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Perspectiva

El contexto político e histórico de la campaña militar de EE.UU. contra Rusia

La noche del lunes, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas celebró una reunión de emergencia dedicada a las denuncias por parte de las principales potencias capitalistas a la decisión, más temprano ese día, del presidente ruso Vladímir Putin de reconocer la independencia de dos regiones del este de Ucrania.

El presidente ruso Vladímir Putin, izquierda, encabeza una reunión del Consejo de Seguridad en el Kremlin en Moscú, Rusia, 21 de febrero de 2022 (Sputnik, Kremlin Pool Photo via AP)

También el lunes, el Gobierno ruso reportó que dos vehículos acorazados que transportaban personal ucraniano ingresaron a Rusia y fueron destruidos, matando a cinco soldados ucranianos. Rusia anunció que enviaría fuerzas militares al este de Ucrania, que ha sido el blanco de ataques militares masivos por parte del Gobierno ucraniano.

Estos acontecimientos marcan una importante intensificación en la transformación del conflicto en Ucrania en una guerra de plena escala que involucre a Rusia, EE.UU. y las principales potencias europeas de la Alianza Atlántica militar.

En condiciones de crisis, es necesario no verse arrastrado por la propaganda militarista promovida incansablemente por la prensa. Para ello, los acontecimientos en curso deben ser vistos en su contexto histórico general. El conflicto actual no apareció de la noche a la mañana. Es una culminación de toda una serie de provocaciones y acciones del imperialismo estadounidense y europeo, que han trabajado incansablemente para expandir la OTAN a Europa del este.

Hace seis años, el 18 de febrero de 2016, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional publicó una declaración, “Socialismo y la lucha contra la guerra”, que anticipó el actual peligro de guerra con una precisión impresionante.

Adelante, el WSWS está republicando porciones de esta declaración. El hecho de que este documento pudo prever tan claramente los acontecimientos que están estallando es en sí una refutación poderosa de las afirmaciones del Gobierno de Biden de que sus amenazas de guerra son una respuesta inmediata a una “agresión rusa” y una defensa de la “soberanía e integridad territorial” de Ucrania. La declaración debería ser estudiada cuidadosamente por todos aquellos que quieran entender las fuerzas que impulsan la crisis actual y las acciones necesarias para detener el peligro de una Tercera Guerra Mundial.

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Extractos de “Socialismo y la lucha contra la guerra”, declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, 18 de febrero, 2016

Quince años después de que Estados Unidos lanzó la “guerra contra el terrorismo”, todo el mundo ha sido arrastrado en un torbellino de constante expansión de violencia imperialista. Las invasiones y las intervenciones organizadas por el imperialismo estadounidense han devastado Afganistán, Irak, Libia y Siria. La OTAN está participando en un programa de rearme masivo en preparación para la guerra con Rusia…

El mundo se encuentra al borde de un conflicto global catastrófico. Las declaraciones de los jefes de gobiernos capitalistas se tornan cada vez más belicosas. Las guerras en Ucrania y Siria han acercado a la OTAN y a Rusia a una confrontación de gran escala… Como en los años que precedieron el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 y la Segunda Guerra Mundial en 1939, los dirigentes políticos y los planificadores militares se están acercando a la conclusión de que una guerra entre potencias no es sólo una posibilidad remota, sino, más bien, es altamente probable y, quizás, incluso inevitable…

La campaña de guerra se centra en los esfuerzos de Estados Unidos para mantener su posición como potencia hegemónica mundial. En 1991, la disolución de la Unión Soviética fue vista como una oportunidad para reafirmar la dominación sin rivales de Estados Unidos en todo el mundo. Fue glorificada por los propagandistas imperialistas como el “fin de la historia”, la creación de un “momento unipolar” en el que el poder indiscutible de Estados Unidos dictaría un “nuevo orden mundial” en los intereses de Wall Street. La Unión Soviética había abarcado una extensión vasta del globo, extendiéndose desde los límites del este de Europa hasta el Océano Pacífico. Así, las vastas regiones de Eurasia, ocupadas por una Rusia debilitada y estados recién independientes de Asia Central, estaban otra vez “en juego”, expuestas para la explotación y saqueo corporativos. La restauración estalinista del capitalismo en China, su represión de estado policial contra la resistencia de la clase obrera en 1989 y la apertura de “zonas francas” para la inversión transnacional pusieron a disposición una vasta reserva de mano de obra barata…

La actualización de dichos planes geoestratégicos es evidente en Europa y Asia. Está en marcha una acumulación sistemática de las fuerzas militares estadounidenses y de sus aliados en la región de Indo-Pacífico contra China, mientras que Rusia ha sido confrontada con despliegues de la OTAN en Europa Oriental y con promesas estadounidenses de apoyo militar a los regímenes ultranacionalistas en los estados bálticos y Ucrania. La clase dominante estadounidense ya ha llegado a la conclusión de que los estados nucleares en Beijing y Moscú deben ser puestos de rodillas, mejor temprano que tarde. Los objetivos de Washington son reducir a China y a Rusia a un estatus de estados clientelares y semicoloniales, controlar el “heartland” y dominar el mundo…

