El ministro de defensa, Israel Katz, emitió el viernes una declaración en la que se comprometía a anexar partes de Gaza si Hamás se niega a liberar a los rehenes restantes bajo su control. Israel continuó su ofensiva total contra el enclave por quinto día consecutivo, con un brutal bloqueo de toda la ayuda humanitaria impuesto a principios de marzo que sigue en vigor.
“Cuanto más persista Hamás en su negativa a liberar a los rehenes, más territorio perderá y será anexado a Israel”, declaró Katz. “Si los rehenes no son liberados, Israel seguirá tomando más y más territorio en la Franja para su control permanente”.
Al referirse al plan del presidente estadounidense Donald Trump de expulsar a la población palestina de Gaza y convertir el enclave en una “riviera de Oriente Medio”, Katz afirmó que Israel intensificaría sus operaciones militares. Israel aplicará “toda la presión militar y civil, incluida la evacuación de la población de Gaza hacia el sur y la implementación del plan de migración voluntaria del presidente Trump para los residentes de Gaza”.
La descripción del plan de Trump para Gaza como “migración voluntaria” de los palestinos lleva el término orwelliano a su extremo. Desde que regresó a la Casa Blanca, el presidente de mentalidad fascista ha dejado en claro en repetidas ocasiones su apoyo a la limpieza étnica y la eliminación de la población palestina del enclave. A finales de enero, Trump instó a Israel a “limpiar” la Franja de Gaza de población árabe.
Durante un acto conjunto con Netanyahu en la Casa Blanca el 4 de febrero, Trump abrazó abiertamente la expulsión de los palestinos declarando que Gaza “no debería pasar por un proceso de reconstrucción y ocupación por parte de las mismas personas que… vivieron ahí una existencia miserable”. Trump instó a “otros países” a “construir diversos dominios que serán ocupados en última instancia por los 1,8 millones de palestinos que viven en Gaza”. Concluyó sugiriendo que Estados Unidos anexaría Gaza.
El viernes, la portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., Tammy Bruce, fue interrogada en repetidas ocasiones sobre la amenaza de Katz de iniciar la anexión de Gaza, pero se negó a responder directamente. Subrayando la aprobación de la administración de Trump a la propuesta de Katz, Bruce respondió diciendo que la situación actual tiene “una sola causa: Hamás”.
Tras utilizar un alto el fuego de seis semanas en Gaza para reagruparse y rearmarse, el régimen israelí de extrema derecha se sintió envalentonado por el abierto apoyo de Trump a la expulsión forzada de los palestinos y a comienzos de marzo impuso un bloqueo total a los alimentos y la ayuda que entra en el enclave. Sam Rose, director de planificación de la agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA), dijo el viernes en Ginebra: “Este es el período más largo desde el inicio del conflicto en octubre de 2023 en el que no ha ingresado ningún suministro a Gaza. El progreso que logramos como sistema de ayuda durante las últimas seis semanas del alto el fuego se está revirtiendo”. La ONU advierte que solo quedan suministros de harina en Gaza para seis días.
Desde que reanudó los ataques aéreos el martes, seguidos de una renovada ofensiva terrestre, el régimen sionista ha dejado claro con sus acciones que pretende implementar la orden de Trump de que Gaza “no debería pasar por un proceso de reconstrucción y ocupación por parte de las mismas personas que… vivieron ahí una existencia miserable”. El viernes, el ejército israelí destruyó el Hospital de la Amistad Turco-Palestina, la única instalación sanitaria en el enclave que podía proporcionar tratamiento contra el cáncer. Antes de que comenzara la ofensiva genocida de Israel en octubre de 2023, el hospital, construido en 2017 con ayuda de Turquía por valor de 37 millones de dólares, brindaba tratamiento a unos 10.000 pacientes. El ataque del ejército israelí que destruyó el complejo también arrasó una escuela de medicina cercana. En otro bombardeo, el ejército israelí atacó la facultad de medicina de la Universidad Islámica en Ciudad de Gaza.
