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El colapso del Your Party—Es hora de construir el Socialist Equality Party

El siguiente informe fue presentado por el secretario nacional del Partido Socialista por la Igualdad (Reino Unido), Chris Marsden, en Manchester, el secretario nacional adjunto Tom Scripps en Londres y Sheffield, y el miembro del Comité Nacional Steve James en Glasgow.

Este informe explicará el colapso del Your Party, partido fundado y dirigido por Jeremy Corbyn y sus aliados. Y utilizará esa explicación para argumentar a favor de la construcción del Partido Socialista por la Igualdad y del movimiento internacional del que forma parte.

Tom Scripps hablando en el mitin en Londres

Para ello, debemos comenzar describiendo la situación social, económica y geopolítica que enfrenta la clase trabajadora. Porque los partidos políticos que se proclaman socialistas ascienden o caen en función de su capacidad para estar a la altura de esa situación: comprenderla correctamente y plantear un programa que responda a ese desafío.

Hay tres características decisivas del mundo actual, de las que se deriva todo lo demás que afecta a la clase trabajadora: la desigualdad social, la guerra y el crecimiento de la extrema derecha.

Sobre la desigualdad social, apenas hace falta decir más de un nombre: Elon Musk. El primer billonario del mundo, es decir, alguien con un millón de millones de dólares. Pero Musk es solo el ejemplo más extremo de una oligarquía global; el 0,001 por ciento más rico de la humanidad (56.000 personas) controla tres veces más riqueza que los 4.000 millones de personas más pobres. El 10 por ciento más rico controla más riqueza que el otro 90 por ciento.

De izquierda a derecha: Elon Musk; imagen de la guerra entre Ucrania y Rusia; Donald Trump [AP Photo/[AP Photo/Patrick Pleul] [AP Photo/LIBKOS] [AP Photo/Alex Brandon]]

Ese hecho básico domina a todos los demás; sin lo cual nada puede entenderse. Es lo que sustenta la desigualdad global entre países y la dominación de cada país por una diminuta capa superrica de la población. Es esto lo que está dejando sin recursos a los servicios sociales esenciales y negando a los trabajadores incluso un nivel de vida básico, por mucho que trabajen, mientras una pequeña minoría disfruta de niveles grotescos de lujo.

Y es esto lo que alimenta la catástrofe desbocada de la crisis climática, cuyas consecuencias hemos experimentado, aunque solo sea ligeramente, durante el último mes. Justo la semana pasada, Goldman Sachs (¡nada menos!) advirtió de que el aumento de las temperaturas mundiales podría desencadenar una crisis de los precios de los alimentos que se prolongaría hasta 2028, con un incremento de los precios de alrededor del 15 %, lo que para millones de personas supone la diferencia entre sobrevivir y morir de hambre.

El peligro existencial que presenta la guerra puede plantearse enumerando varios países: Palestina, Líbano, Congo, Sudán y, sobre todo, Irán y Ucrania. Cientos de miles de rusos y ucranianos han sido asesinados; una sociedad de 2 millones de personas ha sido destruida en el genocidio de Gaza. Gran parte de la infraestructura vital de Irán ha sido demolida y miles de personas han muerto en una guerra que amenaza constantemente con reavivarse.

Hemos sido testigos de atrocidades terribles, sangre y destrucción, que aumentan gracias a una marea de gasto militar que alcanzó su mayor total global el año pasado de 2,9 billones de dólares, aumentando especialmente en Europa.

Lo que debería quedar claro de estas cifras es que los gobiernos miran más allá de las guerras actuales hacia conflictos aún más graves: el servicio militar obligatorio y las armas nucleares se discuten ahora regularmente.

Sostenemos que lo que hemos visto en las guerras de los últimos cuatro años es la fase inicial de un tercer conflicto global en el que las potencias imperialistas, lideradas por Estados Unidos, buscarán redividir el mundo —su territorio, mercados y recursos— entre ellas, poniéndolas en curso de colisión con Rusia y China.

En cuanto a la extrema derecha, podría, de nuevo, simplemente decir ¡Elon Musk! Pero el ejemplo más grave es el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que trabaja para establecer una dictadura presidencial sobre los cimientos de una Gestapo paramilitar, las fuerzas de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), milicias neonazis y sectores de la policía y el ejército.

Lo hace mientras declara que el 'comunismo' y el 'socialismo' son el Enemigo Número Uno de Estados Unidos.

En Europa, sus correligionarios del Reagrupamiento Nacional francés, Alternativa para Alemania y otros partidos se están preparando para desempeñar un papel igualmente bárbaro con sus campañas contra los inmigrantes, islamófobas y antisocialistas, y sus promesas de reforzar los poderes policiales del Estado.

Estos tres fenómenos —desigualdad, guerra y la extrema derecha— están estrechamente interconectados. El impulso de una sección cada vez más pequeña de la población para apoderarse de una porción cada vez mayor de la riqueza mundial es lo que en última instancia sustenta el impulso hacia la guerra. El creciente poder de la oligarquía de los superricos es, en última instancia, fatal para todas las formas de democracia. La represión estatal y el fomento de la extrema derecha son las soluciones a las que recurre la clase dominante para dividir y reprimir a la clase trabajadora, haciendo posible la guerra y la dictadura.

Todo ello tiene sus raíces en la organización capitalista de la sociedad en torno a la búsqueda de beneficios por parte de empresas privadas y en la división del mundo en Estados nacionales enfrentados entre sí.

La sociedad y la política británicas, como en cualquier lugar, han sido moldeadas y desfiguradas por estas tres tendencias decisivas del capitalismo moderno.

Personas sin hogar en tiendas de campaña adyacentes al Ayuntamiento de Manchester, 21 de diciembre de 2024.

