Se ha comenzado a calcular el costo de las olas de calor y los incendios forestales que azotaron Europa este verano, y se han elaborado proyecciones sobre las pérdidas que probablemente se sufrirán durante el resto de la década.
La responsabilidad de esto recae en las empresas de combustibles fósiles y en los gobiernos nacionales. Los efectos del cambio climático son conocidos desde hace años; la tecnología necesaria para una transición verde existe desde hace años. Cada mes de inacción sacrifica vidas y medios de subsistencia a cambio de ganancias.
Las estimaciones iniciales sobre el exceso de muertes causadas por el calor extremo se están revisando constantemente al alza. Las cifras de Alemania son las más impactantes: el Instituto Robert Koch reportó 11.900 muertes relacionadas con el calor hasta julio. Francia reportó más de 5.700 hasta el 2 de julio. Por sí solos, estos dos países superan las cifras inicialmente proyectadas para toda Europa.
Se registrarán más muertes a medida que lo peor del calor se desplace hacia el este, con Eslovaquia, Austria y Hungría registrando temperaturas récord superiores a los 40 grados Celsius. A medida que el calor, los incendios y las sequías se prolongan hacia el final del verano, el daño económico también comienza a aumentar.
Las causas son muy diversas. La sequía y el calor extremo tienen un impacto evidente en la agricultura. Ya se han perdido aproximadamente 2 mil millones de euros en cereales (9 millones de toneladas), y los países más afectados son Francia, Hungría y España.
Los ríos se están secando, lo que lleva los niveles de agua a mínimos históricos e impide el paso de la carga, obligando a los barcos a transportar cargas más ligeras. Los niveles de agua del Rin se encuentran en un mínimo histórico. Las barcazas han tenido que reducir sus cargas hasta en un 80 por ciento, lo que ha obligado a la acería Thyssenkrupp a recortar la producción. El Deutsche Bank advierte que las interrupciones en el Rin podrían restar un 0,2 por ciento al crecimiento del PIB nacional de Alemania este año —lo mismo que logró crecer en todo el segundo trimestre—.
Los bajos niveles de agua también plantean problemas para los sistemas de enfriamiento de los reactores nucleares, lo que obliga a paradas y agrava la presión que el calor ejerce sobre las instalaciones de gas y carbón. La producción de una planta de gas típica cae entre un 7 y un 12 por ciento en un día de 30 °C. Las centrales eléctricas a carbón de Kozienice y Połaniec, en Polonia, han tenido que cerrar debido a los niveles críticamente bajos del agua en el río Vístula.
La productividad de los trabajadores también se ve afectada, especialmente en las fábricas y el sector de las entregas, así como en las obras de construcción y las granjas. Esto se debe en parte a las averías de la maquinaria, pero sobre todo al estrés y a las enfermedades causadas por trabajar bajo el calor, o a la fatiga provocada por la dificultad para dormir en esas condiciones. Las estadísticas alemanas muestran un aumento del 3,5 % en las bajas por enfermedad cuando las temperaturas superan los 30 °C, y del 6 % durante olas de calor prolongadas.
Los incendios forestales agravan los daños, que ya han costado a los países europeos 3 mil millones de euros este año solo en los cinco países más afectados, según el Financial Times —una cifra muy superior al promedio estimado por la Comisión Europea de 2.5 mil millones de euros al año en toda la Unión Europea (UE). En Francia, hasta 150 mil trabajadores fueron sometidos a jornadas laborales reducidas subvencionadas por el gobierno durante la crisis. Cerca de 500.000 personas fueron desplazadas temporalmente, y miles de viviendas, granjas y otras infraestructuras privadas quedaron destruidas, con costos aún desconocidos.
La firma de investigación alemana Prognos calcula que la economía del país sufrió pérdidas totales relacionadas con el clima por 6,32 mil millones de euros solo en las últimas dos semanas de junio. Los investigadores señalaron que la estimación no incluía el aumento de los precios de la energía, las averías de maquinaria, las interrupciones en la cadena de suministro ni los daños a largo plazo en la infraestructura.
Estas crisis económicas ya no son sucesos excepcionales. Según el destacado centro de estudios económicos europeo Breugel, entre 1980 y 2024, las pérdidas económicas directas en la UE debido a fenómenos climáticos y meteorológicos extremos ascendieron a 822 mil millones de euros. Un cuarto de esos daños se produjo solo en los últimos cuatro de esos años.
Además, Breugel señala que «estas estimaciones solo incluyen los daños directos, como la destrucción de infraestructura y viviendas, y no los costos indirectos, como la disminución de la producción y la productividad o el aumento de los costos de salud», lo que significa que se trata de subestimaciones sustanciales.
Según el estudio de Prognos, la perspectiva muy real de tres o cuatro olas de calor al año —en las que cada día con temperaturas superiores a los 35 °C cuesta aproximadamente mil millones de euros— podría costarle a Alemania 20 mil millones de euros al año en el futuro.