El jueves, Human Rights Watch publicó un informe acusando a Israel de crímenes de guerra durante la ocupación de hospitales en Gaza a lo largo de los últimos 18 meses. La organización de ayuda señaló que los soldados israelíes fueron responsables de la “muerte y el sufrimiento innecesario de pacientes palestinos” mientras ocupaban los centros médicos. “La negativa del ejército israelí a proporcionar agua y electricidad dejó a enfermos y heridos morir, mientras los soldados maltrataron y desplazaron por la fuerza a pacientes y trabajadores sanitarios, además de dañar y destruir hospitales”, afirmaba el informe.
En una publicación en X el viernes, la Organización Mundial de la Salud señaló que 500.000 mujeres en Gaza carecen de acceso a servicios esenciales de salud reproductiva y materna, mientras que desde comienzos de 2025 se han reportado más de 500 casos de desnutrición aguda en niños de entre seis meses y cinco años.
Las discusiones sobre dónde podrían ser expulsados los palestinos están claramente avanzadas en secreto. Egipto se vio obligado a emitir una enérgica negación el viernes después de que un diario libanés informara que el dictador de El Cairo, Abdel Fattah El-Sisi, propuso en reuniones con líderes árabes en Arabia Saudita y Catar aceptar a medio millón de palestinos en el norte del Sinaí. La semana pasada se reveló que Estados Unidos e Israel han iniciado conversaciones con Sudán y Somalia para investigar la posibilidad de deportar palestinos a estos países empobrecidos y asolados por la guerra en África oriental. Esta propuesta recuerda al Plan Madagascar de los nazis, que buscaba deportar a los judíos a la entonces colonia francesa. El plan nunca se concretó porque los nazis optaron en su lugar por el exterminio físico de 6 millones de judíos europeos.
Israel ya ha masacrado al menos a 70.000 palestinos desde que comenzó el genocidio en octubre de 2023, y se estima que muchos más han muerto. El régimen de extrema derecha de Netanyahu cree que puede salirse con la suya en la matanza y anexión porque goza del apoyo incondicional de las potencias imperialistas, sobre todo de Estados Unidos. Tanto bajo el demócrata Biden como bajo el fascista republicano Trump, Washington ha considerado el genocidio contra los palestinos como un elemento clave de una guerra regional más amplia para asegurar la hegemonía estadounidense en Oriente Medio mediante un cambio de régimen en Irán y el debilitamiento de sus aliados regionales. En este contexto, no es mera coincidencia que la reanudación de la ofensiva militar israelí sobre Gaza coincida con una serie de ataques devastadores de Estados Unidos sobre Yemen desde el domingo, donde Trump ha prometido “aniquilar” a los combatientes hutíes.
Por su parte, el régimen sionista bajo el liderazgo de Netanyahu está llevando a cabo una política de “Gran Israel” que busca redibujar las fronteras de la región con el beneplácito del imperialismo estadounidense. Las fuerzas israelíes continúan lanzando amplias operaciones militares en Cisjordania para intimidar y expulsar a los palestinos de sus tierras.
La fuerza aérea de Israel lanzó el viernes lo que se describió como 'amplios' ataques aéreos contra objetivos militares en Siria, incluidos el aeropuerto militar de Palmira y la cercana base militar T-4. El ejército israelí afirmó que los ataques eran necesarios para eliminar 'capacidades estratégicas militares'. Desde el derrocamiento del régimen de Assad por combatientes islamistas respaldados por Estados Unidos y vinculados a Al Qaeda en diciembre, Israel ha lanzado cientos de ataques aéreos para desmantelar la infraestructura militar de Siria y ha ordenado a las tropas que avancen hacia territorio sirio desde sus posiciones en los Altos del Golán ocupados.
La estrecha interconexión entre el genocidio de Gaza y la guerra más amplia del imperialismo estadounidense para controlar Oriente Medio, rico en energía, subraya que todos los que en todo el mundo se oponen a la barbarie de Israel deben vincular su lucha para poner fin al genocidio con la lucha contra la guerra imperialista. La única fuerza social capaz de dirigir este movimiento es la clase obrera internacional, que está soportando toda la carga del militarismo y la guerra a través de los ataques a los puestos de trabajo y a su nivel de vida, y el recorte de sus derechos democráticos y sociales.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 22 de marzo de 2025)