Una quinta parte de la población vive en la pobreza, mientras que la mayoría del resto lucha por llegar a fin de mes. Más de un millón de jóvenes no tienen empleo ni estudian ni reciben formación, abandonados a su suerte y sin futuro. Millones de personas de todas las edades están en trabajos miserables, estresantes e inseguros. La mayoría mira la edad de jubilación con una sensación de temor sobre qué demonios van a hacer.

Los servicios públicos están quedando muy rezagados respecto a las necesidades de la población, lo que significa cientos de miles de personas sin hogar, millones esperando tratamiento médico, niños que no aprenden en las escuelas, familiares mayores sin cuidados, comunidades locales desmoronándose.

Mientras tanto, el 1 por ciento más rico ha acumulado una fortuna combinada de aproximadamente 3 billones de libras, y el Partido Laborista nos dice que no hay dinero para resolver estos problemas, ni siquiera posibilidad de empezar a solucionarlos, porque hacerlo molestaría a los inversores superricos que financian la deuda nacional del Reino Unido.

Sin embargo, hay dinero, decenas de miles de millones más al año, para pagar soldados y armas de guerra, incluidas armas nucleares modernizadas. También hay dinero para detener a miles de manifestantes políticos, encarcelar durante años como “terroristas” a jóvenes activistas contra el genocidio y detener y deportar a refugiados que huyen de las catástrofes creadas en todo el mundo con la ayuda del Gobierno británico.

Todas estas políticas fueron asumidas sin problemas desde el Partido Tory por el Partido Laborista de Keir Starmer, y lo mismo ocurre ahora con el traspaso del poder a Andy Burnham. Todos los gobiernos libran una guerra contra la clase trabajadora en nombre de los superricos.

Esto ha generado, no solo en los últimos años, sino durante la última década y más, un descontento y una indignación social generalizados, expresados en huelgas y protestas y en la búsqueda de una alternativa. Ha provocado un cuestionamiento del capitalismo y un nuevo interés por las ideas de izquierdas y el socialismo.

Muchos partidos se han presentado como la respuesta. En este país: el Partido Laborista de Corbyn y el Partido Verde, bajo el liderazgo de Zack Polanski. A nivel internacional: Syriza en Grecia, Podemos en España, Die Linke en Alemania y muchos otros, hasta llegar a Zohran Mamdani y los Socialistas Democráticos de América, y a La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon

Estas son respuestas al giro hacia la izquierda de la población. Pero, como resumió en cierta ocasión el estratega revolucionario León Trotsky al referirse al mismo problema, “son expresiones de un giro, pero también su freno.”

Estos nuevos partidos o movimientos no se habrían formado si el sentimiento hacia la izquierda no se hubiera desarrollado hasta cierto punto, pero sus programas y direcciones actúan para limitar el desarrollo de ese sentimiento, con consecuencias desastrosas para la clase trabajadora si no se les hace frente.

Este es el caso de Your Party, pero al explicarlo quedará claro que los mismos puntos fundamentales se aplican a todas las organizaciones e individuos que he mencionado y más.

No estamos tratando con errores simples ni problemas con individuos, sino con tendencias políticas y los intereses de clase que representan. El marxismo es una herramienta tan poderosa e indispensable porque permite a la clase trabajadora identificar los intereses sociales que hay detrás de los movimientos y partidos políticos, y juzgarlos en base a ello.

Your Party, el capitalismo contemporáneo y el callejón sin salida del corbynismo

Your Party fue anunciado formalmente, tras un comienzo difícil, el pasado julio, con un comunicado que hacía referencia a los millones de personas que viven en la pobreza junto a 'grandes corporaciones que hacen una fortuna', criticando al gobierno por proporcionar 'miles de millones para la guerra' y su 'complicidad en crímenes contra la humanidad'; llamando a una 'redistribución masiva de la riqueza y el poder' y a la defensa del 'derecho a protestar contra el genocidio'.

Añadió que son 'las personas corrientes quienes crean la riqueza... y son las personas corrientes quienes tienen el poder de devolverlo al lugar que pertenece'.

En ese momento tenía aproximadamente 800.000 personas inscritas en su lista de correo, con la intención de convertirse en miembros.

Jeremy Corbyn en la conferencia fundacional de Your Party [Photo: X/Jeremy Corbyn]

'Esto fue, como dijimos en aquel momento, un hito en la continua desintegración del Partido Laborista. Millones de trabajadores y jóvenes han llegado a la conclusión de que el Partido Laborista, bajo el liderazgo de Keir Starmer, es un partido irremediablemente derechista, proempresarial, belicista y defensor del genocidio en Gaza…'.

'Millones', explicamos, coinciden con las ideas expuestas en el comunicado de lanzamiento y 'están de acuerdo y ven la necesidad de un nuevo partido para poner en práctica estas ideas'.

Pero continuamos, “este no es ese partido. Aunque Corbyn se ha visto obligado a hacer una ruptura organizativa con el Partido Laborista, su nuevo partido no representa una ruptura política con el laborismo”.

Todo lo que ofrecía, explicamos, era 'la traición y la derrota'.

Además, añadimos:

Nada de esto ha cambiado, ni cambiará en el futuro, por el apoyo inmediato y universal que numerosas corrientes pseudoizquierdistas que se autoproclaman revolucionarias han brindado a esta iniciativa. El papel de grupos como el Socialist Workers Party (SWP), el Revolutionary Comunist Party (RCP) y el Socialist Party (SP) será el de animadores y defensores de este nuevo partido reformista. Serán ellos quienes se adapten a la política de Corbyn, y no al revés.