Si ampliamos el enfoque a Europa en su conjunto, incluyendo los efectos de las inundaciones severas agravadas por el cambio climático, un estudio del Banco Central Europeo y la Universidad de Mannheim determinó un impacto relacionado con el clima del 0,3 por ciento en la producción económica para 2025, que se espera que aumente a un promedio de 0,8 por ciento anual para 2029.
Solo el año pasado, los daños ascendieron a 43 mil millones de euros. Los patrones históricos sugieren que este costo se elevará a 126 mil millones de euros para 2029, a medida que se haga sentir plenamente el impacto de la reducción de la inversión y la acumulación de capital —causada por las pérdidas empresariales relacionadas con el clima, los aumentos en las tarifas de los seguros y la incertidumbre—.
En mayo, la alemana Allianz SE, la compañía de seguros más grande del mundo y la mayor empresa de servicios financieros de Europa, publicó las cifras de una «prueba de estrés» que estimaba el impacto de los cinco años más calurosos hasta la fecha, entre 2014 y 2024, si se sucedieran uno tras otro entre 2026 y 2030. Las pérdidas acumuladas del PIB ascendieron a 240 mil millones de dólares para Francia, 147 mil millones para Italia, 131 mil millones para Alemania y 120 mil millones para España. Esto representa una asombrosa pérdida acumulada del PIB de hasta el 7 por ciento.
Los gobiernos están haciendo muy poco para mitigar estas enormes pérdidas; los estados miembros de la UE gastan apenas 29 mil millones de euros al año en adaptación al cambio climático, menos de la mitad de los €70 mil millones anuales que la propia Comisión Europea estima que se necesitan. La financiación para desastres es aún peor, con una proyección de solo €5 mil millones para el período 2028–2034, cuando los daños ya ascienden a decenas de mil millones.
Bruegel advirtió sobre un «círculo vicioso climático-soberano», en el que, como explica Euractiv, «los crecientes costos financieros de la crisis climática están erosionando la solidez fiscal de los Estados, reduciendo el crecimiento y disminuyendo los ingresos tributarios; el deterioro de las calificaciones crediticias y el nerviosismo de los inversionistas, a su vez, elevan el costo de los préstamos, lo que limita su capacidad para invertir en adaptación climática y, por lo tanto, los deja aún más expuestos a los costos del próximo desastre».
La presión adicional recae sobre economías que ya se encuentran al límite de su capacidad debido al crecimiento parasitario de la oligarquía de los súper ricos y su monopolización de la riqueza social, sumada a las exigencias voraces de los militares. Algo tiene que ceder, y los partidos comprados y pagados por la clase capitalista han decretado que deben ser los salarios, los derechos laborales y el gasto en salud, educación y seguridad social.
El capitalismo roba a las víctimas para recompensar a los pirómanos. Las utilidades de las ocho mayores empresas petroleras superaron los 90 mil millones de dólares en el primer trimestre de este año fiscal: 700 mil dólares por minuto. Y se promete aún más: según Oxfam, las seis más grandes esperan utilidades en el segundo trimestre el doble de las del primer trimestre. Se prevé que las utilidades anuales de 2026 superen a las de los 21 meses anteriores.
La organización benéfica señala que un impuesto del 50 por ciento sobre las utilidades de las 585 principales empresas petroleras y de gas del mundo recaudaría 400 mil millones de dólares al año —suficiente para sufragar los costos de adaptación climática del Sur Global, donde vive el 88 por ciento de la población mundial.
Nada de esto se puede lograr mientras estas empresas sigan en manos privadas, alimentando las fortunas de la oligarquía que dirige la sociedad en beneficio de sus propios intereses. Deben ser expropiadas por la clase trabajadora, la cual debe llegar a ver la lucha contra el cambio climático, sus efectos y sus causas, como una cuestión de lucha de clases.
Se puede dar un primer paso negándose a asumir los costos de los fenómenos climáticos extremos mientras los ricos siguen obteniendo ganancias, tal como lo han hecho ahora los conductores de autobús del norte de Londres. Más de 1.500 han notificado 26 días de huelga durante los próximos tres meses para garantizar condiciones de trabajo frescas y seguras. La temperatura en sus cabinas ha superado los 40 grados Celsius.
La empresa propietaria, Arriva, con una utilidad operativa de €127 millones, se ha negado a mejorar los sistemas de aire acondicionado inadecuados, que reducen la temperatura solo en dos o tres grados.
Se deben tomar medidas similares en todo el continente. Una campaña laboral internacional proporcionaría la plataforma para una ofensiva política que desafíe el derecho de unos pocos superricos a decidir el futuro del planeta. Solo una sociedad socialista, con una vida económica planificada democráticamente de acuerdo con las necesidades colectivas de la humanidad, puede garantizar un clima habitable para todos.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 7 de agosto de 2026)
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