Apenas unos días antes de que se celebre la cumbre de la OTAN en Ankara los días 7 y 8 de julio, se llevó a cabo en Estambul, los días 28 y 29 de junio, una Cumbre Parlamentaria de la OTAN. Al evento asistieron los presidentes de los parlamentos de 20 países, junto con el presidente de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, Marcos Perestrello, y la secretaria general adjunta de la OTAN, Radmila Shekerinska.
En un discurso pronunciado el 29 de junio durante un almuerzo organizado en honor de los presidentes de los parlamentos, el presidente Recep Tayyip Erdoğan declaró que el papel de Turquía en la agenda bélica de la OTAN y la Unión Europea (UE) era “indispensable”.
Pronunciado en esta cumbre preparatoria previa al encuentro que reunirá a los criminales de guerra imperialistas encabezados por el presidente de EE. UU., Donald Trump, el discurso de Erdoğan constituyó un resumen de la política exterior que Ankara ha seguido en los últimos años. Ankara está abandonando cada vez más la política de “equilibrio” que mantuvo durante mucho tiempo en la guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania; apoya —en rivalidad con Israel— el impulso de Washington por establecer un dominio total en el Medio Oriente; y busca utilizar su posición geopolítica como moneda de cambio para expandir la influencia de la burguesía turca.
De principio a fin, el discurso de Erdoğan fue un anuncio de las contribuciones que Turquía haría a la maquinaria de guerra imperialista. Afirmó que la actual “ecuación geopolítica” había ampliado el papel de la OTAN y que Turquía se encontraba entre los países que habían “interpretado mejor el espíritu de la nueva era”. Aludiendo a su frontera terrestre de más de 1.800 kilómetros con “regiones en crisis”, a su poderoso ejército y a su avanzada industria de defensa, Erdoğan presentó a Turquía como la principal entre los aliados que han contribuido a la seguridad de la alianza durante más de 70 años.
Refiriéndose a los compromisos adoptados en la Cumbre de La Haya del año pasado, que obligan a los Estados miembros a destinar al menos el 5 por ciento de su PIB al gasto militar, Erdoğan señaló que Turquía había aumentado sus gastos en defensa y se había situado entre los cinco países que más contribuyen a las misiones de la OTAN. Quejándose de que, a pesar de ello, las contribuciones “indispensables” de Turquía eran ignoradas en ocasiones, solicitó apoyo para la inclusión de Turquía en las iniciativas de defensa y seguridad anunciadas por la UE. Coronó sus comentarios con un llamado a construir una red de seguridad y defensa sin obstáculos en toda la alianza, una que “se extienda desde Texas hasta Ankara”.
Özgür Özel, el líder electo del Partido Republicano del Pueblo (CHP) kemalista —que se encuentra bajo una creciente presión política por parte del gobierno de Erdoğan— expresó esencialmente la misma perspectiva con otras palabras en el Financial Times el miércoles. Señalando el peligro de una creciente explosión social ligada al autoritarismo de Erdoğan, Özel hizo un llamado a las potencias imperialistas de la OTAN, diciéndoles en efecto que él defendería mejor sus intereses, y solicitando su apoyo.
El hecho de que Özel y Erdoğan coincidan en la línea de consolidar la colaboración con las potencias imperialistas en medio de una escalada bélica se debe a que ambos representan los intereses no del pueblo trabajador, sino de la burguesía turca. Al mostrarse dispuesto a asumir un papel más importante en la “seguridad” de Europa y a aceptar nuevas obligaciones con la OTAN, la clase política turca está utilizando esta carta para fortalecer su posición —sobre todo frente a sus rivales regionales, Israel y Grecia— y para garantizar los intereses de la burguesía turca.
Erdoğan está intentando lograrlo, sobre todo, profundizando su “amistad” y alianza con Trump en medio de las crecientes tensiones con el régimen del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Trump, quien se reunió con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en la Casa Blanca el 24 de junio, dijo: “Voy [a Ankara] por respeto al presidente Erdoğan”. Además, cuando un periodista le preguntó: “Ellos [los turcos] quieren los motores a reacción F-110 y quieren los aviones de combate F-35. ¿Va a Turquía con una gran bolsa de regalos para Erdoğan?”, Trump respondió: “Probablemente voy a hacer algo que lo va a hacer muy feliz”.
Ese mismo día, Trump notificó formalmente al Congreso su intención de venderle a Turquía 80 motores a reacción F-110 por un valor de más de 700 millones de dólares. Debido a que Turquía había comprado sistemas de defensa aérea S-400 a Rusia, el Congreso impuso a Turquía las sanciones de la ley CAATSA —que aún están vigentes— durante el primer mandato de Trump, y Turquía quedó excluida del programa de aviones de combate F-35. Los motores a reacción F-110 se utilizarán en el KAAN, un avión de combate de nueva generación desarrollado por la propia Turquía.