Ahora dudo que alguien hoy, un año después, discuta que esto fue exactamente lo que sucedió. Pero ninguna de las organizaciones que se sumaron entusiastamente al Your Party y lo promovieron previó semejante desenlace, y ninguna ofrece ahora explicación alguna sobre su papel en este fiasco. Hoy explican solemnemente que todo esto es el resultado inevitable del “enfoque reformista” de Corbyn y Sultana. Pero, entonces, ¿por qué el Partido Socialista por la Igualdad fue el único que advirtió de semejante desenlace y se opuso a los esfuerzos por promover Your Party como la dirección natural de la clase trabajadora?

Nos basamos en dos puntos fundamentales: Sobre nuestro análisis de la situación mundial, del capitalismo contemporáneo y, a través de un largo periodo, del propio Corbyn, de sus aliados y, más importante aún, de la tradición política que representa.

Ya he descrito las condiciones de desigualdad social, guerra y reacción de extrema derecha a las que nos enfrentamos, todas ellas producto del capitalismo: la producción con fines de lucro, organizada en empresas y Estados nacionales que compiten entre sí.

Pero aquí quiero ser más específico sobre el carácter del capitalismo contemporáneo y, en particular, sobre lo que esto significa para la política.

El desplome financiero de 2008—la Gran Recesión—fue un punto de inflexión. Fue el momento en que procesos que se habían ido acumulando durante décadas finalmente produjeron una explosión que desató sus consecuencias sobre la clase trabajadora internacional.

Esos procesos fueron:

Uno) la globalización de la producción—el crecimiento de corporaciones trans nacionales cuyas actividades, no solo sus productos, abarcaban todo el mundo, permitiéndoles enfrentar a diferentes sectores de trabajadores entre sí;

Dos) la caída de las tasas de ganancia —una cuestión compleja, pero que significa que los empresarios deben intensificar cada vez más la explotación de sus trabajadores para seguir siendo competitivos;

Y tres) una financiarización masiva —el enorme crecimiento de la emisión de dinero, la especulación y las cotizaciones bursátiles, que desplaza todo ese dinero y poder hacia arriba, fuera de las manos de los trabajadores, hacia carteras de acciones y fondos de inversión.

En conjunto, estos procesos han desencadenado una ofensiva contra la clase trabajadora y han socavado por completo la capacidad de las antiguas organizaciones obreras, como los sindicatos —dominados hoy por burocracias de derechas que actúan como socios de las empresas y los gobiernos—, para resistir y defender los intereses de la clase trabajadora, ni tan siquiera en un sentido limitado.

La sociedad y la economía han superado los parámetros del Estado-nación. Para la clase capitalista, esto significa la intensificación de las formas más brutales de competencia internacional, desde la guerra comercial hasta el conflicto militar, aumentando la presión sobre los trabajadores para alimentar esa competencia.

Como ya hemos escrito antes, 'El orden del día para el capitalismo mundial es la guerra comercial y militar por el control de los recursos esenciales y los mercados, y la lucha de clases en el interior de cada país para imponer los brutales niveles de explotación y la destrucción de los servicios esenciales que hacen posible este conflicto mundial”.

Por estas razones, se ha vuelto imposible combinar el capitalismo con políticas que contemplen siquiera reformas sociales muy limitadas. Más bien, las grandes conquistas del pasado —sanidad pública, educación, pensiones, empleo estable, etc.— están siendo objeto de un ataque sostenido y se enfrentan a su destrucción.

Por encima de todo, la clase trabajadora solo puede resistir a la clase capitalista, y ni mucho menos derrotarla, si no es mediante una lucha internacional. Nuestro movimiento ya planteaba esta cuestión hace varias décadas, cuando esta situación empezó a desarrollarse:

Desde hace mucho tiempo, es una proposición elemental del marxismo que la lucha de clases es nacional solo en cuanto a su forma, pero que, en esencia, es una lucha internacional. Sin embargo, dadas las nuevas características del desarrollo capitalista, incluso la forma de la lucha de clases debe asumir un carácter internacional... ninguna lucha contra la clase dominante en ningún país puede producir avances duraderos para la clase trabajadora, y mucho menos preparar su emancipación definitiva, a menos que se base en una estrategia internacional dirigida a la movilización mundial del proletariado contra el sistema capitalista…

Si un partido no está dispuesto a plantear un desafío internacionalista y revolucionario al capitalismo —a luchar por poner las fortunas de la oligarquía bajo propiedad pública; por situar los centros de trabajo y las administraciones locales bajo el control democrático de los trabajadores; por una federación internacional de la clase trabajadora que ponga fin a la división del mundo en Estados nacionales enfrentados entre sí—, si no está dispuesto a hacer eso, entonces la alternativa es someterse a las exigencias cada vez más brutales de la clase dominante.

Jeremy Corbyn (izquierda) y sir Keir Starmer durante las elecciones generales de 2019, cuando Corbyn era el líder del partido [AP Photo/Matt Dunham, File]

Nunca hubo duda sobre Corbyn y la respuesta del corbynismo a esta elección. Este es un proyecto político nacido del deseo declarado de propiciar un renacimiento del Partido Laborista en el terreno de la izquierda: uno de los dos partidos de confianza del capitalismo británico, del que Corbyn fue miembro durante un tercio de sus 120 años de existencia, años en los que abandonó su antiguo programa reformista y se convirtió, bajo Tony Blair y Gordon Brown, en un partido abiertamente procapitalista, esencialmente thatcherista, de belicistas imperialistas.

El resultado de ese proyecto fue tan desastroso que, después de cinco años, los corbynistas habían devuelto el Partido Laborista a Starmer tan intacto que los blairistas pudieron expulsar del partido los últimos vestigios de sentimiento izquierdista, junto con Corbyn.

