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Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.)
Las bases históricas e internacionales del Partido Socialista por la Igualdad

La Revolución Rusa y la vindicación de la Revolución Permanente

27. Entre 1914 y 1917 Lenín y Trotsky previeron que la guerra imperialista produciría las condiciones para levantamientos revolucionarios en toda Europa. Esta perspectiva se vio justificada con el comienzo de la Revolución de Febrero, la cual emergió de la guerra y su enorme exacerbación de la crisis de la sociedad rusa. Después de la Revolución de Febrero en 1917 derrocar al Zar, los mencheviques se unieron al gobierno provisional burgués y se opusieron a la revolución de la clase trabajadora. El gobierno provisional defendió las relaciones capitalistas de la propiedad, continuaron buscando la guerra y se opusieron a la distribución de tierras entre los campesinos. Lenín volvió a Rusia en abril y, rechazando en práctica el antiguo programa bolchevique de la dictadura democrática, llamó a los trabajadores a oponerse al gobierno provisional y tomar el poder a través de los soviets [consejos obreros]. Esta postura convalidaba y ratificaba, en sus partes más importantes, la teoría de la revolución permanente formulada por Trotsky, la cual había previsto a un grado extraordinario la actual trayectoria de los desarrollos revolucionarios y echado los cimientos teóricos y políticos para la reorientación decisiva de Lenín y el Partido Bolchevique en abril de 1917. Muchos de los “viejos bolcheviques, inclusive Stalin, rechazaron vigorosamente la adopción, por parte de Lenín, de la perspectiva de Trotsky. Antes del retorno de Lenín en abril de 1917, la postura de Stalin como editor de Pravda, el periódico bolchevique, era darle completo apoyo al gobierno provisional. Él también abogó por apoyar la continuación del esfuerzo bélico.

28. En los meses que siguieron hasta el derrocamiento del gobierno provisional burgués, Lenín llevó a cabo un estudio extenso de las obras de Marx y Engels referente al estado. Este estudio respondió a los oportunistas, quienes se esforzaban en demostrar al estado como una institución por encima de las clases que existía para reconciliar y arbitrar las diferencias entre las clases. Lenín le puso énfasis a la definición de Engels sobre el estado como instrumento coercitivo de la burguesía para defender su dominio y oprimir y explotar a la clase trabajadora. Lenín sostuvo que esta definición no había perdido su importancia en el siglo XX. Al contrario:

“Y en particular el imperialismo, la época del capital bancario, la época de los gigantescos monopolios capitalistas, la época de la transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado, revela un extraordinario fortalecimiento de la ‘máquina del Estado’, un desarrollo inaudito de su aparato burocrático y militar, en relación con el aumento de la represión contra el proletariado, así en los países monárquicos como en los países republicanos más libres”. [20]

29. El octubre de 1917, los bolcheviques, habiendo ganado la mayoría en el soviet de Petrogrado, organizaron una insurrección bajo el liderazgo de Trotsky, derrocaron al gobierno provisional y le dieron el poder a los soviets. Serias investigaciones históricas refutan toda afirmación que la Revolución de Octubre fue un golpe de estado conspiratorio llevado a cabo por los bolcheviques sin el apoyo de las masas. [21] De hecho, existía gran apoyo en la clase trabajadora de Petrogrado, capital de Rusia, al derrocamiento del gobierno burgués. Sin embargo, dentro de la dirigencia bolchevique había bastante oposición. Lev Kamenev y Grigory Zinoviev, dos de los colaboradores más íntimos de Lenín, estaban convencidos de que una insurrección terminaría en el desastre. Pronosticaron obstáculos invencibles para la victoria de la revolución. Llamaron la atención sobre las todavía importantes fuerzas militares bajo el mando de Kerensky, líder del gobierno provisional, y a la artillería desplegada alrededor de la ciudad. Pero sucedió lo contrario; los cálculos de los bolcheviques que se oponían a la insurrección resultaron ser enormemente erróneos. El derrocamiento del gobierno provisional se logró con gran facilidad y con muy poco derramamiento de sangre. Trotsky, refiriéndose luego al significado de las luchas internas del Partido Bolchevique que precedieron a la revolución, hizo notar lo siguiente:

“...hay dos categorías de jefes propensos a hacer retroceder al partido en el momento de convenirle dar el mayor salto adelante. Los unos tienden a ver más que nada las dificultades, los obstáculos, y a apreciar cada situación con la idea preconcebida, inconsciente a veces, de esquivar la acción. En ellos, el marxismo se vuelve un método que sirve para establecer la imposibilidad de la acción revolucionaria. Representaban los ejemplares más característicos de este tipo de jefes los mencheviques rusos. Pero no se limita este tipo al menchevismo, y en el momento más crítico, se revela dentro del partido más revolucionario entre los militantes que ocupan los más altos puestos.

“Los representantes de la otra categoría son agitadores superficiales. No ven los obstáculos mientras no tropiezan con ellos de frente. Cuando llega el momento de la acción decisiva, transforman inevitablemente en impotencia y pesimismo su costumbre de eludir las dificultades reales haciendo juegos malabares de palabras. Para el primer tipo, para el revolucionario mezquino que se contenta con ínfimas ganancias, las dificultades de la conquista del Poder no constituyen sino la acumulación y la multiplicación de todas las que están habituados a hallar en su camino. Para el segundo tipo, para el optimista superficial, siempre surgen de repente las dificultades de la acción revolucionaria. En el período preparatorio observan conducta diferente estos dos hombres: el uno parece un escéptico con quien es imposible contar firmemente desde el punto de vista revolucionario; por el contrario, el otro puede semejar un revolucionario ardoroso. Pero en el momento decisivo ambos van tomados de la mano para erguirse contra la insurrección”. [22]

