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Perspectiva

El imperialismo exige un nuevo baño de sangre en Ucrania

Humo de edificios en Bajmut, región de Donetsk, Ucrania, 25 de abril de 2023 [AP Photo/Libkos]

Mientras sigue aumentando el saldo de muertos por la guerra en Ucrania, Estados Unidos está exigiendo una nueva ofensiva militar de Kiev. La burguesía estadounidense está decidida a combatir hasta el último ucraniano.

Hasta la fecha, las potencias de la OTAN han enviado más de $150 mil millones en armas y otras formas de asistencia a Ucrania, el equivalente a tres cuartas partes del PIB de Ucrania antes de la guerra. Después de declarar que no suministrarían equipo ofensivo, las potencias de la OTAN han inundado el país con cientos de tanques y vehículos blindados, así como los sistemas de misiles más avanzados en el arsenal de la OTAN.

Ahora, las potencias imperialistas están exigiendo que se les entreguen estas armas a los soldados ucranianos que acaban de ser llamados a filas, muchos d ellos cuales fueron tomados de las calles, para que ataquen posiciones rusas fuertemente fortificadas. Estados Unidos y la OTAN han rechazado cualquier resolución negociada de la guerra, declarando que solo podrá haber negociaciones hasta que logren sus objetivos militares.

El único resultado garantizado de la tan publicitada ofensiva será una pérdida masiva de vidas ucranianas y rusas aún mayor.

La cifra de muertes ya es impactante. En noviembre, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dijo que “100.000 efectivos militares ucranianos han muerto hasta la fecha”. Cientos de tropas mueren cada día y la cifra real de ucranianos fallecidos posiblemente supere los 200.000.

En la medida en que las tropas ucranianas intenten arrancar una ofensiva, el saldo de muertes tan solo aumentará. Las bajas de los soldados ucranianos a la ofensiva superarán por mucho las de las fuerzas rusas en la defensiva.

El Gobierno de Zelenski está recurriendo a cada vez más medidas represivas según envía a decenas de miles de jóvenes a sus muertes. Todos los partidos políticos anti-OTAN han sido proscritos en Ucrania y cualquier oposición a la línea proguerra de Kiev es objeto de fuertes castigos. Estas acciones han sido encubiertas por la prensa estadounidense, que miente que el Gobierno de Zelenski lucha por la “democracia.

Los reportes del New York Times y el Washington Post el domingo rinden testimonio del grado de presiones de Washington sobre su Estado clientelar en Kiev para emprender la ofensiva planificada.

“Ucrania está sintiendo inmensas presiones de corto plazo provenientes de sus patrocinadores occidentales, en la medida en que EE.UU. y sus aliados conciben la contraofensiva como una prueba crítica de si las armas, el entrenamiento y las municiones que se han apurado a entregar al país en los últimos meses se pueden traducir en importantes avances”, declaró el Times.

Comentando los planes para la ofensiva, el Post escribió: “La preparación del asalto, cuyos detalles permanecen secretos, ha dejado a los funcionarios ucranianos lidiando con una difícil situación: ¿Qué resultado bastará para impresionar a Occidente, especialmente a Washington?”.

Esto indica claramente la relación de fuerzas detrás de la ofensiva. “Washington”, es decir, el imperialismo estadounidense, dirige la ofensiva. Exige un rendimiento adecuado de su inversión. ¿Cuántos jóvenes ucranianos morirán para “impresionar a Occidente, especialmente a Washington”?

La Administración de Biden, que enfrenta una caída en picada en sus índices de aprobación y una impopularidad cada vez mayor de la guerra, está tratando de utilizar lo que pueda llamar un “gran avance” en la guerra de Ucrania para movilizar a su base de apoyo político en la clase media-alta acomodada antes de las próximas elecciones presidenciales.

