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Nvidia y Wall Street proponen una línea de dinero “exótica” para que continúe el auge de la IANick Beams

Cuanto más se prolongue el auge del mercado bursátil impulsado por la IA, más esquemas nuevos y riesgosos se desarrollarán para tratar de mantenerlo. El auge de la IA ya ha dado lugar al crecimiento de la financiación circular, en la que unas empresas proporcionan dinero a otras para que puedan comprar sus productos.

Ahora se está desarrollando un nuevo mecanismo. A principios de esta semana, Nvidia, la empresa líder en la fabricación de chips y la más grande del mundo por valor de mercado con más de 5 billones de dólares, anunció que había llegado a un acuerdo con algunas de las empresas más importantes de Wall Street para proporcionar financiamiento para la compra de sus chips de IA.

Un edificio de oficinas de Nvidia en Santa Clara, California, el 31 de mayo de 2023. Jeff Chiu [AP Photo/Jeff Chiu]

El acuerdo, en el que participa un consorcio formado por Apollo Global, Blackstone, BlackRock, Brookfield Asset Management, Goldman Sachs y KKR, establece que estas empresas se asociarán con Nvidia para aportar 500 mil millones de dólares destinados a invertir en la expansión de la inteligencia artificial.

Según los términos del acuerdo, cuyos detalles finales aún están por determinarse, las empresas aportarán capital para financiar la compra de chips de Nvidia «a tasas atractivas para los clientes de Nvidia».

El objetivo del nuevo sistema es desarrollar una alternativa al método anterior de financiamiento circular, mediante el cual Nvidia proporcionaba dinero directamente a las empresas que deseaban comprar sus productos.

Al anunciar el nuevo acuerdo financiero, el fundador y director ejecutivo de Nvidia, Jensen Huang, dijo: «Comenzamos fabricando chips; hoy estamos creando una nueva clase de infraestructura productiva y apta para la inversión: las fábricas de IA».

Expresando los sentimientos de las firmas de Wall Street involucradas en el acuerdo, Jon Gray, presidente y director de operaciones de Blackstone, declaró al Financial Times (FT): «Seguimos siendo grandes inversionistas a nivel mundial en todo el ecosistema de Nvidia, y este anuncio subraya nuestra confianza en su plataforma y en el futuro de la infraestructura de IA».

Al señalar la característica más esencial del acuerdo, Huang afirmó que era la «primera vez que los chips tecnológicos se convierten en una clase de activos en la que se puede invertir», funcionando como una «infraestructura» productiva.

Wall Street ha desarrollado un complejo sistema de acuerdos de crédito y deuda basado en activos como automóviles, viviendas, edificios y flujos de ingresos. Sin embargo, este sistema ha partido de la suposición de que el activo subyacente conservará al menos parte de su valor con el paso del tiempo. Pero el valor de los chips de computadora es notoriamente volátil: un chip puede ser de primera categoría en un momento dado y luego quedar rápidamente obsoleto en otro, a medida que se desarrolla un producto superior o más barato.

Al informar sobre el acuerdo bajo el titular «Los gigantes de Wall Street apuestan a que los chips de IA de Nvidia desafiarán las leyes de las finanzas», el FT señaló que se trataba de «una apuesta a que los chips de IA pueden desafiar una de las reglas básicas de las finanzas: que la tecnología de rápida evolución pierde rápidamente su valor».

Jack Albin, socio fundador de Cresset —una firma de gestión patrimonial familiar valorada en 260 mil millones de dólares e inversionista en Nvidia—, planteó el tema de manera aún más contundente ante el Wall Street Journal (WSJ).

Dijo que el acuerdo propuesto era «excelente para Nvidia, que necesita que sus clientes tengan acceso al capital. Pero, ¿y si eres un inversionista en deuda que depende de la potencia computacional como garantía? Quiero decir, históricamente, ese es un activo que ha tenido la vida útil de una lechuga».

Con el objetivo de impulsar el acuerdo y contrarrestar esas observaciones basadas en la experiencia histórica, Huang señaló que Nvidia aún tenía clientes que utilizaban chips de generaciones anteriores y que esto era una señal de que conservaban su valor durante mucho tiempo después de su lanzamiento; además, la demanda extrema de los chips de Nvidia significaría que constituirían una excelente garantía, a diferencia del pasado. En otras palabras, la frase tan utilizada: «esta vez es diferente».

