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Perspectiva

Elon Musk se convertirá en el primer billonario del mundo: el caso a favor de la expropiación

Elon Musk se pronuncia durante una rueda de prensa con el presidente Donald Trump, a la derecha, mientras el secretario del Tesoro Scott Bessent, a la izquierda, y el secretario de Comercio, Howard Lutnick, lo escuchan en el Despacho Oval de la Casa Blanca, 30 de mayo de 2025, Washington D.C. [AP Photo/Evan Vucci]

En los próximos 10 días, Elon Musk está a punto de convertirse en el primer billonario (trillionaire en inglés), cuando SpaceX, el monopolio de lanzamiento espacial que controla, lleve a cabo la mayor oferta pública inicial (OPI) en la historia.

Cuando la OPI sea valorada el 11 de junio, la fortuna neta de Musk superará el billón de dólares. Su participación de aproximadamente el 41 por ciento valdrá cerca de 700.000 millones de dólares al precio de oferta.

En términos nominales, la fortuna de Musk es ya la mayor que cualquier persona haya poseído jamás. El Wall Street Journal situó su riqueza en 970.000 millones de dólares incluso antes del lanzamiento oficial. Esto equivale a aproximadamente el 3 por ciento de toda la producción económica de los Estados Unidos, el doble de la participación que John D. Rockefeller tenía a su muerte en 1937.

El nivel de concentración de riqueza es difícil de explicar solo con números. El Journal señaló que, repartidos a lo largo de los 31 años transcurridos desde que Musk fundó su primera empresa, 970.000 millones de dólares equivalen a 3,6 millones de dólares por hora. Un hogar con el ingreso medio estadounidense necesitaría 11 millones de años para igualarlo.

Musk encarna personalmente la enorme concentración de riqueza dentro de la oligarquía financiera estadounidense, pero todo el edificio de las finanzas estadounidenses se beneficiará de la OPI de SpaceX. Goldman Sachs, Morgan Stanley, Bank of America, Citigroup y JPMorgan encabezan un sindicato de más de 20 bancos que se repartirán alrededor de 500 millones de dólares en honorarios.

La oferta de SpaceX será la primera de tres de las mayores OPI de la historia, todas previstas para este año. La empresa de inteligencia artificial Anthropic solicitó su salida a bolsa el 1 de junio con una valoración cercana a los 965.000 millones de dólares, y su competidora OpenAI, valorada en unos 852.000 millones de dólares, probablemente será la siguiente. Juntas, las tres valen más de 3,5 billones de dólares, aproximadamente el 10 por ciento del producto interior bruto de Estados Unidos.

La OPI valora SpaceX en aproximadamente 1,75 billones de dólares, colocándola entre las 10 empresas más valiosas del mundo. Pero por ingresos, ocuparía el puesto 200 entre las empresas estadounidenses, aproximadamente del tamaño de General Mills.

El propio prospecto de SpaceX advierte que tiene 'un historial de pérdidas netas' y que 'puede no alcanzar la rentabilidad en el futuro'.

SpaceX perdió 4.940 millones de dólares en 2025 y 4.280 millones de dólares solo en el primer trimestre de 2026, y ha acumulado 41.300 millones de dólares en pérdidas desde su fundación. Al precio de la oferta, su valoración es 93,7 veces los ingresos anuales, más de cinco veces la cifra de Tesla.

SpaceX justifica su valoración sobre la base de su poder monopolístico en las industrias que afirma tendrán las alturas de mando de la economía del futuro: lanzamiento espacial, comunicaciones espacio-tierra y, cada vez más, inteligencia artificial. Su prospecto utiliza la frase 'integración vertical' —una expresión clave para designar el monopolio— casi 40 veces.

El documento asume que el gobierno no hará ningún esfuerzo por frenar ese poder. Entre los riesgos que enumera su presentación se encuentran las erupciones solares, los micrometeoritos y las colisiones con restos orbitales, pero la palabra 'antimonopolio' no aparece en ningún momento.

SpaceX se presenta como 'un motor de innovación verticalmente integrado en (y fuera de) la Tierra' y presume de que 'desde 2023, hemos lanzado más del 80% de la masa en órbita en el mundo cada año'. Es el principal proveedor de lanzamientos para el gobierno de los Estados Unidos, que le suministra lucrativos contratos.

De sus tres negocios —lanzamientos, comunicaciones e inteligencia artificial—, solo Starlink, la red de satélites, genera ganancias. Sin embargo, el prospecto sitúa 26,5 billones de dólares de su supuesto mercado total de 28,5 billones en la inteligencia artificial, un sector que hasta ahora solo ha producido pérdidas para la empresa.

La columnista del Financial Times Rana Foroohar escribió que el prospecto de 200.000 palabras 'parece escrito, al menos en parte, por alguien bajo los efectos de las drogas'. Pero añadió que SpaceX representa 'algo de una seriedad mortal: la ambición de privatizar el espacio, que hasta ahora era competencia de los gobiernos'.