Esta capa social apoya frenéticamente la guerra y la anima un odio histérico contra Rusia. Pero después de haber azuzado esta histeria militarista, ¿cuál será la respuesta de Estados Unidos a un posible fracaso de la ofensiva?

En entrevistas concedidas tanto al Times como al Post, varios funcionarios ucranianos trataron de advertir que la ofensiva prevista, por sangrienta que fuera, no conduciría a un éxito decisivo.

El ministro de Defensa ucraniano, Oleksi Reznikov, declaró al Post: “Las expectativas de nuestra campaña de contraofensiva están sobrevaloradas en el mundo”. Añadió que “la mayoría de la gente está... esperando algo enorme”, lo que temía que pudiera llevar a una “decepción emocional”.

Reznikov planteó la posibilidad de que el “éxito” podría ser tanto como la captura de “diez kilómetros”.

En una entrevista con The Guardian, el presidente checo, Petr Pavel, advirtió que para Estados Unidos y la OTAN “podría ser una tentación presionarlos, para que demuestren algunos resultados”. Pavel declaró: “Será extremadamente perjudicial para Ucrania si esta contraofensiva fracasa, porque no tendrán otra oportunidad, al menos no este año”.

La Administración de Biden ha apostado toda su credibilidad en la guerra. La posibilidad de que la ofensiva no tenga el resultado deseado, o incluso fracase por completo, no hace sino intensificar la presión a favor de una intervención directa de la OTAN.

La fiebre de guerra que se apodera de la élite política estadounidense quedó ejemplificada en el artículo de la portada de The Atlantic, escrito por Anne Applebaum y titulado “La contraofensiva”.

Applebaum exige la “liberación total de Ucrania”, pidiendo que Ucrania reconquiste “todo el territorio perdido desde febrero de 2022”, así como la península de Crimea. Applebaum declara que, en los planes para esta ofensiva, “se juega la posición de Estados Unidos en Europa, de hecho la posición de Estados Unidos en el mundo”.

Cada vez está más claro que los amplios objetivos de Estados Unidos no pueden lograrse sin una escalada masiva de la participación de Estados Unidos y la OTAN en la guerra.

Esta es la única explicación del ataque con drones de la semana pasada contra el Kremlin para asesinar a Putin. Fue una provocación temeraria cuyo objetivo era provocar represalias por parte de Rusia.

Tras el ataque con drones, se le preguntó al secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken: “¿Cuál es la posición de Estados Unidos sobre este tipo de ataques ucranianos contra los líderes durante esta guerra?”.

En respuesta, Blinken respaldó explícitamente la legitimidad de llevar a cabo asesinatos, declarando: “Dejamos que Ucrania decida cómo quiere defenderse”.

Estas declaraciones atestiguan la enorme temeridad que impera en la Casa Blanca. Al respaldar el posible asesinato del presidente ruso, que controla el segundo mayor arsenal nuclear del mundo, la Administración de Biden no solo está jugando con las vidas de las personas en Ucrania y Rusia, sino de todo el mundo.

Estados Unidos, que proclama que ésta es la “década decisiva” para garantizar el dominio geopolítico estadounidense, se está preparando para una guerra global a una escala que hará que la enorme cifra de cadáveres en Ucrania parezca solo el inicio.

A menos que se los detenga, los imperialistas se están preparando para repetir los horrores de la Primera y Segunda Guerras Mundiales, pero a una escala aún mayor y más mortífera.

Detener los planes de guerra de los imperialistas requiere la intervención política consciente de la clase obrera. En todo el mundo, desde Sri Lanka hasta Francia y Estados Unidos, los trabajadores están entrando en lucha contra los Gobiernos que declaran que hay que recortar drásticamente el nivel de vida de los trabajadores para financiar el rearme. Estas luchas deben unificarse sobre la base de la perspectiva del socialismo internacional, asumiendo como reivindicación central la lucha por el fin de la guerra en Ucrania.

(Publicado originalmente en inglés el 7 de mayo de 2023)

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