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Comité Internacional de la Cuarta Internacional
Cómo el WRP traicionó al trotskismo: 1973-1985

¿Por qué se derrumbó el WRP?

La crisis política que irrumpió súbitamente dentro del Workers Revolutionary Party (WRP, Partido Revolucionario de los Trabajadores) en el verano de 1985 y que se transformó rápidamente en una devastadora escisión dentro de su dirección, es un acontecimiento que posee un significado extraordinario para la Cuarta Internacional. En un lapso de unas cuantas semanas, prácticamente se desintegró la sección más antigua y fundadora del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI). Los tres principales dirigentes del WRP —Gerry Healy, Michael Banda y Cliff Slaughter—, que entre los tres representaban 140 años de experiencia dentro del movimiento socialista, se vieron empujados, prácticamente de la noche a la mañana, al conflicto entre facciones más feroz que se haya visto en el movimiento trotskista. A pesar de las tres décadas de íntima colaboración política entre ellos, Slaughter y Banda se vieron en un lado de la barricada y Healy en el otro. No pasó mucho tiempo antes de que esa coalición inestable entre Banda y Slaughter también se rompiera y que se vieran implicados en una guerra a muerte no menos frenética que la que habían lanzado antes contra Healy.

Sin embargo, el colapso del Workers Revolutionary Party entre julio y octubre de 1985 fue una sorpresa completa solo para los que no se habían percatado de la prolongada degeneración en la línea política del partido durante la década anterior. Las circunstancias en torno a la ruptura —la desorientación política y la desmoralización que siguió a la huelga de los mineros en marzo de 1985, la lucha salvaje y destructiva dentro del Comité Central, la erupción de un sucio escándalo que involucraba a Healy, el encubrimiento por parte del Comité Político de sus groseros abusos de autoridad, el colapso aparentemente repentino de la estructura financiera del WRP, la conspiración para defraudar al Comité Internacional— surgieron de la degeneración nacionalista y del crecimiento descontrolado del oportunismo dentro de la dirección del WRP.

Esta conclusión, que se desprende inexorablemente de un análisis marxista de todo el desarrollo del WRP desde su formación, es rechazada por todas las tendencias que han surgido del colapso de la organización healista, excepto una. Con la excepción de los miembros del International Communist Party (ICP, Partido Comunista Internacional) —el cual, de manera significativa, representó la única oposición de principios a la dirección de Healy antes de la ruptura y basó su lucha en el internacionalismo— todos los demás insisten en que la culpa de la crisis del WRP es del trotskismo y del Comité Internacional de la Cuarta Internacional. De una u otra manera, ellos sostienen que la degeneración del WRP (en la medida en la que admiten que hubo tal degeneración) fue el producto inevitable de la lucha por principios trotskistas.

A pesar de ciertas diferencias superficiales en sus ataques, todas las tendencias hostiles al CICI están de acuerdo en un punto central: el trotskismo ha sido históricamente incapaz de arraigarse en la clase trabajadora y su consecuente aislamiento es la causa de toda la degeneración política y de las rupturas dentro de la Cuarta Internacional.

Defendiéndose del Comité Internacional (CI), Healy alega que sus opositores trotskistas creen en “un socialismo más bueno que el pan, del agua más pura y del más pequeño número...” (Declaración del Comité Político del WRP, 30 de mayo de 1986). Su aliado, el pequeñoburgués nacionalista griego S. Michael, denuncia al CI por plantear “el regreso reaccionario a la práctica del período de derrotas y aislamiento del trotskismo...” (“Una nueva era para la Cuarta Internacional”, 21 de enero de 1986). Dado que el líder principal de la Cuarta Internacional durante “el período de derrotas y aislamiento” era León Trotsky, las prácticas contra las que Michael lucha son las que están relacionadas con la fundación y construcción del partido mundial de la revolución socialista, es decir, la lucha contra el estalinismo y el centrismo. Declara que la lucha por el programa y los principios marxistas “significa trabajar para imponerles derrotas a la clase trabajadora mundial y la Cuarta Internacional” (ibid.).

En otra declaración, Healy defiende sus prácticas, insistiendo en la necesidad del oportunismo, y ataca a David North, un destacado simpatizante del Comité Internacional, de la siguiente manera: “Para él … la cuestión vital es mantener la pureza doctrinal [que es] posible solamente en los más pequeños grupos de discusión: un mayor número solo fomenta la impureza doctrinal” (News Line, 14 de febrero de 1986).

Resumiendo, Healy sostiene que es imposible construir un movimiento dentro de la clase trabajadora sin traicionar los principios trotskistas. ¡Esta es la primera vez que una tendencia que afirma adherir al trotskismo ha declarado abiertamente que su principio es no tener principios!