Durante su liderazgo del Partido Laborista, Corbyn abandonó su oposición a la OTAN y a las armas nucleares, cedió ante la campaña de difamación que denunciaba un supuesto “antisemitismo de izquierdas”, permitiendo que sus partidarios fueran expulsados del partido y que se creara la base ideológica para la represión de las protestas masivas contra el genocidio. Protegió a los blairistas, ordenó a los ayuntamientos laboristas que llevaran a cabo los recortes de austeridad impuestos por los conservadores y presidió, con su retórica de compromiso y armonía social, algunos de los niveles más bajos de actividad huelguística de los que se tiene constancia.

No fue en absoluto una experiencia única. En los años previos a que Corbyn se convirtiera en líder laborista, un partido llamado Syriza llegó al gobierno en Grecia gracias a un enorme apoyo popular a su promesa de oposición a las medidas de austeridad que se exigían al país para rescatar a los bancos.

Obtuvo una victoria aplastante y después procedió a aplicar las políticas de austeridad incluso después de un referéndum en su contra, y de otra victoria aplastante, todo ello mientras reforzaba el aparato militar y aplicaba medidas contra los inmigrantes.

Un papel muy similar lo desempeñaron un partido en España llamado Podemos—en ese caso en coalición con el Partido Socialista—y el Partido de la Izquierda en Alemania en los gobiernos locales.

Sus acciones no fueron accidentales; Eran el resultado inevitable de un tipo particular de política: uno que es fundamentalmente procapitalista, antirrevolucionario y, por tanto, antisocialista, y que tiene sus raíces en las burocracias sindicales de derechas, en sectores de la clase media (especialmente en el ámbito académico) y en las capas más conservadoras de la clase trabajadora, que están descontentas con el statu quo, pero quieren que se mantenga en todos sus aspectos esenciales.

Yanis Varoufakis, ministro de finanzas de Syriza, lo puso en palabras cuando dijo que su tarea era 'salvar el capitalismo europeo de sí mismo'. Una idea que fue repetida casi palabra por palabra por el ministro de Hacienda en la sombra de Corbyn, John McDonnell, quien dijo que él y Corbyn eran “los estabilizadores del capitalismo”.

La única diferencia que Corbyn tenía con Syriza y similares era que eran demasiado radicales. Syriza fue una escisión por la izquierda del equivalente griego del Partido Laborista, el PASOK, que se había hundido bajo el peso del odio popular hacia su trayectoria derechista. Corbyn dijo que se presentó como líder laborista para evitar que eso ocurriera, para preservar al Partido Laborista de la Pasokificación.

Incluso después de ser expulsado de él, dio todas las señales de que se retiraría a una vida tranquila en Islington, como diputado de segunda fila. No movilizó ninguna lucha contra Starmer en absoluto. Incluso en las elecciones de 2024 no quería presentarse contra el Partido Laborista; cuando se vio obligado a hacerlo, lo hizo basándose exclusivamente en cuestiones locales

Así que no había razón para que nosotros ni nadie más esperáramos algo diferente de Your Party. Y nuestra evaluación se confirmó en cada etapa.

En primer lugar, por la enorme reticencia de Corbyn incluso a firmar el lanzamiento de la organización como un desafío al Partido Laborista: solo aceptó cuando se volvió imposible no hacerlo.

Luego, con sus ataques, hasta un recurso legal, contra Zarah Sultana por intentar empujar el proyecto un poco más hacia la izquierda para asegurar el apoyo popular. Luego por las expulsiones de cualquiera asociado a un grupo 'socialista' organizado, su conferencia fundacional antidemocrática y la declaración política que no mencionaba la palabra 'capitalismo'.

Por último, presentándose a unas elecciones para el liderazgo del partido con un programa que se comprometía a liquidar la democracia interna y a dejarlo todo en manos de los aliados de Corbyn en la dirección central.

Que es lo que han hecho ahora, neutralizando totalmente al partido y, en la práctica, destruyéndolo. La última vez que Corbyn habló públicamente como líder del Your Party fue el día que fue nominado. Hoy se presenta como un diputado independiente, ofreciendo consejos amistosos a Andy Burnham mientras sus acólitos se sumergen en campañas locales vagamente de izquierdas—que es más o menos lo que Corbyn siempre quiso. Fue, es y siempre será un defensor de la izquierda del Partido Laborista.

Jeremy Corbyn y Zarah Sultana en el evento "El Mundo Transformado", octubre de 2025

Todos hemos pasado los últimos diez años viviendo estos acontecimientos. Y existe el peligro de volverse insensible a las consecuencias. Así que quiero subrayar fuertemente el punto: esta es una década entera de posible preparación política y lucha que se ha perdido para la clase trabajadora, como resultado del liderazgo de Corbyn. Todo ello mientras las amenazas que enfrentamos han ido aumentando.

La OTAN y Rusia están inmersas en una guerra por poderes que se aproxima cada vez más a un conflicto directo entre potencias dotadas de armas nucleares.

Se ha desencadenado una nueva guerra imperialista estadounidense en Oriente Medio, contra Irán, que ningún supuesto alto el fuego ha detenido. Trump amenaza con la aniquilación de una sociedad de más de 90 millones de personas y pone en peligro el suministro de alimentos y combustible de cientos de millones más en todo el mundo.'

Diez años, en el contexto de la crisis climática, es un período desesperadamente largo: cada año de fracaso a la hora de abordar las emisiones supone décadas más de olas de calor, sequías, incendios forestales, tormentas e inundaciones.

Y hemos sido llevados al precipicio de otra crisis económica mundial, que eclipsaría la de 2008. El valor total de los mercados bursátiles mundiales es del 135 por ciento del PIB mundial. La deuda pública y privada es tres veces el PIB global. Esto no puede continuar indefinidamente y, cuando se venga abajo, la vida de todos los trabajadores en la Tierra cambiará de la noche a la mañana.

