El respaldo del sindicato United Auto Workers a los aranceles del 25 por ciento de Trump sobre todos los automóviles fabricados fuera de los Estados Unidos equivale a una declaración de apoyo a un Gobierno dominado por fascistas. Subraya la implacable hostilidad de la burocracia sindical hacia la clase trabajadora en todos los países, y la necesidad urgente de una rebelión de base contra ella a través de la construcción de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base, como parte de la lucha más amplia contra la dictadura.
El presidente del UAW, Shawn Fain, emitió una declaración aduladora “aplaudiendo” a la Administración de Trump, que según él ha “hecho historia” al imponer aranceles que supuestamente crearán “miles de empleos más”. La afirmación de Fain de que los aranceles beneficiarán a la clase trabajadora no solo demuestra ignorancia en el tema económico, sino que es una fantasía reaccionaria.
En una industria integrada a nivel mundial, no existe un automóvil “estadounidense” ni “mexicano”. Durante décadas, los automóviles se han ensamblado mediante un vasto proceso de producción que abarca todo el mundo. Los aranceles no protegerán a los trabajadores; provocarán medidas de represalia, interrumpirán las cadenas de suministro y provocarán un colapso económico y despidos masivos en los EE.UU. y en el extranjero. Si la clase trabajadora no interviene, estas medidas conducirán directamente a una guerra comercial, como en la década de 1930, y en última instancia a una guerra mundial.
El respaldo a los aranceles también apesta a hipocresía. A la burocracia del UAW no le podría importar menos los trabajadores automotores en los Estados Unidos ni en cualquier otro lugar. Si bien ahora afirma que Trump está poniendo fin a la “competición a la baja” entre los trabajadores, el UAW ha pasado los últimos 45 años colaborando con las corporaciones para destruir millones de empleos del sector automotriz en nombre de la “competitividad”.
El objetivo de Trump no es proteger los empleos “estadounidenses”, sino prepararse para la guerra imperialista que busca dominar los mercados globales y las cadenas de suministro. Su política arancelaria va de la mano con amenazas abiertas de anexar Groenlandia, Panamá e incluso Canadá, planes extraídos directamente del libro de jugadas de Hitler, cuyas anexiones de Austria y los Sudetes allanaron el camino para la Segunda Guerra Mundial.
Si bien el UAW no llega a decirlo directamente, la conclusión ineludible de la declaración del jueves es que la burocracia sindical apoyaría la anexión de Canadá y otros países.
En un débil intento de encubrir su posición reaccionaria, los burócratas del UAW afirman que los aranceles de Trump de alguna manera beneficiarán a los trabajadores automotrices mexicanos, incluso cuando miles de ellos podrían perder sus empleos. En realidad, la política sienta las bases para la transformación de México, que ya ha estado bajo el pulgar del imperialismo estadounidense durante casi 200 años, en una colonia de facto de los Estados Unidos.
El apoyo del UAW a los aranceles también sirve para legitimar los ataques racistas de Trump contra los inmigrantes latinoamericanos, junto con la deportación de estudiantes internacionales. Entre los atacados se encuentra Mahmoud Khalil, miembro del UAW y estudiante de posgrado de Columbia, que fue secuestrado por ICE por sus opiniones políticas. La burocracia sindical no ha movido un dedo para defenderlo, ni a ninguno de los otros que enfrentan represión por oponerse a la guerra y el genocidio.
El abrazo del UAW a Trump representa una continuidad y profundización del apoyo de la burocracia a la economía de guerra bajo Biden. El propio Biden llamó infamemente a los sindicatos su “OTAN nacional”, destacando su papel fundamental en la preparación de la nación para la guerra imperialista. Todas las facciones de la clase dominante están de acuerdo con los objetivos básicos de las políticas de Trump, con los demócratas oponiéndose solo a su giro estratégico lejos de Ucrania.
El UAW pretende apoyar los aranceles de Trump mientras se opone a otros aspectos de su programa. El jueves, el sindicato emitió un comunicado afirmando estar en contra de los planes de Trump de eliminar los derechos de negociación colectiva para muchos trabajadores federales. Esto es tan absurdo como afirmar que uno podría apoyar los ataques demagógicos de los nazis contra los “banqueros globales” y los “industriales desleales” mientras se opone a su persecución de los judíos.
Los elogios del UAW a Trump son parte de un fenómeno más amplio. Mientras Trump libra una guerra total contra la clase trabajadora y los programas sociales, los sindicatos no hacen nada. Lejos de resistir el asalto, lo están facilitando. El sindicato Teamsters (Camioneros) es, en todo caso, incluso más partidario de Trump, mientras que toda la confederación AFL-CIO declara su voluntad de “trabajar con” el nuevo régimen. A pesar de que Trump está disolviendo ilegalmente departamentos enteros y planea despedir a cientos de miles, los sindicatos federales están limitando a los trabajadores a campañas de envío de cartas.