«La plataforma de fábrica de IA de Nvidia es realmente un activo en el que se puede invertir, un activo de infraestructura», dijo. «La razón es que es productiva, genera ingresos». Este último comentario pasa por alto el hecho de que, si bien los chips de IA ciertamente están generando ganancias en algunas áreas, aún no se han generado ingresos ni utilidades por parte de los enormes centros de datos que se encuentran actualmente en construcción.

Además, existe la posibilidad de que la tecnología en la que se basan pueda quedar rápidamente obsoleta o ser superada por un chip más barato desarrollado en China.

En declaraciones al canal de negocios CNBC, Ben Emon, administrador de carteras de la firma financiera Pimco, señaló que «la depreciación es el riesgo clave en este caso», y que una de las mayores amenazas para el modelo de financiamiento de Nvidia proviene de la competencia china.

Al resumir sus comentarios, la CNBC señaló: «Si la producción china provoca una caída libre en los precios del hardware, las garantías que respaldan cientos de miles de millones en préstamos privados podrían erosionarse más rápido que la propia deuda, dejando a los inversionistas expuestos a pérdidas».

El director ejecutivo de BlackRock, Larry Fink, hizo una referencia —quizás involuntaria— a los peligros financieros del sistema propuesto. En declaraciones al WSJ, comparó el financiamiento de la potencia computacional de la IA con lo que ocurrió al inicio de su carrera, cuando los bancos y las firmas de inversión fueron pioneros en los títulos respaldados por hipotecas en la década de 1970.

El desarrollo de ese conjunto de operaciones condujo a la crisis de las hipotecas de alto riesgo, que fue el detonante de la crisis financiera mundial de 2008.

La historia, por supuesto, no se repite. Pero hay paralelismos, y estos residen en el hecho de que las empresas que adopten los nuevos métodos para recaudar fondos serán las más débiles financieramente entre sus pares del sector de la IA y las que no puedan recibir respaldo de otras fuentes.

El WSJ comenzó su reportaje señalando que Huang se estaba «enfrentando a un problema: muchos de sus clientes no pueden permitirse comprar los codiciados chips de IA de su empresa».

Al describir el acuerdo propuesto como una «fuente de financiamiento poco convencional para el auge de la IA», señaló que, según sus críticos, se trataba de un «sistema que encubrirá las debilidades en algunos sectores del mercado».

El problema no eran los gigantes, como Meta, Microsoft y Google (aunque cabe señalar que existen preocupaciones sobre su nivel de deuda), sino «los laboratorios de IA más pequeños, las empresas de nube y las empresas que tienen una demanda voraz de chips de Nvidia, pero que se enfrentan a altas tasas de interés si quieren financiar su compra».

Sin embargo, esas empresas sí desempeñan un papel en el auge general. «El auge de la IA y el impulso de Nvidia no pueden mantenerse a este ritmo vertiginoso a menos que ese tipo de empresas obtengan el hardware que necesitan», señalaba el artículo.

Para organizar la operación, los grandes fondos de Wall Street buscarán dinero de fondos de pensiones, compañías de seguros y fondos soberanos, vinculándolos a cualquier posible fracaso.

El acuerdo propuesto ilustra la dinámica de la burbuja financiera basada en la IA. Las motivaciones de Nvidia son claras: es una forma de reducir la circularidad de sus actuales acuerdos financieros, aunque seguirá siendo responsable del 25 por ciento de cualquier pérdida.

Pero, ¿qué hay de la participación de las principales firmas de Wall Street y su impulso al esquema? Es una expresión de la necesidad de preservar el valor de sus inversiones existentes —que ascienden a cientos de miles de millones de dólares— asegurándose de que el auge continúe.

En otras palabras, no respaldar el desarrollo de mecanismos financieros cada vez más exóticos y riesgosos implica el riesgo de que estalle toda la burbuja. Pero ese proceso —que a veces se compara con andar en bicicleta, donde hay que mantener el impulso hacia adelante para no caerse— no puede continuar indefinidamente.

Como señaló el inversionista Michael Burry, quien se hizo famoso y muy rico al vender en corto títulos respaldados por hipotecas antes de 2008: «La estructuración del crédito es una parte natural del sistema. Lo preocupante es la estructuración de créditos antinaturales en las últimas etapas de la fase alcista».

(Artículo publicado originalmente en inglés el 13 de agosto de 2026)

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