Todo esto confirma lo que dijimos en nuestros materiales de campaña para estas reuniones: que no disponemos de todo el tiempo del mundo para construir un movimiento contra estos peligros. Pasar año tras año saboteando el sentimiento de izquierdas es un terrible crimen político.

Un número cada vez mayor de trabajadores y jóvenes con ideas socialistas han llegado a comprenderlo. Pero también deben comprender cómo fue que se les dio a Corbyn y a sus aliados —que difícilmente pueden considerarse titanes políticos— la oportunidad de desempeñar este papel, cuando el sentimiento en la clase trabajadora es mucho más combativo.

Al comprenderlo, uno se prepara para la lucha para impedir que vuelva a suceder lo mismo y abrir un nuevo camino. Eso es lo que quiero abordar ahora: cómo construir una auténtica alternativa socialista.

La lucha por la conciencia socialista

Está claro que, cuando Corbyn se puso al frente del movimiento de masas que lo llevó a convertirse en líder del Partido Laborista, ninguna organización que se proclamara revolucionaria y socialista estaba en condiciones de impedir que eso ocurriera y asumir inmediatamente el liderazgo de la propia clase trabajadora. La decisión era: ¿cómo responder a Corbyn, ¿cómo crear las bases para un giro genuinamente socialista por parte de la clase trabajadora?

Esa pregunta se ha planteado ante los marxistas durante más de un siglo. ¿Cómo debe uno actuar cuando la clase trabajadora, en su gran mayoría, busca soluciones en individuos y partidos que proponen reformar el capitalismo, confía por el momento en que la conduzcan hacia adelante y aún no está convencida de una perspectiva socialista revolucionaria?

La respuesta correcta se ha establecido una y otra vez, a través de todas las grandes experiencias del siglo XX y ahora del XXI. Por supuesto, uno se solidariza con los sentimientos que se desplazan hacia la izquierda y con las luchas de los trabajadores. Pero nunca, ni por un instante, acepta a sus dirigentes actuales: nunca oculta ni minimiza ninguna de sus debilidades, nunca encubre ni justifica sus traiciones y nunca permite que la clase trabajadora las olvide.

Utiliza estas experiencias para educar a la clase trabajadora a mirar más allá, a observar con mayor discernimiento. Porque, ¿de qué otra manera puede aprender a ir más allá de personas como Corbyn, a no confiar en ellas y, en cambio, a presentar a sus propios dirigentes, que sean intransigentes a la hora de anteponer los intereses de los trabajadores a las exigencias de los superricos y de los militares?

Nadie lo argumentó con más claridad que Vladimir Lenin y León Trotski.

Permítanme primero explicar la razón por la que prestamos tanta atención a Lenin y Trotsky, la razón por la que los citamos en una reunión en 2026, la razón por la que nuestros miembros pasan horas leyendo sus libros y discursos y estudiando sus acciones. Es porque lideraron la primera revolución socialista del mundo, en Rusia en 1917, establecieron el primer y único estado obrero genuino del mundo y sentaron las bases de un movimiento revolucionario mundial.

Lucharon y ayudaron en gran medida a resolver los mismos problemas esenciales que enfrentamos hoy. Practicar una política socialista sin basarse, a través del conocimiento colectivo de un partido, en los escritos de Lenin y Trotsky es como intentar hacer física ignorando a Einstein.

Lenin dirigiéndose a una multitud en mayo de 1920, con Trotsky de pie junto a la plataforma

Así es como describieron el problema de lo que se denominaba “oportunismo”, es decir, adaptarse de manera oportunista a las izquierdas y a los dirigentes obreros existentes. Lenin planteó el ejemplo de quienes justificaban su apoyo a estas personas señalando el respaldo que recibían

¡No queremos, dicen, romper con las masas y las organizaciones de masas! Pero piensa en cómo formuló Engels la pregunta. 'En el siglo XIX, las 'organizaciones de masas' de los sindicatos ingleses estaban del lado del partido laborista burgués. Marx y Engels no se reconciliaron con esa postura por este motivo; lo denunciaron.

Y Lenin continúa:

[N]o se trata tanto del tamaño de una organización como de la verdadera significación objetiva de su política: ¿representa su política a las masas, está al servicio de estas, es decir, tiene como objetivo su liberación del capitalismo, o representa los intereses de una minoría, la conciliación de esa minoría con el capitalismo? …

La única línea marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas la inevitabilidad y la necesidad de romper con el oportunismo, en educarlas para la revolución librando una lucha implacable contra el oportunismo.

Trotsky planteó los mismos puntos en el contexto de la huelga general británica de 1926, cuyo centenario conmemoramos a principios de este año con una serie de actos públicos.

Solo mediante una lucha irreconciliable contra el agente especial del capital bajo la forma de la dirección derechista del Partido Laborista, “sino también mediante el desenmascaramiento sistemático de los confusionistas de izquierdas, por medio de los cuales y de ningún otro modo” ellos “pueden mantener sus posiciones”.

Esos llamados izquierdistas, explicó Trotsky, estaban 'envenenando sistemáticamente el movimiento obrero, nublando la conciencia del proletariado y paralizando su voluntad.' Añadió que “debe entenderse claramente que todas las tradiciones, hábitos organizativos e ideas de todas las agrupaciones ya existentes en el movimiento obrero, bajo diferentes formas y con diferentes consignas, las predisponen o bien a la traición directa o bien al compromiso”.

Los socialistas tenían que luchar para hacer añicos esas agrupaciones. Y Trotsky era implacable en sus críticas a quienes se proclamaban socialistas, pero hacían lo contrario, cuya 'misión histórica', como escribió, consistía supuestamente en 'corregir' a las izquierdas laboristas, 'en crear una válvula de escape para el descontento de las masas, en desdibujar los contornos y en disolver el pensamiento coherente en un 'izquierdismo' informe'.