Estas valoraciones no guardan ninguna relación con la producción de valor. Los mercados bursátiles se encuentran en máximos históricos sobre una ola de especulación, la inflación de activos financieros divorciada de la economía real. Pero esta masiva ola de especulación se basa en la apuesta de que la inteligencia artificial y la automatización desplazarán decisivamente el equilibrio entre el capital y el trabajo a favor del capital, arrojando a los trabajadores fuera de sus empleos, reduciendo los salarios y entregando las ganancias a quienes poseen las máquinas. La industria tecnológica ha eliminado más de 140.000 empleos este año, muchos de ellos debido a la inteligencia artificial, y los inversores que pujan por SpaceX hacia los 1,75 billones de dólares están pagando por la promesa de que la clase obrera será empobrecida.

En el tercer volumen de El Capital, Karl Marx describió el doble carácter del sistema de crédito, afirmando que sus 'dos características' son 'por un lado, desarrollar el incentivo de la producción capitalista, el enriquecimiento mediante la explotación del trabajo ajeno, hasta adoptar la forma más pura y colosal del juego y la estafa, reduciendo cada vez más el número de los pocos que explotan la riqueza social; y por otro lado, constituir la forma de transición hacia un nuevo modo de producción'.

Es esta 'naturaleza ambigua', escribió Marx, la que dota a las figuras principales del capitalismo de 'la agradable mezcla de carácter del estafador y del profeta'.

La enorme concentración de riqueza en las alturas de la sociedad va acompañada del empobrecimiento de la gran mayoría de la población. En diciembre, el Departamento de Agricultura informó que 47,9 millones de personas en los Estados Unidos —uno de cada siete hogares— no podían permitirse adquirir alimentos de manera fiable.

El 1 por ciento más rico de los hogares estadounidenses posee el 31,7 por ciento de la riqueza del país, un récord; sus más de 50 billones de dólares equivalen aproximadamente a lo que tiene el 90 por ciento inferior de la población en conjunto.

Una riqueza tan concentrada no puede coexistir con la democracia. Musk es el representante más flagrante de una oligarquía financiera criminal, no solo por su fortuna, sino por su abierto abrazo al fascismo y su atraso cultural, el verdadero retrato de la clase dominante estadounidense. Volcó dinero en la segunda administración Trump, dirigió su purga de la fuerza laboral federal y ha financiado a la ultraderechista Alternativa para Alemania y al fascista británico Tommy Robinson.

La administración Trump es el gobierno de esta oligarquía. Su conspiración para establecer una dictadura, su asalto a los derechos democráticos, sus guerras y su saqueo en el exterior son el programa de una clase dominante que ya no puede conciliar su riqueza con las formas democráticas. Esto es el imperialismo estadounidense, y Musk es su rostro.

La magnitud de esta concentración ha puesto de manifiesto la futilidad de toda respuesta reformista a la desigualdad social. Esta semana, el senador Bernie Sanders de Vermont propuso en el New York Times un 'fondo soberano de riqueza de IA estadounidense', financiado mediante un impuesto sobre las acciones de OpenAI, Anthropic y xAI.

Esta propuesta no es, en realidad, otra cosa que lo que los propios oligarcas tecnológicos han propuesto repetidamente. El artículo de opinión de Sanders citaba favorablemente la declaración de Musk de que 'el ALTO INGRESO universal mediante cheques emitidos por el gobierno federal es la mejor manera de abordar el desempleo causado por la IA'. Es el mismo esquema que Sam Altman de OpenAI ha planteado. Mientras prometen esquemas de 'renta básica universal' que no tienen ninguna intención de entregar, los oligarcas se apoderan de una parte cada vez mayor de la riqueza social.

La propuesta de Sanders encarna el programa inútil del Partido Demócrata, que, de hecho, habla en nombre de la oligarquía financiera a la que pretende criticar.

El poder de la oligarquía financiera no puede romperse haciendo retoques en los márgenes. El único programa viable es la expropiación.

La riqueza de Musk y sus compañeros oligarcas debe ser confiscada y convertida en propiedad común de la sociedad. El control estrangulador de la oligarquía sobre la vida social, económica y política debe romperse, y eso solo puede venir a través de un movimiento masivo de la clase obrera. En manos de la clase dominante, la automatización y la inteligencia artificial son armas contra los trabajadores; en manos de la sociedad, podrían mejorar enormemente la productividad y el nivel de vida de la población.

La fuerza social capaz de lograr esto es la clase obrera, y está siendo empujada a la lucha. Millones no pueden permitirse el alquiler ni la comida; millones más están viendo cómo sus empleos desaparecen en las máquinas que la oligarquía está construyendo. La ira está irrumpiendo en huelgas y protestas que el aparato sindical trata desesperadamente de controlar.

Esta escala de concentración de la riqueza debe, con una lógica inexorable, producir una enorme convulsión social y una revolución, tan inevitablemente como ocurrió en 1789 y en 1917.

Lo que se necesita es una dirección socialista consciente. La perspectiva del Comité Internacional de la Cuarta Internacional y el Partido de la Igualdad Socialista es la construcción de un movimiento revolucionario de la clase obrera para tomar el poder y reorganizar la vida económica sobre la base de las necesidades humanas. La expropiación de la oligarquía es la tarea de la propia clase obrera.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 4 de junio de 2026)

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