Setenta años después de la caída del Tercer Reich de Hitler, la clase dominante alemana de nuevo exige que el estado que la representa tome una posición como el indiscutible soberano de Europa y como una potencia mundial. Frente a los sentimientos antibélicos compartidos profundamente por la población alemana, Berlín está desplegando sus fuerzas militares para hacer valer sus intereses en Oriente Próximo y África. Está vertiendo dinero en rearmarse, mientras las apologías de los crímenes del régimen nazi avanzan por toda la élite política, los medios de comunicación y las universidades con el fin de justificar el resurgimiento de las ambiciones imperialistas alemanas…

El imperialismo británico, por su parte, ve en el derrumbamiento estadounidense una oportunidad para expandir las significativas operaciones globales de los bancos y casas financieras con sede en la City de Londres. Francia se esfuerza por recuperar su dominio sobre sus antiguos dominios coloniales en el norte y oeste de África…

La crisis del sistema capitalista de Estado-nación genera dos perspectivas irreconciliables. El imperialismo logra superar el choque de intereses económicos y geoestratégicos, inherente en el sistema capitalista de estado-nación, a través de la victoria de un poder hegemónico mundial sobre todos sus rivales. Este es el objetivo de los cálculos geoestratégicos imperialistas, y su resultado inevitable es la guerra mundial.

Oponiéndose a la geopolítica de la clase capitalista, la clase obrera internacional es la fuerza social que objetivamente constituye la base en masa para la revolución socialista mundial, que representa acabar con el sistema de Estado-nación en su totalidad y el establecimiento de una economía global basada en la igualdad y en la planificación científica. El imperialismo pretende salvar el orden capitalista a través de la guerra. La clase obrera intenta resolver la crisis mediante la revolución social. La estrategia del partido revolucionario se desarrolla como la negación de la geopolítica imperialista del estado nación. El partido revolucionario, como explicó Trotsky, “no sigue el mapa de la guerra sino el mapa de la lucha de clases”…

El gobierno ruso es el representante de oligarcas que surgieron de la burocracia estalinista después de haber desmontado el estado soviético y abolido las relaciones de propiedad nacionalizada. Su promoción del nacionalismo de la “Gran Rusia” es el resultado extremo del mismo estalinismo, el cual fue un rechazo violento y contrarrevolucionario del programa internacionalista del marxismo…

La economía y política mundial han entrado en una etapa nueva. El período de triunfalismo capitalista que se abrió con la restauración del capitalismo en Europa Oriental y alcanzó su cumbre con la disolución estalinista de la URSS ha llegado a su fin. Se está desmoronando el castillo de naipes especulativo que ha garantizado la riqueza parasitaria de la clase dominante. La caída de las valoraciones del mercado bursátil no sólo ha desinflado el tamaño de sus portafolios de inversiones, también ha quebrado la reputación y la credibilidad de los teóricos y líderes políticos procapitalistas.

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El brote de la pandemia de COVID-19 que comenzó hace dos años ha intensificado las tendencias identificadas por el CICI hace seis años. La pandemia es un “evento desencadenante” que ha acelerado todas las contradicciones fundamentales de la sociedad capitalista contemporánea.

La crisis actual confirma el análisis del CICI hace seis años y las conclusiones de la declaración. “Debemos construir un nuevo movimiento internacional contra la guerra uniendo a la gran masa de personas trabajadoras y jóvenes en contra del capitalismo y el imperialismo”, declaró el CICI. “La misma crisis del capitalismo que produce la locura de la guerra también genera el impulso a la revolución social”.

La declaración resumió las bases políticas esenciales para un movimiento contra la guerra:

• La lucha contra la guerra debe basarse en la clase obrera, la gran fuerza revolucionaria en la sociedad, uniendo tras ella todos los elementos progresistas de la población.

• El nuevo movimiento contra la guerra debe ser anticapitalista y socialista, ya que no puede existir una lucha seria contra la guerra excepto que en la lucha para poner fin a la dictadura del capital financiero y el sistema económico que es la causa fundamental del militarismo y la guerra.

• Por lo tanto, el nuevo movimiento contra la guerra, por necesidad, debe ser inequívocamente y totalmente independiente de y hostil hacia todos los partidos políticos y organizaciones de la clase capitalista.

• El nuevo movimiento contra la guerra, sobre todo, debe ser internacional, movilizando el gran poder de la clase trabajadora en una lucha global unificada contra el imperialismo.

Esta es la tarea política urgente que enfrenta la clase obrera internacional.

El sábado, 26 de febrero, el World Socialist Web Site estará celebrando un seminario en línea internacional, “¡Combatan el COVID y salven vidas! ¡Detengan la marcha hacia la Tercera Guerra Mundial!”. Llamamos a nuestros lectores de todo el mundo a que se registren hoy y hagan planes para asistir a este evento internacional crítico.

(Publicado originalmente en inglés el 22 de febrero de 2022)

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