Fue el intercambio de disparos más intenso desde el alto el fuego nominal que entró en vigor a principios de abril, y tuvo lugar en el centésimo día de la guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron contra Irán el 28 de febrero.
A los cien días del inicio de la guerra, la administración Trump no ha logrado ninguno de sus objetivos bélicos y se enfrenta a una crisis cada vez más grave. No ha derrocado al gobierno de Irán, ni ha paralizado a su ejército, ni ha abierto el estrecho de Ormuz.
El intercambio se produjo tras semanas de ataques israelíes contra el Líbano y Palestina. La semana pasada, los ataques israelíes mataron a más de 30 personas en el Líbano y a más de 20 en Gaza, y las tropas israelíes mataron a tiros a un niño de siete meses, Sam Abu Haikal, en la Cisjordania ocupada.
El domingo, Israel atacó los suburbios del sur de Beirut y esa noche, Irán, que había dicho que respondería a cualquier ataque contra la capital libanesa, lanzó sus primeros misiles contra Israel desde el alto el fuego nominal.
El lunes por la noche, el mando militar conjunto de Irán anunció que suspendía las operaciones.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dejó claro que la «pausa» anunciada el lunes era provisional y podía romperse en cualquier momento. Afirmó que los combates se habían detenido «después de que golpeáramos al régimen terrorista de Teherán», pero prometió reanudarlos en cuanto Irán volviera a disparar: «Si el régimen terrorista de Irán comete el error de volver a atacarnos, responderemos con fuerza». Dijo que Israel seguiría adelante con su ofensiva contra Hezbolá de todos modos.
En una entrevista grabada en una granja de Wisconsin y transmitida el domingo en el programa Meet the Press de la NBC para conmemorar los 100 días de guerra, el presidente de EE. UU., Donald Trump, le dijo a Kristen Welker que la guerra terminaría mediante un acuerdo o «para ser honesto contigo, los voy a hacer pedazos».
Cuando se le preguntó cuánto duraría la guerra, Trump afirmó en cuatro ocasiones distintas que solo llevaba tres meses, en comparación con los 19 años que, según él, duró la guerra de Vietnam —una guerra que Estados Unidos perdió—. Finalmente, acortó la entrevista.
La matanza en Gaza continuó. Los ataques israelíes mataron al menos a cinco personas allí el lunes, entre ellas a Jad Soleiman, de ocho años, alcanzado en Jabaliya cuando regresaba a casa de la escuela. Su padre, Yusuf, declaró a Associated Press: «Corrí hacia él y lo encontré tirado en el suelo con la mochila aún puesta. Está cubierta de su sangre... Estaba exhalando sus últimos alientos». Otras dos personas murieron en Jan Yunis.
La guerra en el Líbano ha causado más de 3.600 muertos desde marzo, informó el lunes el Ministerio de Salud libanés. Entre los fallecidos hay soldados del ejército libanés —una fuerza contra la que Israel ni siquiera está luchando—, incluidos tres que murieron el 6 de junio cuando un ataque israelí alcanzó su vehículo. Más de un millón de personas han huido de sus hogares. Las tropas israelíes ocupan una franja del sur del Líbano y han ordenado la evacuación de casi una quinta parte del país, y el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha dicho que sus fuerzas mantendrán el terreno que controlan hasta el río Litani y no se retirarán.
Se están manifestando importantes divisiones dentro de la clase política estadounidense sobre cómo abordar la crisis desencadenada por la guerra.
El Wall Street Journal, en nombre de sectores importantes del establishment política, exigió una mayor escalada. En un editorial del lunes titulado «Israel lucha mientras Trump habla», se quejaba de que Washington «exige más moderación a un aliado que a Irán» y elogiaba los bombardeos israelíes como un servicio a la diplomacia estadounidense que «allanaría el camino para la acción militar».
«Si el régimen no llega a un acuerdo que satisfaga los objetivos de EE. UU., el Sr. Trump necesita una alternativa, y pronto», escribió el consejo editorial. «La guerra ya ha superado los 100 días y el estrecho de Ormuz sigue cerrado... En las últimas semanas, la posición de EE. UU. se ha ido erosionando». Instó a Trump a dar a Teherán «un plazo firme» y a facultar a Israel «para hacer cumplir el alto el fuego frente a las violaciones iraníes».
El conflicto entre Trump y Netanyahu —y las facciones del establishment político estadounidense a las que representa Netanyahu— refleja la crisis cada vez más profunda creada por el fracaso de la guerra a la hora de alcanzar sus objetivos.
El reconocimiento de la debacle llega hasta el propio establishment de la política exterior. Aaron David Miller, un exfuncionario del Departamento de Estado que ahora trabaja en la Fundación Carnegie, declaró al New York Times que Trump «inició una guerra por elección propia sobreestimando la capacidad militar de Estados Unidos y subestimando la de Irán», calificándola de «una trampa de la que Trump no puede salir en este momento».
El Partido Demócrata no ofrece oposición a ninguna de las dos opciones. El 4 de junio, la Cámara de Representantes rechazó una resolución de poderes bélicos para retirar las fuerzas estadounidenses de la guerra en el Líbano, por 324 votos contra 92, y la mayoría de los demócratas se unieron a los republicanos para acabar con ella. El líder demócrata de la Cámara, Hakeem Jeffries, la jefa de la bancada minoritaria, Katherine Clark, y el presidente del grupo parlamentario, Pete Aguilar, encabezaron la oposición, declarando su solidaridad con el esfuerzo por «derrotar a Hezbolá, una organización terrorista violenta que es enemiga acérrima de Estados Unidos».
(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de junio de 2026)