Estas palabras fueron escritas cuando las izquierdas laborista y sindical eran mucho más combativas y gozaban de una autoridad política muchísimo mayor, tenían vínculos reales con millones de trabajadores y estaban asociadas a luchas políticas de una envergadura muy superior a las pálidas imitaciones que existen hoy. Cada palabra escrita entonces se aplica hoy con cien veces más fuerza y dureza, cuando el problema es mucho menos que la clase trabajadora esté realmente comprometida con la izquierda laborista o con los Verdes, y más bien que simplemente está desencantada de la política en su conjunto como resultado de sucesivas traiciones.

Ese fue el tono y el enfoque adoptados por el Partido Socialista por la Igualdad. Citando de nuevo nuestra primera declaración sobre Your Party, concluimos:

El Partido Socialista por la Igualdad hará todo lo posible para alertar a los trabajadores sobre la situación y armarlos con el programa y la dirección necesarios. No seremos defensores ni apologistas de 'Your Party'. No es nuestro partido. Nos comprometeremos con energía con los muchos trabajadores y jóvenes que actualmente ven en Corbyn a un líder, y trataremos de educarlos en las experiencias históricas fundamentales de la última década y más allá, las cuales señalan la necesidad de una perspectiva y un partido revolucionarios, internacionalistas y socialistas.

Nuestro objetivo es garantizar que la clase obrera no gaste sus energías en una campaña desmoralizadora para un partido que los llevará a la traición y la derrota, para garantizar que las ilusiones en el reformismo corbynista se disipen lo más rápido posible en preparación para las batallas revolucionarias de clase que se avecinan.

El enfoque totalmente opuesto fue adoptado por todos los demás partidos y personas importantes que actualmente se consideran parte de la izquierda. Quiero enfatizar esto porque es fundamental para entender la situación en la que estamos y para contrarrestar los esfuerzos de culpar a la clase trabajadora de esa situación.

Desde el Revolutionary Communist Party y el Socialist Workers Party, que adoptan una fachada radical, hasta la revista Tribune, que nada en la charca estancada de la izquierda del Partido Laborista —y las muchísimas otras organizaciones e individuos que se encuentran entre ambos extremos—, existe un bloque político cuya función es impedir que los trabajadores vayan más allá de Corbyn o de quienquiera que acabe siendo la próxima figura similar, ya sea Zack Polanski o incluso el charlatán autopromocionado Andy Burnham.

Festival Marxism del SWP 2025, mitin a la hora del almuerzo: “Party Time: What Kind of Left Do We Need?” (De izquierda a derecha: Michael Lavalette, Jeremy Corbyn, Lewis Nielsen, presidenta Samira Ali, Salma Yaqoob, Andrew Feinstein)

Cuando Corbyn se convirtió en líder del Partido Laborista, estas organizaciones proclamaron que aquello suponía el comienzo de la transformación socialista del partido mediante un movimiento de izquierdas dirigido por Corbyn. En realidad, como dijimos que sucedería, resultó ser la asfixia derechista de ese movimiento de izquierdas por parte del Labour Party, con Corbyn como hombre de vanguardia.

Pero el SWP, el RCP, el Socialist Party y otros justificaron o pasaron por alto todas las traiciones. Corbyn seguía siendo el hombre. Se podían hacer algunas quejas apagadas, pero ninguna crítica seria y, desde luego, ningún esfuerzo por organizar a los trabajadores y los jóvenes contra su capitulación. Durante los cuatro años posteriores a la retirada de Corbyn de la dirección laborista, la historia fue la misma: si alguien iba a construir un desafío de izquierdas contra el Partido Laborista, tenía que ser Corbyn.

Cuando apareció Your Party, el mismo proyecto pasó a toda velocidad. El Socialist Workers Party estaba haciendo campaña a favor de la organización incluso mientras sus miembros eran objeto de una caza de brujas y expulsados de ella. El Revolutionary Communist Party publicó sus habituales y ridículas cartas de consejos a 'Jeremy' y 'Zarah' sobre cómo podían adoptar políticas revolucionarias.

Solo después del naufragio total del corbynismo, que durante una década ha desperdiciado la disposición a luchar de cientos de miles, si no millones de personas, dirigen su atención a otro lado, hacia el Partido Verde de Polanski y hacia una campaña de ‘Stop Reform’ que invita a alianzas con todos, desde la menguante izquierda del Partido Laborista hasta el propio Burnham—exactamente la misma política con nuevos nombres y rostros.

Que Polanski—una figura mucho menos importante que Corbyn y con un historial político aún peor—ahora sea promocionado como la cara de las esperanzas de izquierdas, y que el convencido Blairista Burnham sea la persona a la que se supone que debemos presionar, demuestra la total bancarrota de esta política.

Trotsky vio y escribió mordazmente sobre exactamente lo mismo que estaban haciendo determinadas organizaciones durante la Revolución rusa de 1905, que fue un ensayo general histórico de 1917, y solo reconociendo y derrotando a estas organizaciones pudieron los bolcheviques triunfar. Trotsky explicó:

Cansadas de su propia insuficiencia y falta de fiabilidad, se lanzan en busca de 'aliados'. Se arrojan ávidamente sobre el estercolero del liberalismo [o del corbynismo]. Le imploran, le apelan, inventan fórmulas especiales sobre cómo podría actuar... Corren de un lado para otro, agarrándose a los faldones de posibles aliados. Sermonean a sus propios seguidores, exhortándolos a ser considerados con todos los posibles aliados. '¡Tacto, más tacto, aún más tacto!'

Es tan actual como si se hubiera escrito ayer.