En un artículo publicado el lunes en Haaretz bajo el titular “Trump impulsa a Erdogan mientras Turquía avanza en sus ambiciones regionales”, el periodista israelí Zvi Bar’el escribió que la guerra contra Irán y la fastuosa cumbre de la OTAN que Ankara acogerá le han dado a Turquía la oportunidad de mostrar su aspiración a convertirse en una potencia que marque la política regional y forje alianzas.
La rivalidad regional entre Israel y Turquía se extiende al futuro de Irán —blanco de la guerra de agresión estadounidense-israelí— así como a Siria, Líbano, Gaza, el Mediterráneo Oriental y el Cuerno de África. Si bien Ankara busca aprovechar en su propio beneficio el debilitamiento de Teherán en toda la región —que ha sido objeto de un importante ataque militar y de un régimen de sanciones—, al mismo tiempo le preocupa que un posible colapso del Estado iraní aumente la influencia de los nacionalistas kurdos iraníes aliados con Estados Unidos e Israel. A medida que fortalece su influencia en Siria e Irak, Turquía busca desarrollar la cooperación en materia de defensa con los Estados del Golfo. Israel, por su parte, al expandir su influencia en Siria y el Líbano, está firmando acuerdos militares y estratégicos con Grecia y Chipre que están dirigidos contra Turquía.
La magnitud de las tensiones entre Israel y Turquía quedó al descubierto en la conferencia de prensa de Trump con Rutte. Al respecto, Trump dijo: “Ya saben, él [Erdoğan] era un candidato principal para entrar en la guerra con Irán, tal vez del lado de Irán, porque no es un gran admirador de Israel, como ya saben. Y le pedí que se mantuviera al margen, y se mantuvo al margen”.
En el último episodio de las tensiones entre Turquía e Israel, el régimen de Netanyahu se sumó el martes a los gobiernos imperialistas y capitalistas que buscan explotar el genocidio armenio —que tuvo lugar en medio de la Primera Guerra Mundial— para sus intereses reaccionarios. El gobierno israelí reconoció por unanimidad como “genocidio” las masacres de armenios de 1915, llevadas a cabo en los últimos años del Imperio Otomano. La decisión se convertirá en ley si es aprobada por el Knesset.
Recordando que Israel está siendo juzgado ante la Corte Internacional de Justicia por el delito de genocidio contra los palestinos en Gaza, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Turquía declaró: “El gobierno israelí… pretende encubrir sus propios crímenes a través de la decisión política que ha adoptado con respecto a los acontecimientos de 1915”.
Erdoğan ha descrito desde el principio la guerra contra Irán como una “guerra israelí”. Aunque se abstuvo deliberadamente de criticar a Estados Unidos y a Trump por su nombre en relación con la guerra, Erdoğan firmó, no obstante, la Declaración de Riad, que condenaba el derecho de Irán a la autodefensa.
La rivalidad y las crecientes tensiones entre Turquía e Israel son reales, pero no hay ningún lado progresista entre los regímenes de estos dos países. Ambos, aliados del imperialismo estadounidense y en colaboración voluntaria con él, persiguen los intereses reaccionarios de sus propias clases dominantes. A pesar del creciente peligro de conflicto, la cooperación entre ambos países continúa. El petróleo de Azerbaiyán, que es fundamental para Israel, se transporta a través de Turquía. Las bases de EE. UU. y la OTAN en Turquía siguen proporcionando inteligencia a Israel.
Mientras el autor del genocidio, Netanyahu, se debate en medio de las crisis en Israel, Erdoğan también se enfrenta, en su propio país, a una oposición social que crece dentro de la clase trabajadora contra el aumento vertiginoso del costo de vida, la austeridad, el genocidio y la guerra. Las encuestas de opinión muestran que más del 90 por ciento de la población de Turquía se opone a la guerra contra Irán y a las bases estadounidenses en el país. Temiendo que esta oposición estalle en forma de un movimiento masivo contra el genocidio y la guerra, el gobierno ha declarado de hecho un estado de emergencia en Ankara y en muchas otras provincias con motivo de la cumbre de la OTAN, y ha arrestado y encarcelado a más de 200 manifestantes contra la OTAN.
El Sosyalist Eşitlik Partisi (Partido Socialista por la Igualdad), la sección turca del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (ICFI), lucha por organizar y movilizar a la clase trabajadora como una fuerza política independiente contra la burguesía turca y el imperialismo, y contra todos los partidos del establishment que los defienden. Como parte de esta lucha, que es de carácter internacional por su propia naturaleza, los trabajadores deben exigir la liberación inmediata de quienes fueron detenidos por oponerse a la OTAN y a la guerra, así como de todos los presos políticos.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 1 de julio de 2026)
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