 5:45 y comenzar su turno a las 6:00, sin regresar a casa hasta las 7:15 o incluso las 7:40 de la noche.
En informes anteriores del World Socialist Web Site, los trabajadores de GM Silao han descrito cómo sus compañeros 'desafortunadamente se lesionan la espalda y los pies' debido a la gran carga de trabajo, y uno de ellos señaló que 'el estrés puede causar mucha angustia entre los empleados; puede provocar accidentes o, en el peor de los casos, derrames o ataques cardíacos'.
Cuando la maquinaria se detiene, los trabajadores se ven obligados a transportar el equipo pesado manualmente en lugar de detener la producción. Los descansos son insuficientes y cualquier solicitud de relevo es considerada por la gerencia como insubordinación. Los trabajadores han descrito cómo los líderes de equipo les impiden beber agua o ir al baño como castigo por llegar unos minutos tarde. “Era una tortura porque estábamos en plena temporada de calor”, declaró un trabajador de la planta de ensamblaje de chasis al WSWS.
En este contexto, un episodio cardíaco sufrido por un trabajador extenuado en la planta no es una cuestión de mala suerte, sino el resultado inevitable de las condiciones que la dirección y los sindicatos han impuesto deliberadamente.
El WSWS ha documentado durante años las consecuencias mortales de esta indiferencia corporativa. Al comienzo de la pandemia de COVID-19, el complejo de Silao se convirtió en un campo de batalla. Once trabajadores de la planta fallecieron a causa del coronavirus, según testimonios de trabajadores que hablaron con el Boletín Informativo Automotor del WSWS. Estas muertes fueron consecuencia directa de la decisión del gobierno de Andrés Manuel López Obrador de reabrir las plantas manufactureras mexicanas en mayo de 2020, otorgando a las corporaciones transnacionales carta blanca para sacrificar la vida de los trabajadores en aras de las ganancias.
La pandemia también ha puesto al descubierto la orientación fundamental de todas las instituciones supuestamente responsables de proteger a los trabajadores. Mientras que los trabajadores de base del grupo Generando Movimiento en Silao se oponían al impulso de GM para expandir la producción, declarando su solidaridad con los trabajadores automotrices estadounidenses contra anteponer la producción a la seguridad de los trabajadores, la burocracia del UAW simultáneamente instaba a los trabajadores a 'seguir trabajando'.
SINTTIA, el supuesto sindicato “independiente” que reemplazó a la CTM en Silao en 2021, no ha demostrado ser diferente en la práctica. Los trabajadores denuncian que “ninguno de los dos sindicatos hace nada por los trabajadores; si es que hacen algo”.
Ahora, cuando el mundo se enfrenta a un nuevo brote —esta vez de hantavirus—, las lecciones del COVID-19 deben ser asimiladas de forma urgente. En abril de 2026, se identificó un brote de infección por hantavirus, causado por el virus de los Andes, en el crucero holandés MV Hondius, que provocó muertes confirmadas y pacientes en estado crítico en varios países. El virus de los Andes es el único tipo de hantavirus documentado que se transmite de persona a persona, y los pacientes pueden deteriorarse con extrema rapidez; la demora en la atención médica reduce las posibilidades de supervivencia.
Para los trabajadores de GM Silao y de toda la clase obrera internacional, la respuesta a temas de seguridad es una cuestión de vida o muerte. Los sindicatos —ya sean la CTM, el SINTTIA o el UAW— han demostrado una y otra vez que funcionan como instrumentos de explotación empresarial, no como defensores de los intereses de los trabajadores.
La única salida es que los trabajadores formen comités de base: organizaciones genuinamente democráticas, independientes de los sindicatos y de todas las fuerzas procapitalistas, capaces de unirse con los trabajadores automotrices de toda Norteamérica y más allá, incluso para decidir sobre los ritmos de producción y detener la línea cuando las condiciones sean inseguras. Jesús Martín Olivera merecía atención de emergencia. Merecía un lugar de trabajo seguro. Su muerte debe servir de estímulo para que los trabajadores tomen cartas en el asunto.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 14 de mayo de 2026)