De una manera más pomposa, Banda comparte la misma posición y ha llegado a la conclusión de que hay que destruir el movimiento trotskista. En su famoso documento publicado en febrero de 1986 y en base al cual la ya difunta facción Slaughter-Banda-Bruce llevó a cabo su ruptura con el Comité Internacional, Banda declaró:

Ciertamente no es casualidad —de hecho, procede lógica y prácticamente de esta misma concepción del CI en 1953— que ninguna sección del CI —y esto incluye a la Workers League de los EUA— en ningún período en los pasados 32 años ha sido capaz de elaborar una perspectiva viable para la clase trabajadora (Workers Press, 7 de febrero de 1986).

La concepción que Banda ataca, sobre la cual se basa el CICI, es la hegemonía revolucionaria del proletariado y la teoría leninista-trotskista del partido. En su concepción Banda niega la lucha histórica contra el estalinismo, el centrismo y todas las agencias del imperialismo dentro del movimiento obrero que se mantienen atadas a la burguesía.

Es significativo que Banda, solo unas cuantas semanas antes de escribir el documento citado, dijo que “el partido no se había dividido en torno a problemas tácticos o programáticos, sino en torno a la cuestión básica de la moralidad revolucionaria” (News Line, 2 de noviembre de 1985). Esto no fue más que una caprichosa manera pequeñoburguesa de admitir que la ruptura de Banda con Healy estuvo completamente desligada de cualquier cuestión de principios o programa.

Otro paladín de la “moral revolucionaria”, Cliff Slaughter, ha llegado a la conclusión de que la degeneración de Healy y la propia resultaron del “aislamiento” del movimiento trotskista. “En ningún momento después de la muerte de Trotsky, la Cuarta Internacional se mostró capaz de vencer su aislamiento de las grandes batallas de las masas … Su pequeñez y aislamiento eran, por supuesto, factores decisivos que actuaban en contra de la elaboración exitosa de la teoría marxista” (Workers Press, 26 de abril de 1986). Esta declaración, que les parece razonable a oportunistas y a aquellos que no están familiarizados con la historia de todo el movimiento marxista, está en acuerdo básico con Healy. Los trotskistas, según él, no pueden desarrollar el marxismo porque conforman grupos pequeños. Son pequeños porque están aislados de la clase trabajadora. ¿Por qué están aislados? Slaughter no lo dice, pero contempla deseoso la respuesta que dio Healy, quien ya había declarado que el aislamiento era el precio inevitable de defender principios.

Por supuesto, cuando ellos hablan de aislamiento, no se refieren al aislamiento respecto a la clase trabajadora, sino de las burocracias estalinista y socialdemócrata y de las varias corrientes del radicalismo y nacionalismo pequeñoburgués. Según ellos, los trotskistas están “aislados” porque rechazan los sobornos y persuasiones de aquellos que ocupan posiciones poderosas dentro del movimiento obrero o que actualmente gozan de apoyo dentro de la clase media o de las masas en los países semicoloniales.

Otro grupo que desertó del Comité Internacional en las postrimerías de dicha ruptura expresa de la manera más clara la posición de todas las tendencias antitrotskistas. La Liga Comunista de Perú declara que la degeneración de Healy y todas las luchas anteriores dentro de la Cuarta Internacional demuestran la total bancarrota del trotskismo, el cual, afirma, ha existido “en la forma de pequeñas sectas revolucionarias crecientemente aisladas de las masas” (Comunismo, marzo de 1986).

Justificando su decisión de abandonar la lucha revolucionaria contra la burguesía nacional en Perú, ellos sostienen que la Cuarta Internacional había estado “al margen del nuevo desarrollo de la revolución mundial, cuando esta se reinició en la década de los cuarenta en Albania, China, Yugoslavia, Europa del Este, Vietnam, Corea, Argelia, etc.

Gerry Healy

“Nada pudo aprender el movimiento trotskista de estos acontecimientos. … Su práctica de secta lo relevó de toda obligación directa de la conducción de masas, pudiendo ignorar o caracterizar de manera arrogante todos sus desarrollos” (ibid.). La caracterización a la cual se oponen consiste en términos marxistas como burguesía nacional, burocracia estalinista, radicalismo pequeñoburgués, centrismo, etc.

El líder teórico de ese grupo, José B., lleva este análisis a sus últimas conclusiones cuando afirma que la fundación de clase del trotskismo en el proletariado es la fuente de su aislamiento de las masas: “Evidentemente, este es el caso de un movimiento arraigado en fuerzas sociales completamente adversas a las fuerzas sociales que son objetivamente revolucionarias. Por lo tanto, hay que destruirlo objetivamente” (ibid.).

Al poco tiempo de publicarse tal documento, Cliff Slaughter apresuradamente viajó a Perú para estrecharle la mano al autor —con tal prisa que se olvidó del número de teléfono de la Liga Comunista y estuvo varado por varios días en el aeropuerto de Lima—.