Lo que los trabajadores y jóvenes de mentalidad socialista tendrán que llegar a entender, si quieren avanzar en la construcción de un movimiento revolucionario contra el capitalismo, es la necesidad de derrotar a las fuerzas que abogan por este tipo de política. Se sitúan justo en la encrucijada, ese punto donde los trabajadores y los jóvenes empiezan a abandonar soluciones reformistas al capitalismo y buscan una respuesta revolucionaria, y los hacen dar vueltas en círculos.

Siembran ilusiones en los Corbyn y los Polanski a medida que crecen, subordinan a los trabajadores más radicales y de izquierdas a sus programas extremadamente limitados, ponen excusas para sus traiciones y, cuando todo se viene abajo, cubren la experiencia con un velo y trabajan para impedir que nadie aprenda nada.

Luego se preparan para repetirlo todo . Tribune organiza a finales de julio un acto con Oliver Eagleton, Barnaby Raine, Grace Blakeley y Matt Kennard, todos ellos estuvieron junto a Corbyn en cada paso del camino. Eagleton, literalmente, escribió —o al menos editó— el libro sobre Your Party. Forman parte del nuevo consejo editorial de la revista y debatirán sobre '¿Adónde va ahora la izquierda?'

Bueno, perdónenme, pero ¿qué derecho tienen a responder a esa pregunta? Si contratas a un ingeniero para construir un avión y este se estrella, matando a todos los que van a bordo, no vuelves a recurrir a la misma persona para que construya el siguiente.

Cuando escribimos en nuestro folleto para este acto: 'El mensaje del Partido Socialista por la Igualdad a los trabajadores y estudiantes es que ha llegado el momento de romper con este ciclo de traiciones', y luego, de nuevo: 'El PSI es la oposición revolucionaria a esta política de derrotas repetidas', ¡nunca se ha escrito una frase con más sentimiento!

Somos marxistas: eso significa que no estamos dados a la frustración y que nuestra política no está impulsada por las emociones. Pero también significa que somos partidarios de la clase trabajadora y que no somos indiferentes ante la experiencia de ver cómo esto sucede una y otra vez. Cada átomo de nuestro ser clama por ver cambiar esta situación.

Y quisiera usar esto para hacer un punto aparte, brevemente: hay una actitud realmente perniciosa que se fomenta en sectores de 'la izquierda' y que se puede resumir así: todo lo que ocurre estaba destinado a suceder, o siempre iba a suceder.

Jeremy Corbyn interviene en el Festival de Marxismo 2026 del SWP, con el secretario nacional del SWP, Lewis Nielsen (extremo derecho), observando.

Esto se presenta en una forma pesimista: 101 razones por las que no se puede hacer nada, normalmente culpando a los propios trabajadores. Exactamente eso ocurrió en el reciente evento del Socialist Workers Party, cuyo nombre de 'Marxism' era tan descaradamente engañoso, ¡en el que el pesimismo tuvo incluso una sesión propia! Corbyn fue invitado y se sentó junto a personas a las que había expulsado de Your Party, y fue descrito como un 'reformista de izquierdas con principios', mientras que uno de los principales dirigentes del Socialist Workers Party culpó del colapso de Your Party al conservadurismo de la clase trabajadora.

Quizá aún más peligroso, y en esto es en lo que se especializa el RCP, se presenta bajo la forma de un falso y autocomplaciente optimismo, según el cual cada derrota y traición sufrida por la clase trabajadora no es más que otra experiencia necesaria, otro paso en un camino que, pese a todo, conduce hacia la revolución socialista.

No es cierto. Eso es una caricatura del marxismo. La clase trabajadora sin duda pasará por muchas experiencias y sufrirá más derrotas. Pero no debe haber complacencia en eso. Porque las derrotas exigen un precio amargo, y un precio cada vez más amargo.

Veamos Alemania, donde décadas de colaboración entre los sindicatos y la patronal han permitido ahora a los grandes fabricantes eliminar cientos de miles de puestos de trabajo solo este año. O en Venezuela, donde la traición de los llamados socialistas bolivarianos a los movimientos populares de masas ha convertido al país en una colonia directa de Estados Unidos.

Las derrotas se pagan muy caras, y si no pueden evitarse, hay que aprender de ellas para impedir que vuelvan a producirse. Eso es por lo que lucha un movimiento socialista genuino: extraer de cada experiencia todo lo que la clase trabajadora pueda aprender, para elevar su nivel de cara al próximo enfrentamiento.

Desenmascara implacablemente todas las ilusiones y a todos los dirigentes que desvían a la clase trabajadora, y recluta a personas dispuestas a combatirlos con firmeza cuando vuelvan a aparecer. Porque si no pueden oponerse a Corbyn cuando intenta mantener un equilibrio entre la clase trabajadora y la oligarquía, buena suerte a la hora de luchar contra la propia oligarquía.

Tomen los dos ejemplos que acabo de plantear: estamos tratando con la burguesía alemana y la latinoamericana, una clase dominante con un historial de represión absolutamente brutal, de algunos de los peores crímenes del siglo XX y, de hecho, de los peores crímenes de todo el siglo. A eso es a lo que nos enfrentamos.

Una vez más, fue Trotsky quien mejor puso en evidencia esta actitud de 'el proceso histórico seguirá su curso', lo que él denominó esta 'actitud pasiva, conciliadora y expectante hacia los dirigentes traidores, con el pretexto de que reflejan la etapa actual de desarrollo de la clase trabajadora, de que ‘son lo mejor que hay''.

Describió esto como 'simplemente un intento de eludir las tareas revolucionarias trasladándolas a los hombros del llamado proceso histórico.' Un enfoque que 'surge enteramente de una incapacidad para comprender el papel y la importancia del partido en el movimiento de la clase trabajadora'.