30. La Revolución Rusa impulsó levantamientos en todo el mundo. El gobierno revolucionario hizo un llamado por el fin a la guerra, reveló tratados secretos que ponían al descubierto los planes de las naciones en conflicto e instó a los trabajadores a que se rebelaran contra sus gobiernos. Los mencheviques se mantuvieron intransigentes en su oposición al derrocamiento del gobierno provisional a pesar que la revolución, dirigida por los bolcheviques, contaba claramente con el apoyo de las masas. Incluso después del derrocamiento, los mencheviques rechazaron los esfuerzos de bolcheviques moderados, tales como Kamenev, para sumarlos a un gobierno de coalición socialista. Los mencheviques insistieron que su precio por cualquier colaboración era no solo la remoción de Lenín y Trotsky de todo puesto de autoridad. ¡También querían que fuesen entregados a la policía!

31. Si el partido bolchevique hubiera fracasado en tomar el poder, lo único que podría haber ocurrido era la contrarrevolución, que hubiese resultado en la restauración del Zar o en el establecimiento de una dictadura militar. Una vez que la burguesía y sus patrones imperialistas se recobraron de la sacudida inicial, instigaron una guerra civil con la intención de destruir el régimen revolucionario. Se formó el Ejército Rojo, bajo la dirección de Trotsky, para defender al régimen soviético de la contrarrevolución. Trotsky mostró ser un genial estratega y organizador militar. Su éxito como líder del Ejército Rojo reflejó su incomparable comprensión de los problemas objetivos a los que se enfrentaba la clase trabajadora y su habilidad para compartir con las masas ese entendimiento. En un discurso que pronunció en abril de 1918, Trotsky explicó:

“La historia no es una madre indulgente y maleable que protegerá a la clase trabajadora. Es una madrastra malvada que le enseñará a los trabajadores, a través de sangrientas experiencias, como lograr sus fines. El pueblo trabajador está dispuesto a olvidar y perdonar; sólo basta con que las luchas sean un poco más fáciles. Sólo basta con haber logrado algo y les parece que el problema principal se ha resuelto y tiende a demostrar su magnanimidad, a hacerse pasivo, a parar de luchar. He ahí el infortunio de la clase trabajadora. Pero las clases poseedoras nunca se cansan de luchar. Han sido educadas para hacerle un frente constante a la presión de las masas trabajadoras, y toda pasividad, indecisión o vacilación de parte nuestra expone nuestro punto débil a los golpes de la clase poseedora, lo que significa que mañana o al otro día inevitablemente lanzará un nuevo ataque violento contra nosotros. La clase trabajadora necesita no el perdón universal que pregonaba Tolstói, sino cierto temperamento fuerte, cierta intransigencia y una profunda convicción de que sin la lucha por cada paso, por cada pulgada del camino hacia una vida mejor, sin una lucha constante, severa e irreconciliable, y sin la organización de esa lucha, no puede haber ni salvación ni liberación. [23]

32. Los bolcheviques estaban convencidos de que el futuro de la revolución rusa dependía de su extensión más allá de las fronteras de la Rusia Soviética. Los mejores representantes del socialismo internacional defendieron esta postura. Defendiendo a los bolcheviques, Rosa Luxemburgo escribió: “Lenín y Trotsky y sus amigos fueron los primeros, los que se adelantaron como ejemplo para el proletariado mundial; todavía son los únicos que hasta ahora pueden gritar con Hutten: ‘¡Nos hemos atrevido!’“ La Revolución Rusa transformó al socialismo de cuestión puramente teórica a cuestión práctica. Sin embargo, Luxemburgo insistió que el futuro de la Revolución Rusa dependía de como resultaran las luchas de clase fuera de las fronteras de Rusia. “En Rusia solo se podía plantear el problema”, escribió ella. “Pero no se podía resolver en Rusia. Y en ese sentido, el futuro en todas partes pertenece al ‘bolchevismo’“. [24] La burguesía reconoció en los nacientes movimientos revolucionarios su adversario más peligroso. Las fuerzas combinadas del imperialismo mundial organizaron una intervención en Rusia para apoyar a la contrarrevolución. En Alemania, las fuerzas reaccionarias, en liga con los socialdemócratas que habían sido llevados al poder por la rebelión de la clase trabajadora en noviembre de 1918, organizaron el asesinato de Rosa Luxemburgo y Carl Liebknecht en enero de 1919 . El asesinato de esos dirigentes revolucionarios fue la reacción de la burguesía alemana (y mundial) a la Revolución Rusa. Las clases gobernantes habían concluido de las experiencias de 1917 que el desarrollo de una dirigencia marxista en la clase trabajadora tenía que prevenirse a todo costo. Los sangrientos acontecimientos del siglo XX demostrarían hasta qué punto las clases gobernantes y sus agentes entre los socialdemócratas y estalinistas se habían guiado de esta lección.


[20]

“The State and Revolution,” in: V. I. Lenin, Collected Works, Volume 25, p. 410. [Texto en español: http://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1910s/estyrev/hoja3.htm]

[21]

See Professor Alexander Rabinowitch’s The Bolsheviks in Power (Bloomfield: Indiana University Press, 2007).

[22]

“Lessons of October,” by Leon Trotsky, in The Challenge of the Left Opposition 1923-25 (New York: Pathfinder Press, 2002), pp. 286-87.

[23]

How the Revolution Armed: The Military Writings and Speeches of Leon Trotsky, Volume 1: 1918, Translated by Brian Pearce (London: New Park Publications, 1979), p. 58.

[24]

The Russian Revolution (Ann Arbor: University of Michigan Press, 1961), p. 80.