Es notable, pero no sorprendente, que todos estos renegados presenten una interpretación de la crisis del WRP que, en esencia, corresponde enteramente al análisis presentado en diciembre pasado por la principal organización antitrotskista en el mundo hoy, el Socialist Workers Party (SWP, Partido Socialista de los Trabajadores) de los EUA. En la edición de Intercontinental Press del 2 de diciembre de 1985, Doug Jennes, uno de los principales dirigentes del SWP, descubrió los orígenes de la degeneración del WRP en los años 1961-63, cuando sus líderes defendían el trotskismo “ortodoxo” contra el revisionismo pablista:

La revolución cubana no se desarrolló en la forma que anticipaba el movimiento trotskista mundial, es decir, sobre la base de su “teoría de la revolución permanente”. Sin embargo, casi todas las fuerzas que se consideraban parte de la Cuarta Internacional abrazaron de lleno la revolución y comenzaron a ajustar su teoría para poder explicar la manera en la que ocurría realmente la lucha de clases.

Healy y sus seguidores elevaron, por el contrario, la teoría de la revolución permanente al nivel de dogma. Con ese enfoque consideraron que, dado que la revolución cubana carecía de la dirección de un partido trotskista, no había ocurrido ninguna revolución socialista (pág. 726).

Cliff Slaughter

Esta declaración, que marca la primera vez que los revisionistas del SWP admiten que la ruptura con el Comité Internacional en junio de 1963 fue precipitada por un rechazo de la teoría de la revolución permanente, demuestra el verdadero significado de la posición de los que atacan al CICI hoy, independientemente de si son “pro-Healy” o “anti-Healy”. El SWP afirma que la degeneración del WRP es producto de su defensa de principios trotskistas “obsoletos”. En esto están de acuerdo los renegados de todo tipo. Healy justifica su traición de estos principios afirmando que no se puede ganar a la clase trabajadora al trotskismo y los renegados están de acuerdo con él en esta cuestión central.

Existe un término científico preciso que describe la tendencia que todos estos renegados representan: liquidacionismo. Ellos representan el ala más reaccionaria del oportunismo que ahora ha roto con el trotskismo y que está demandando la destrucción de su expresión organizada, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y sus secciones nacionales.

La clase en la cual se basa esta tendencia es la pequeña burguesía de todos los países capitalistas, la cual ha sucumbido a las presiones imperialistas y ya no cree en la viabilidad de una perspectiva revolucionaria basada en el proletariado internacional. Esta tendencia es más pronunciada en los principales centros imperialistas, donde la clase trabajadora se mantiene dominada por las burocracias estalinista y socialdemócrata, y en los países menos desarrollados donde el radicalismo pequeñoburgués domina las luchas antiimperialistas de masas.

La degeneración oportunista del WRP, personificada por Healy, facilitó el crecimiento de tendencias derechistas en Reino Unido y otras secciones —especialmente en Grecia, Perú, España y Australia (aunque en este último país los derechistas eran una pequeña minoría cuyo intento de destruir la Socialist Labour League [SLL, Liga Obrera Socialista] fracasó estrepitosamente)—. Cuando salió a la luz la ruptura dentro del WRP y del CICI, estas fuerzas oportunistas se transformaron en una tendencia abiertamente liquidacionista, cuyo grito de guerra era “¡al traste con el trotskismo!”.

Mike Banda

Por esa razón, aunque explosiva e inesperada, la separación inequívoca entre esos liquidacionistas y el CICI es la precondición para el crecimiento de la vanguardia revolucionaria de todo el mundo y para el establecimiento de la independencia del proletariado respecto a las agencias pequeñoburguesas del imperialismo en los movimientos obreros de todos los países.

A diferencia de sus oponentes liquidacionistas, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional no se satisface con meras afirmaciones. Todos los liquidacionistas, con una camarilla de académicos pequeñoburgueses encabezándolos, plantean toda clase de teorías para explicar el colapso del WRP. Pero ninguno de ellos ha realizado un análisis serio de la línea política y de clase del WRP en la década pasada. No se trata simplemente de una cuestión de debilidad personal. Ellos no quieren ningún análisis objetivo de cómo el WRP se degeneró, por miedo a que la clase obrera se arme con las lecciones de esa experiencia. En cambio, prefieren una atmósfera donde cunda la máxima confusión y desmoralización y en la cual puedan dejar pendientes sus dudas acerca de la viabilidad del trotskismo y de la revolución socialista.

Sin embargo, el Comité Internacional ha realizado el examen necesario de la degeneración del WRP —y este demuestra irrefutablemente que esa degeneración estuvo acompañada en cada paso por el abandono del trotskismo y de su estrategia internacional de la revolución socialista mundial—. Lejos de representar una ruptura con esa degeneración, los liquidacionistas son su producto más enfermizo.