¡Construyamos el Partido Socialista por la Igualdad!

Ya he hablado de ese papel, en términos de construir una oposición revolucionaria a Corbyn y a otros como él, pero quiero aprovechar la parte final de este informe para ampliar esa explicación y plantearla en los términos más concretos y prácticos que pueda.

Porque, como dijo otra gran figura en la historia del movimiento socialista, el trotskista estadounidense James P. Cannon: la cuestión más difícil e importante de toda la política es '¿Qué hacer ahora?'

Escribimos en una carta abierta a los partidarios de Your Party que 'sí, hace falta urgentemente un partido socialista de masas de la clase trabajadora'. Y expusimos nuestros criterios sobre cómo debe ser ese partido:

Tal partido debe ser internacional, uniendo a los trabajadores británicos con sus hermanos y hermanas de clase en todo el mundo; debe basarse en la independencia política de la clase trabajadora frente a la clase capitalista y sus servidores en la burocracia laborista y sindical; y debe fomentar el desarrollo de organizaciones de base en todos los lugares de trabajo y comunidades para movilizar a la clase trabajadora a expropiar la riqueza de la oligarquía, quebrar la resistencia del Estado y colocar el poder económico y político en manos del pueblo trabajador, la abrumadora mayoría de la población.

Campaña del SEP en Whitechapel, Londres, 25 de abril de 2026

Ese es el camino que tenemos por delante: el único camino que conduce fuera de este mundo sumido en una crisis de desigualdad, guerra y reacción de extrema derecha; el único desenlace por el que se puede convencer a los cientos de millones de trabajadores necesarios para que luchen. Y podemos dar pasos por ese camino de innumerables maneras:

  • Participando activamente en su centro de trabajo, no de la manera que le gustaría a la burocracia sindical, que en esencia representa a los empresarios, sino construyendo apoyo para las luchas y huelgas más decididas, creando las redes y los recursos necesarios para hacerlas posibles, poniendo nuevas reivindicaciones y consignas sobre la mesa y luchando por la rendición de cuentas democrática.
  • Siendo activo en su barrio, luchando por una vivienda digna, contra el cierre de servicios, el acoso policial, las redadas de inmigración y la violencia e intimidación antimigrantes.
  • Ayudando a construir y popularizar, frente a los medios capitalistas, a los medios de la clase trabajadora —es decir, el World Socialist Web Site— enviando informes, cartas, fotos, vídeos e invitando a periodistas a cubrir temas que sean ignorados.
  • Y aprovechando cada oportunidad, en protestas, campañas y reuniones, para defender ideas marxistas y políticas socialistas.

Además, y de manera decisiva, en todas estas acciones debemos luchar por fortalecer el partido revolucionario, que es el que da orientación, coordina y desarrolla estas luchas hasta el punto de la toma del poder y de las fortunas de la oligarquía, y la creación de una sociedad socialista basada en la planificación democrática para satisfacer las necesidades humanas.

El programa y la estrategia del partido y las luchas de la clase trabajadora en las que participan sus miembros están entrelazados; ninguno puede avanzar sin el otro.

Tenemos que estudiar las experiencias de la clase trabajadora y las lecciones de la historia para poder ofrecer un liderazgo adecuado.

Igualmente, debemos demostrar nuestro derecho al liderazgo no en el papel, sino en la práctica. Tenemos que demostrar que es posible ganar a la gente para nuestro punto de vista y organizar y movilizar a esas personas para cambiar el equilibrio de fuerzas.

Por estas razones hemos puesto en marcha, este año, una campaña de apoyo al Partido Socialista por la Igualdad. Queremos que la gente se una a nuestro partido y asuma las responsabilidades que ello implica.

Y son responsabilidades importantes; como decimos en nuestra declaración de lanzamiento de la iniciativa: “La liberación de la sociedad del capitalismo es el desafío más difícil jamás planteado por la humanidad, luchado contra los peligros de la guerra, el fascismo y todas las formas de barbarie; No se logrará gracias a las esperanzas y la buena voluntad de aficionados a la política”.

Pero también apreciamos que hay muchas personas que están totalmente de acuerdo con nosotros pero aún no se sienten preparadas para dar ese paso, y no queremos que eso sea un obstáculo para que podamos trabajar juntos—hay mucho por hacer.

Convertirse en simpatizante del SEP significa ser invitado a las campañas locales y a las clases de formación del partido, ayudar a anunciar los actos, ponerse en contacto con un miembro del SEP designado para debatir y colaborar en muchas, muchísimas otras áreas.

Lo vemos, tras décadas en las que la clase trabajadora ha sido privada de una actividad política significativa, como nuestra responsabilidad de crear un entorno en el que este tipo de trabajo sea posible. Por encima de todo, esperamos que cree las condiciones en las que podamos convencer a quienes aún no están convencidos de unirse al partido como miembros.

Por tanto, si este es tu primer contacto con el partido, o si algo te ha frenado hasta ahora, debes afiliarte a él. Si quieres saber más antes de hacerlo, conviértete en simpatizante.

Queremos construir este partido como el corazón político de la clase trabajadora, impregnando cada una de sus luchas con el conocimiento histórico, las experiencias estratégicas y los principios conquistados a través de duras luchas que se han acumulado en el movimiento trotskista internacional.

Si esto se logra, entonces se podrá llevar a cabo una revolución socialista global para evitar las guerras, recesiones, catástrofes sociales y medioambientales que amenazan miles de millones de vidas.

Por eso el título de este acto es 'Es la hora de construir el Partido Socialista por la Igualdad'.

  • Para inscribirte como simpatizante del SEP y unirte a la lucha por el socialismo, visita nuestra página de simpatizantes.

Publicado originalmente en inglés el 10 de agosto de 2026)

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