La clase trabajadora solo puede organizarse a través de una rebelión contra el aparato sindical, cuyos ingresos y estatus social privilegiado se basan en la explotación de la clase trabajadora y la estrecha integración de la burocracia con las corporaciones y el Estado.
El apoyo del UAW al fascismo da testimonio de la profunda transformación de los sindicatos desde sus orígenes en las huelgas militantes y socialistas de la década de 1930. Todavía en 1985, los trabajadores automotores en los Estados Unidos y Canadá pertenecían al UAW, lo que reflejaba lo que en ese momento era una pretensión puramente formal de apoyar la unidad internacional de la clase trabajadora. La dirección del UAW todavía se conoce como la “Internacional”, un vestigio del sentimiento izquierdista de las bases en los primeros días del UAW.
Esta transformación es el resultado de la historia y la perspectiva social de la burocracia sindical. Inmersos en el anticomunismo, el nacionalismo y el militarismo, los burócratas que dirigen el UAW y todos los demás sindicatos promovían la ideología de “Estados Unidos primero” mucho antes de que la frase pasara por los labios de Trump. En la década de 1980, el UAW dirigió campañas racistas de linchamiento contra las importaciones de automóviles japoneses, que culminaron en el brutal asesinato del chino-estadounidense Vincent Chin.
Este es un proceso mundial. IG Metall en Alemania, el Congreso de Sindicatos en Reino Unido, Unifor en Canadá y otras federaciones sindicales se están alineando detrás de sus respectivas banderas nacionales en preparación para la guerra. Unifor surgió de una división nacionalista con el UAW en 1985, a raíz de la afirmación de que un tipo de cambio favorable le permitiría defender los empleos “canadienses” a expensas de los estadounidenses. Esto ha demostrado ser un fraude.
Las organizaciones como Labor Notes y los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, por sus siglas en inglés) desempeñan un papel fundamental en el bloqueo una rebelión de las bases. Estos grupos pseudoizquierdistas disfrazaron a Fain como un “reformador” democrático durante su campaña de 2022 para presidente del UAW. Su llamado reformador no solo ha demostrado ser un colaborador del fascismo, ¡sino que él mismo ayudó a elaborar esta política! Los exeditores de Labor Notes, Jonah Furman y Chris Brooks, ahora ocupan cargos altos en el sindicato, cada uno con salarios de seis cifras bajo el liderazgo de Fain. El propio Fain dijo que Labor Notes ha sido instrumental en la configuración de su agenda.
Estos grupos, que funcionan como parte del Partido Demócrata, no son de “izquierda”. Representan capas privilegiadas de la clase media-alta que temen y desprecian a la clase trabajadora. Se opusieron a la campaña de Will Lehman, un trabajador automotriz socialista que se postuló para presidente del UAW con un programa para abolir la burocracia y construir comités de base, porque amenazaba con interrumpir una nueva trampa para la clase trabajadora, así como sus propias perspectivas de empleo.
En el siglo XXI, la clase trabajadora solo puede defender sus intereses a través de una lucha coordinada internacionalmente. Si bien la globalización fue impulsada en parte por el intento de la clase dominante de destruir el nivel de vida de los trabajadores, también ha producido el propio sepulturero del capitalismo: la expansión e integración de la clase trabajadora a escala global. Este desarrollo objetivo sienta las bases para un ajuste de cuentas histórico, un ajuste de cuentas internacional de la clase trabajadora con el capitalismo.
Esto requiere la construcción de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base, que está forjando nuevas vías de lucha independientes de las burocracias sindicales en todos los países. No se trata de reformar el aparato, sino de abolirlo y devolver el poder a las bases.
Se debe desarrollar un poderoso movimiento industrial de base, que una a los trabajadores de cada fábrica, lugar de trabajo, industria y país. La oposición de masas, incluidas las huelgas, debe estar preparada para contrarrestar el régimen oligárquico de Trump y defender los derechos sociales y democráticos de la clase trabajadora.
Este desarrollo de un movimiento de masas en la clase trabajadora debe estar conectado con la construcción de una dirección socialista y revolucionaria. La estrategia que guía a la clase trabajadora no debe ser la unidad con los oligarcas “propios”, sino la expropiación de la industria automotriz, el sistema financiero y todas las grandes corporaciones, transformándolas en servicios públicos controlados democráticamente por la clase trabajadora. Esa es la tarea del socialismo.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 29 de marzo de 2024)
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